Me lo pregunto -como se lo pregunta mucha gente que me lee y comparte con nosotros en redes sociales- ¿Por qué el tiempo de calidad sólo aplica para los hijos?
Me lo pregunto por lo siguiente:
¿Qué sucedería si nuestro jefe entendiera el concepto "tiempo de calidad", como pretendemos que lo entiendan nuestros peques?
Pues ¡muy sencillo! No necesitaríamos conciliar la vida laboral con la familiar y la doméstica. Todo sería TAN simple -y agradable- como decirle: "en lugar de trabajar ocho horas en la oficina, con todas las distracciones, transporte, vestirme antes, gastos extra, etc. pues trabajo dos horas de noche, desde casa en el ordenador, en absoluto silencio, haciendo todo lo que hago en ocho horas en la oficina".
¿Colaría?
Pues no...
¿Y por qué no?
Ese no es el punto... El punto es ¿por qué nos convencemos de que el tiempo puede ser de calidad o no, por qué buscamos cuantificarlo o calificarlo cuando se trata de crianza?
El hecho es que nuestros hijos nos necesitan, necesitan contacto, calor, cariño, presencia, mirada, mimos, cuerpo.
Y vuelve la sombra-culpa: Cada vez que tocamos temas sensibles, como el de la escolarización (excesivamente) temprana, en lugar de ver que estamos reclamando mejores derechos sociales, más importancia y facilidades para criar BIEN, en condiciones, bajas de maternidad más largas -y no por capricho, sino porque la crianza es la base de un mejor mañana para la sociedad como un todo- pues muchas personas se sienten aludidas y atacadas, juzgadas en sus decisiones.
Esto es lo que pienso al respecto:
Uno tiene valores fundamentales -por lo general inamovibles- y valores flexibles. Hay cosas que no estoy dispuesta a cambiar o sacrificar en mi vida, y otras que sí.
Los adultos de una familia, por lo general evaluamos estas cosas -o a veces simplemente nos dejamos llevar por lo que hace el grueso de la sociedad- y en base a ello, a nuestros valores fundamentales, tomamos nuestras decisiones.
Para mí, el pasar tiempo con mi hijo es un valor fundamental, por lo que lo hago suceder y sacrifico otras cosas que para mí son flexibles.
Carlos González habla muy bien de ello en sus libros, entrevistas y charlas. Comenta que cuando era pequeño sólo trabajaba uno de los padres, pero tenían un carro, no viajaban, no tomaban casi vacaciones y el otro compartía con los niños -generalmente la madre. Hoy en día trabajan los dos, el niño en la guardería, y a veces tenemos cosas de las cuales podríamos prescindir, como un segundo auto.
Y no: esto no es un ataque contra nadie, sólo es una invitación a la reflexión, a la introspección.
- ¿Por qué me quejo? ¿Por qué me duele o incomoda el tema?
- ¿Ha sido decisión o elección mía?
- ¿Cuáles son mis valores fundamentales? ¿Los verdaderamente inamovibles?
- ¿Los he movido?
- ¿Puedo volverlos a colocar en su sitio?
- ¿Hay valores flexibles que podría poner en su lugar -en un segundo plano- para dar lugar a los fundamentales?
Y ahí vendrá la paz. Y nos dará igual, dejaremos de mirar si el tiempo es "de calidad" o no.
Simplemente habrá tiempo, y congruencia y bienestar, porque estoy alineada con mi verdadero deseo, con mis principios, con mi yo, con mi misión, con mis creencias.
AmorMaternal.com Si quieres formar parte de nuestra comunidad de mamás, únete a nuestra página de Facebook, o síguenos por Twitter