Hoy, en el aniversario la muerte de Stefano Benni el 9 de septiembre de 2025, os traigo una pequeña reseña de su novela ¡Tierra!. Yo la leí, por primera vez, a principios de siglo en la edición de Anagrama. Pero este verano la he releído y, aunque me ha gustado menos que hace casi un lustro, he encontrado una referencia de interés para la serie Bici Sci-fi. A pesar de que la referencia es un tanto anecdótica es lo suficientemente divertida para estar aquí. No obstante, no hace al caso ni siquiera intentar aplicar The Bicycle Rule a ¡Tierra!. No lo resistiría.
Benni (Bolonia, 1947) fue muy popular en Italia como escritor comprometido, guionista y periodista que escribió en el diario comunista Il manifesto y otros medios satíricos. Como guionista de televisión, trabajó con Beppe Grillo (el cofundador del Movimiento Cinco Estrellas) al comienzo de su carrera: suyo fue el famoso chiste sobre el teorema «Pietro Longo=P2» por el cual L’Umanità, el órgano del PSDI, solicitó sin éxito a la comisión supervisora parlamentaria de RAI que apartara a Grillo de la televisión estatal.
¡Tierra! es una de sus novelas más aclamadas, junto con Margarita Dolcevita, Baol, La compañía de los celestinos y Cómicos guerreros despavoridos.
En la novela, como es característico en su obra, Benni construye una anticipación prospectiva satírica con una narración fragmentaria en la que la acción avanza al tiempo que conocemos la historia de un planeta Tierra devastado tras seis guerras mundiales. El texto está preñado de divertidos juegos de palabras, muestras de las neo-lenguas terráqueas y espaciales y referencias a diversas tradiciones culturales que enriquecen el texto.
Sinópsis de ¡Tierra! sin spoilers
En el año 2157, la superficie terrestre está congelada y llena de radiación. A pesar de ello, la sociedad nada en un paroxismo de corrupción política, consumismo y ultraviolencia y tecnovicios. Cuando los científicos descubren un planeta remoto en el cosmos con las mismas características que la Tierra original empieza la carrera espacial entre naves de las tres superpotencias (la geopolítica multipolar de la novela es muy chusca y leída en 2026 casi parece premonitoria), mientras en la Tierra, un anciano sabio chino llamado Fang y un niño prodigio llamado Frank Einstein compiten por resolver el misterio inca del «Corazón de la Tierra», clave para el viaje espacial.
La obra mezcla ciencia ficción, sátira política, locas aventuras y un humor caótico lleno de personajes extravagantes como una bruja espacial, aviesos astronautas, ordenadores estresados, chamanes, adivinos, políticos corruptos y megacorporaciones criminales. La vibrante acción no da tregua aunque en la segunda lectura hubo momentos en los mi interés decayó por un exceso de gazmoñería espiritualista gaiana.
Una belicosa bicicleta nipona surca el espacio
Vamos ahora a la sorpresiva aparición de la bicicleta en el texto que ya califiqué de anecdótica en el contexto general de la novela. En pleno espacio profundo, en la órbita de Mellonta, el planeta artificial olvidado, el llamado «basurero del espacio», tras un motín en la nave japonesa, el General Yamamoto es abandonado en una alfombra voladora con nocturnidad y alevosía. Inasequible a la derrota, el liofilizado militar, montado en la minibicicleta con cohetes que llevaba en el bolsillo del pijama, se dispone a cumplir su última misión: arrojar una bomba de plutonio que se ocultaba en una caja de supositorios para destruir la nave sinoeuropea.
Pedaleando «en cuesta hacia los nueve mil metros previstos para el lanzamiento«, Yamamoto se prepara para el lanzamiento cuando, desde la base terrestre del proyecto Tokio, le advierten de que no sobrevivirá a la explosión y le consuelan con una emotiva declaración que saltaría las lágrimas a cualquier ciclista espacial:
Tenemos el placer de informarle que su bicicleta ha sido bautizada Eno Sigai, con el nombre de su madre, y con dicho nombre pasará a la historia.
La minibomba-supositorio estalla y la destrucción del planeta artificial Mellonta es total. Pero el general, que soñaba desde su más tierna infancia con ser un kamikaze, sobrevive. En otro momento altamente emotivo, Yamamoto nos descubre otro uso potencial de una bicicleta (que más de una y de dos ciclistas han experimentado accidentalmente sin exitus). Su tormento resuena en nuestras cabezas cuando leemos su transmisión a la base:
Aquí Yamamoto. Estoy muy avergonzado por seguir vivo. Les comunico que estoy a punto de hacerme el harakiri con el manillar de la bicicleta.
Pero la nave enemiga ha escapado de la destrucción. Yamamoto se lanza en su persecución y la alcanza con su bicicleta de cohetes. Y así da inicio a su contraataque abandonando la bici y arrastrándose por la superficie de la nave de forma indecorosa para un ciclista espacial.
Todo un prodigio de viaje ciclista.
Nos vemos pronto. Si crees que el tiempo y el esfuerzo que he dedicado a este post aporta algo, sigue volviendo por aquí, comparte y déjame pistas de otras obras que hagan al tema de la bicicleta en la ciencia ficción en Comentarios. Yo sigo buscando rodadas de bicicleta en este ciclo titulado «Bici-sci-fi»…
