
“The Drama” (estrenada en España con su título original) me ha sorprendido, lo que ya es mucho más de lo que me suele suceder con la inmensa mayoría de las películas que veo. Incluso en buena parte de su metraje, tal sorpresa me resultó agradable. Hasta en sus momentos menos atrayentes, me convenció el tono general de descaro y originalidad. Desde luego constituye una propuesta diferente, todo un logro en estos tiempos de evidente reiteración, y su trama demuestra un atrevimiento que el director aprovecha para adentrarse en zonas incómodas y proponer alternativas interesantes.
Se trata del realizador y guionista noruego Kristoffer Borgli, de quien carecía de referencias hasta la fecha, pero que, sin duda, ha arriesgado con este trabajo al redefinir el modelo clásico de comedia romántica para darle la vuelta completamente.
El largometraje se construye sobre la base de un par de figuras emergentes, muy exitosas entre el público juvenil, pero, a la par, se percibe un empeño de provocación valiéndose de una pizca de inteligencia y un gran cinismo, lo que termina por descolocar al espectador.
He de confesar que no se insertará en mi listado de cintas preferidas, ni tampoco la revisaré una y otra vez, como hago con las obras maestras o las que, sencillamente, me tocan el corazón. Pero, aun así, valoro sus méritos y la labor de sus intérpretes.
A pocos días de su boda, una joven pareja debe enfrentarse a una crisis inesperada, cuando algunos secretos ocultos salen a la luz. Lo que parecía un amor inquebrantable se tambalea, al descubrir que no se conocen tanto como creían. Mientras lidian con dudas, miedos y revelaciones que amenazan con separarlos, tendrán que decidir si su amor alberga la fuerza suficiente como para resistir a la verdad o si su historia sentimental acabará antes de iniciarse. A caballo entre la incertidumbre y la esperanza, cada elección personal podría cambiarlo todo.
A cargo de la productora “A24” y con un presupuesto de unos veintiocho millones de dólares, lleva recaudados más de ciento veinte a nivel mundial. Todavía mantiene el cartel de “productora independiente” y, a decir verdad, se expone y se compromete con un tipo de cine que, sea o no comercial, marca diferencias. “Midsommar”, de Ari Aster; “Enemy”, de Denis Villeneuve; “The Witch”, de Robert Eggers; “The Florida Project”, de Sean Baker; “Minari”, de Lee Isaac Chung; “Moonlight”, de Barry Jenkins; “El año más violento”, de J.C. Chandor; “Ex Machina”, de Alex Garland; “Past Lives”, de Celine Song o “Lady Bird”, de Greta Gerwig ejemplifican las apuestas de “A24” y, con independencia de que otros de sus proyectos me horroricen, se trata de una compañía a la que agradezco su tendencia de ir a contracorriente. El grueso del film reposa sobre los hombros de sus dos protagonistas: Zendaya y Robert Pattinson. Ella, ya una estrella antes de verla yo por vez primera en “El gran Showman”, me llamó realmente la atención en “Malcolm & Marie”. Ha encarnado a la novia de Spiderman e intervenido en la saga “Dune”, de Denis Villeneuve. Habiendo triunfado asimismo en la serie televisiva “Euphoria”, la considero una actriz notable que, de conducir su carrera profesional con acierto, llegará lejos.
Él, por su parte, debutó con “Harry Potter”, aunque obtuvo su mayor éxito gracias a la saga “Crepúsculo”. Ha participado en “La ciudad perdida de Z”, de James Gray; “Tenet”, de Christopher Nolan y “The Batman”, de Matt Reeves. Pese a contar con menor desparpajo y soltura que su compañera de reparto, resiste a su empuje. Les acompañan en papeles secundarios Alana Haim (“Licorice Pizza” y “Una batalla tras otra”, ambas de Paul Thomas Anderson) y Mamoudou Athie (“Jurassic World: Dominion”).
