Revista Opinión

Tiempo de esperanza en Euskadi

Publicado el 11 enero 2011 por Javiermadrazo

El anuncio de alto el fuego permanente y verificable, hecho público ayer por ETA, ha sido recibido con indiferencia, cuando no con manifiesta  incredulidad e incluso ciertas dosis de hostilidad, por parte del PSOE y el Partido Popular.  El Gobierno Zapatero, a través de su vicepresidente y ministro de Interior, ha declarado que ésta no es la noticia que el Ejecutivo esperaba y ha precisado, por si quedaba alguna duda, que el comunicado de ETA no altera la situación jurídica de Batasuna; es decir, la izquierda abertzale continuará, de momento,  ilegalizada.  El Gobierno de Patxi López, por su parte, se ha limitado a reiterar la vieja cantinela de anuncio insuficiente,  mientras Antonio Basagoiti se ha centrado en denunciar, una vez más, las paranoias de ETA.

Entiendo que hay razones sobradas para la cautela y considero lógico albergar reservas sobre las motivaciones y las intenciones reales de ETA.  Sin embargo,  dicho esto, debo añadir que no puedo compartir el discurso del PSOE y el PP porque creo que detrás de toda su cerrazón se esconde un miedo enfermizo al diálogo político y democrático sobre el futuro de Euskadi. Hasta la fecha nos han vendido la moto de que hay objetivos políticos que deben quedar aparcados porque coinciden con la estrategia de ETA o bien la alimentan, y ahora quienes han defendido estas tesis sienten un vértigo lógico ante la posibilidad de quedarse sin coartada.

No sé lo que ocurrirá en el corto y en el medio plazo, y ni siquiera descarto la existencia de disensiones y divisiones en ETA, pero creo que por primera vez en su historia el brazo político ha ganado la batalla al brazo militar y éste más por obligación que por convicción ha tenido que reconocer su derrota. La izquierda aberztale ha impuesto a ETA su apuesta por las vías políticas y democráticas y en este cambio está el origen de todo este proceso. Por ello, creo que es preciso facilitar a Batasuna su regreso a las instituciones para que puede hacer política donde debe hacerse y no en las barricadas, ni en la clandestinidad.  

Lamentablemente, no es ésta la voluntad actual ni del PSOE, ni del PP.  Hablamos de dos fuerzas políticas aparentemente enfrentadas, pero que comparten una misma política económica, impuesta por el mercado, y un mismo interés partidista y electoral en negar a la izquierda abertzale su participación en los comicios municipales y forales de 2011 para perpetuar así unas cuotas de poder, logradas en base a una coyuntura de excepcionalidad y exclusión.  Confío en que el tiempo les haga reflexionar y asuman que la consecución de la paz obliga a asumir riesgos y a actuar desde la flexibilidad y la generosidad, sustituyendo la confrontación por el diálogo y la división por el consenso. Se abre un tiempo de esperanza en Euskadi. Que nadie, ni nadie lo frustre.

 


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