Revista Coaching

¿Tiene un costo emocional, el esfuerzo?

Por Gabrielschwartz

Hace unasemana entreviste a un muchacho llamado Roberto, que estaba aplicando a unpuesto de empleado de depósito. Me llamo la atención la manera en que vestía (ademásde unas zapatillas caras, traía una campera de cuero de muy buena calidad). Me contoque había  nacido en una localidad de la Pcia. de Buenos Aires y que habíavenido a la Capital para jugar al futbol. Poco a poco me fui enterando como habíasido descubierto por River y el cambio de vida que implico trasladarse, a los13 años, a la gran ciudad para entrenarse todos los días y, al mismo tiempo,continuar con su escolaridad. Los entrenadores vieron en él un gran potencial ynotaba como sus compañeros iban quedando atrás y volvían a sus hogares mientrasle exigían más entrenamiento pero acompañados de verdaderos logros deportivos.Roberto comenzó a entrenar con el seleccionado Sub 20, llego jugar un mundial yobtuvo contratos en Suiza y en Ecuador. Cuando empezó a recibir una paga considerableayudaba a sus padres económicamente, se sentía grande y - aunque era realmentesacrificado - no podía dejar ese lugar admirado por sus amigos y valorado -necesitado -  por su familia. Tan grande se sentía que, a los 15 años, sefue a vivir con su novia, también de 15. "Si estábamos todo el día juntosy yo podía bancar los gastos, porque no íbamos a vivir juntos", me diceRoberto, casi asombrado de la vida que vivió. Así fue como estando en Suiza, leofrecieron ir a jugar a Indonesia. 
Sin embargo, en una de sus estadías enBuenos Aires, empezó a sentirse agotado. Ya no podía soportar la idea dealejarse de nuevo de sus amigos, vivir entrenando y cuidándose y someterse alos gritos y exigencias de los entrenadores que se encargaban de hacerle saberque había unos cuantos esperando que aflojase, para tomar su puesto. Roberto decidiódejar el futbol a los 23 años. Después de pasar tres meses de verano sin hacernada más que pasarla bien, ingreso a trabajar como repositor en unsupermercado. "La verdad es que la pasaba genial. Pocos saben lo que essacrificarse de verdad. Los días de calor, me caían algunas gotitas de transpiracióny era divertido, ni comparar lo que me hacían transpirar cuandoentrenaba". Su contacto con el futbol sigue ya que juega en el club de laciudad en la que nació. Y está luchando porque asciendan de división. "Loque más me gusta es que los chicos se acerquen y me pidan consejo", mecuenta. "Ahora quiero seguir trabajando y estudiar algo sencillo. Todavíano sé lo que quiero hacer."
Habitualmenteinterrogo y me interrogo respecto del equilibrio entre el costo emocional y elesfuerzo por el logro. Esta especie de bola de nieve imparable y retroalimentante que hace que las personas terminen frustradas o enfermas a pesar desus aparentes grandes logros. 
Roberto contocon los recursos internos suficientes para percibir su punto límite, pero cual seráel de cada uno.
Hace tiempo,también, me entere de un caso-ejemplo muy conocido: saben Uds. que Rafael Nadal es diestro y que empezó jugando conlas dos  manos porque apenas tenía fuerza y su tío decidió que jugase conla izquierda? Muchos dirán: "que ejemplo de esfuerzo y mira hasta donde hallegado". Ya veremos a donde ha llegado... espero que hayavalido la pena!


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