Revista Cultura y Ocio

Texto de la presentación de "Caminos de la filosofía", libro de Alejandro Llano

Publicado el 18 diciembre 2011 por Noblejas

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No se trata de recomendar este libro como regalo navideño, para que filósofos despistados o amigos despistados de filósofos caigan en cuenta del regalo que supone el reciente libro de Alejandro Llano.

Se trata sin más de ofrecer aquí el texto de la presentación de "Caminos de la filosofía", fruto del diálogo de Alejandro con tres de sus discípulos, acerca de los caminos de "su" apasionante y apasionada vida filosófica: Lourdes Flamarique (Universidad de Navarra), Marcela García (Ludwig-Maximilians-Universität München) y José María Torralba (The University of Chicago):

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Algunas cosas podría decir de este magnífico texto, que he tenido la fortuna de haber leído. E incluso de la búsqueda de la imagen de portada, el diseño de Eduardo Chillida para su proyecto de grandiosa escultura excavada en Tindaya, caverna luminosa capaz de provocar todo tipo de resonancias.

Mejor es -sin duda- asomarse al texto de presentación, escrito por sus tres interlocutores:

“La filosofía hay que susurrarla”. Alejandro Llano cuenta que estas palabras, escuchadas en su primera clase en la Universidad de Madrid, le decidieron definitivamente por la filosofía. La anécdota es significativa tanto más ahora que entonces, porque lo susurrado requiere sobre todo atención, una atención que sólo nace del silencio interior y exterior. Han pasado casi cincuenta años desde ese momento, y ¡qué años! Si lo acontecido en este medio siglo era imprevisible para cualquier contemporáneo, más aún para un español. Por eso, cabe preguntarse si alguien que, como Alejandro Llano, se ha dedicado a la filosofía con generosidad y pasión puede haber permanecido en esa escucha y en ese silencio, es decir, sin traicionar la disciplina ni traicionarse.

El tono susurrante de la filosofía en absoluto sugiere que el filósofo deba aislarse, ni enrocarse en posiciones seguras, erigiéndose en una especie de conciencia esotérica, que le lleve fuera de la ciudad para perderse en algún desierto, ya sea éste el de la barbarie o el de los cementerios de ideas. En cierto modo, el filósofo vive más bien en un exilio interior, pero siempre dentro de la ciudad, entre los hombres, compartiendo sus penas y sus logros. Aunque a menudo muestre los signos de algo que parece cansancio, en realidad es el peso de haber visto más. Aristóteles describe al filósofo como alguien más bien melancólico. Tal vez sea así, pero desde luego ése no es el pathos propio del maestro. En Alejandro Llano, la inevitable melancolía del pensador se atempera por su dedicación constante a la enseñanza y formación universitaria, transformándose en una fecundidad intelectual capaz de ganar a otros para la causa del saber. ¿Cómo, si no, puede afirmar que “empeñarse en educar es la más clara manifestación de esperanza, que, vista así, constituye la antítesis del optimismo convencional”, al mismo tiempo que denuncia sin ambages el estado actual de la universidad?

El libro que ahora presentamos recoge las conversaciones mantenidas con Alejandro Llano en Pamplona, a lo largo de una semana a mediados de junio de 2010. Tras varios meses de trabajo previo por separado, releyendo sus libros y seleccionando temas de interés, redactamos las preguntas entre los tres y, por eso, para todas las sesiones, decidimos seguir el orden del listado, con independencia de quién hubiera propuesto o formulado inicialmente cada pregunta. Lógicamente, al hilo de la conversación, surgieron también nuevas cuestiones, comentarios y diálogos entre los cuatro, tal como se aprecia en el texto. Por eso, más que de una entrevista, se trata de unas conversaciones. Madalena D’Oliveira-Martins transcribió las cerca de veinte horas de grabación con gran competencia e implicación personal en este proyecto, y se lo agradecemos sinceramente.

Este libro se puede catalogar de muy diversas maneras. Lo preparamos con la intención de ofrecer una autobiografía intelectual, pero también tiene el carácter propio de unas confesiones. Hemos repasado con Alejandro Llano los asuntos que le han ocupado en estos años, no simplemente para volver sobre lo ya sabido, sino para pensar con él sobre esos temas –desde los motivos de entonces y los problemas actuales– y preguntarle por cuestiones que habían quedado abiertas. Además, puesto que al confesar lo que somos, lo que pensamos, al igual que al contar un sueño, nos interpretamos, también hemos querido, modestamente, ayudarle a que se interprete a sí mismo, y a que lo haga a través de lo que ha sido su principal impulso vital: la filosofía, la universidad, el devenir de la cultura y, sustentando todo ello, la fe cristiana.

El examen de las tesis que Alejandro Llano ha defendido, de sus posiciones filosóficas más acendradas, es inseparable de su propio itinerario vital. Un itinerario que tiene como jalones sus publicaciones, pero que se ha desarrollado sobre todo en su magisterio, ejercido a través de las clases, dirección de tesis doctorales y conferencias en la Universidad de Navarra, principalmente, y en universidades de España, Europa y América a lo largo de más de cuatro décadas. En estas conversaciones hemos tratado de preservar ese doble movimiento, el de la vida y el pensamiento, de manera que comparecieran sin artificio las inquietudes intelectuales y las existenciales. Por ello, sucede que al hilo de las cuestiones más técnicas han aparecido también las más vivenciales: amistades, anécdotas, ilusiones y decepciones.

El libro, como ha quedado patente, pretende trazar el arco de una vida que en su dimensión académica ha comenzado la última etapa. Decir que ha sido fecunda es una obviedad a la vista de la selección de publicaciones que incluimos en las páginas finales. Pero hay otra forma de fecundidad menos visible: la huella que ha dejado en nuestras personas, en nuestro modo de entender y vivir la profesión. Quienes han estudiado y trabajado junto a Alejandro Llano saben que tiene un estilo propio o, mejor aún, que encarna de modo propio la condición de filósofo y profesor universitario. Siempre en la brecha, con genuina libertad para buscar la verdad allí donde esté, abierto a los más diversos planteamientos intelectuales, con valentía para no ser politically correct, dispuesto a ofrecer consejo sea quien sea el que lo pide... Para él, enseñar se ha convertido realmente en “amar con otros el saber recién estrenado”. ¡Cuántas horas ha dedicado Alejandro Llano a conversar con alumnos, colegas y estudiosos de cualquier rama del saber!

Los tres entrevistadores, Lourdes Flamarique (Universidad de Navarra), Marcela García (Ludwig-Maximilians-Universität München) y José María Torralba (The University of Chicago) tenemos en común haber sido alumnos, doctorandos y –así nos consideramos– discípulos de Alejandro Llano. Al igual que muchos otros profesores universitarios, nuestros itinerarios filosóficos transitan por las sendas que él, generosamente, ha abierto, yendo por delante y desbrozando el camino. Sirva este libro como testimonio de lo que todos debemos a Alejandro Llano.


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