Revista Filosofía
Ayer noche conocí la versión segunda del anteproyecto educativo que propone el ministro Wert. ¿Se llevará a término este plan que no cuenta con la historia de la filosofía como materia troncal de 2º de Bachillerato?, ¿se llegará a realizar un proyecto educativo que prescinda de la historia de las ideas y de las concepciones del mundo y del ser humano?, ¿y podrán continuar las facultades de filosofía si los alumnos se ven privados de la posibilidad de acercarse a ella?, ¿y podrá sobrevivir la filosofía sin instituciones y escuelas que encaucen su estudio?, ¿y podrá el hombre desarrollar su humanidad sin filosofía?, ¿pero acaso esto importa a los que deciden sobre estas cuestiones?, ¿acaso no es más fácil controlar a sociedades encadenadas a un tiempo sin historia que a sociedades abiertas a nuevas metas?, ¿y no será que el fin de la filosofía sea necesario, una consecuencia irreversible del desarrollo del sistema liberal democrático y capitalista?... Estás preguntas me las hacía mientras iba a mi lugar de trabajo, temiendo la posibilidad de que fuera hoy el último día en que pudiera explicar a mis alumnos la concepción agustiniana del hombre.
