Revista Cultura y Ocio

Thaïs. Acto II. El intercambio de veneno.

Publicado el 23 marzo 2012 por Maac @Elblogdemaac
Thaïs. Acto II. El intercambio de veneno. "Demain, je ne serais pour toi plus rien q'un nom", mañana no seré para ti nada más que un nombre, "laissons s'épanouir les heures bien hereuses, et ne demandons rien, plus rien à cette nuit qu'un peu de folle ivresse et de divin oubli!", dejemos que pasen las horas felizmente, y no pidamos nada más a esta noche, que un poco de abandono y divino olvido, con estas palabras, pronunciadas por Thaïs en el dúo con Nicias durante el primer acto, tenemos parte de la filosofía de nuestra Thaïs, al menos en apariencia.
PERDIDA EN MI HABITACIÓN SIN SABER QUÉ HACER SE ME PASA EL TIEMPO. Pero hoy toca hablar del segundo acto que se desarrolla en casa de Thais, vemos en primer plano una figura de Venus sobre un pedestal y un sahumerio, aparece Thaïs acompañada de actores disfrazados como en la tragedia griega y diversos comediantes, con un gesto les indica que se alejen y llega "Ah! Je suis seule... Dis-mois que je suis belle", el aria más conocida de la ópera precedida de un recitativo que debe decirse con lasitud y amargura y en el que muestra el vacío de su alma, dos cosas (que no dejan de ser la misma) le preocupan: el paso del tiempo y el anhelo de la belleza eterna, realiza una especie de invocación, "Vénus, Réponds-moi! Reponds-moi!", Venus, ¡Repóndeme! Pero parece que la respuesta no llega. Ya tenemos sembrada la duda.  No me parece lo más brillante de la ópera pero ahí está:
DUELO DE TITANES. EMPATE A UNO: Mientras Thaïs terminaba su discurso Athanael ha entrado silenciosamente en la estancia y se ha quedado parado, como sabe a lo que se enfrenta solicita protección a Dios es una especie de oración y se lanza al ruedo, le dice Athanael que está enamorado de ella pero no de la forma en que ella lo podría entender, sino espiritualmente (ya se pone de manifiesto la empanada mental del monje, está absolutamente confundido) y entonces comienza el enfrentamiento entre sus dispares concepciones del amor y Athanael, quizás por suerte, pronuncia las palabras claves, las que más podrían afectar a la joven, lo que ella anhela, le ofrece la "vie éternelle!", la vida eterna, Thaïs reacciona inmediatamente, "Eh bien! Fais-mois connaître tout cet amour mystérieux...", hazme conocer este misterioso amor, "je suis à toi...", me entrego a ti.  Es el momento en el que ambos intercambian su veneno (Athanael con su idea de la vida eterna, Thaïs con sus fragancias embriagadoras, para eso hay un sahumerio en la sala), Athanael ha entrado en un estado febril y se siente impotente ante la belleza de Thais, nueva invocación divina solicitando ayuda. Este momento de la ópera me gusta mucho porque ambos protagonistas tan pronto parece que se entregan tan pronto parece que se resisten, es un proceso de inversión con altibajos. Y musicalmente en este momento, en el que Athanael en un gesto de violencia saca el cilio que había escondido bajo sus ropas, Massenet despliega uno de sus mejores recursos expresivos: "Je n'ai pas plus choisi mon sort que ma nature! Et ce n'est pas ma faute à moi si je suis belle. Pitié! Ne me fais pas mourir! Ah je crains tant la mort! Ne me fais pas mourir! Pitié! Ne me fais pas de mal... pitié! pitié! Non! Ne me fais pas mourir!", ¡No he elegido ni mi suerte ni mi naturaleza! No es culpa mía ser bella, ¡Piedad! ¡No me mates! ¡Ay, temo tanto la muerte! ¡No me mates! ¡Piedad! ¡No me hagas daño! ¡Piedad! ¡Piedad!. Es un momento antológico:

El asunto, con las risas de Thaïs, mezcla de alegría y de llanto, termina en tablas. Y llega la conocida Méditatión que escuchábamos el otro dia.
LA CONVERSIÓN. El segundo cuadro del segundo acto tiene lugar poco antes de amanecer ante la casa de Thaïs, bajo un pórtico cotemplamos, sobre un pedestal,  una pequeña estatua de Eros y delante de ella una lámpara encendida, Athanael está tendido en el suelo y a la derecha vemos la casa de Nicias que está reunido con sus amigos, desde allí llega música de fiesta. Aparece Thais, con la ayuda de la lámpara vislumbra la figura de Athanael y se dirige hacia él. Thaïs ha cambiado de forma radical, Dios le ha hablado, ha orado, ha llorado, ha visto la luz, ha buscado a Athanael a quien tiene delante de ella y a quien pide ayuda, qué es lo que debe hacer, "nada niña, dice Athanael, yo te conduciré a un monasterio de mujeres que viven como ángeles en recogimiento perfecto, pobres, modestas y castas, además tendrás que quemar y destruir todas tus posesiones". ¡Vaya inutilidad! ¿No sería mejor repartirlas entre los necesitados? Thaïs está encantada, sólo solicita salvar la pequeña imagen de Eros, él no tiene la culpa del pecado sino que lo padece. Bueno..., qué has dicho. Athanael monta en cólera: "Esa estatua que te ha regalado Nicias está envenenada, también hay destruirla". Thais consiente pero con la cabeza baja, temblando (seguro que en ese momento ha recordado el cilicio del monje), y ambos entran en casa de Thaïs. A estos dos habria que enseñarles que hay otras opciones, como por ejemplo elegir el camino de en medio.
POR UN LADO LA FIESTA CONTINÚA, POR EL OTRO: LA "CREMÁ" Y LA HUIDA. Tras la marcha de Thaïs y Athanael aparece Nicias y su séquito de personajes lascivos, han salido de la casa del joven alejandrino en tumulto y alegremente puesto que hasta la aurora aún les queda tiempo de marcha., "rien, n'est vrai que la vie! Rien,n'est sage que la follie", nada hay más verdadero que la vida, nada más verdadero que la locura. Es el momento del ballet.y del canto de la "Charmeuse", que no pronuncia palabra alguna, sólo vocaliza. En medio de tanto jolgorio aparece Athanael con una antorcha en la mano, al ser preguntado sobre si ha sido por fin vencido por Thaïs el monje deja a todos pasmados y fuera de juego, - "la Thaïs 'infernale' a muerto para siempre y aquí tenéis a una nueva Thaïs", la joven aparece despeinada y vestida con una modesta túnica de lana, de su casa comienzan a manifestarse signos de un incendio, a la joven la siguen sus sirvientes apenados cotemplando el fuego de la casa como si no dieran crédito, Nicias y compañía se oponen a que Thaïs sea conducida al desierto e insultan a Athanael, incluso le tiran una piedra que da en su frente, pero ellos están preparados para morir si ha llegado su hora. Nicias entonces entra en casa y arroja oro para alejar al gentío de la pareja de iluminados que así pueden escapar mientras el palacio de Thaïs  es consumido totalmente por las llamas.

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