Revista Salud y Bienestar

Trabajando con el Dolor

Por Cristian
Con respecto al dolor que sentimos y a toda clase de sufrimientos me encuentro en un momento en el que me es bastante simple abrir nuevas posibilidades, encontrar toda clase de “soluciones” creativas al asunto e incluso hacer que estos tipos de dolores desaparezcan tanto en mí como en las personas que atiendo, la mayoría de las veces. Es bueno tener en claro que cuando digo que puedo hacer que un dolor desaparezca me refiero únicamente al momento en el que estoy actuando frente a él, la vida ocurre momento a momento y mientras tengamos un cuerpo y consciencia de lo que estamos viviendo vamos a sentir toda clase de cosas y eso incluye la posibilidad de dolor, a veces mucho dolor. Me resulta más fácil actuar frente a estas situaciones que intentar explicarlas.
Sin embargo hay algunas cosas que me gustaría compartir.
Hay una tendencia al dolor, así como la hay al placer, incluso ambas sensaciones son similares. Clasificamos nuestras sensaciones de un lado u otro de la columna según su intensidad y la capacidad de mantenernos serenos frente a la intensidad (comúnmente llamado umbral del dolor).
Nuestros pensamientos actúan, muchas veces sin que nos demos cuenta, como promotores de este tipo de sensaciones extremas. Podemos observar claramente como a diario las personas ocupan su tiempo mirando noticias que no hacen más que causarles dolor, un dolorcito tras otro, más tarde le cuentan a otros lo mal que esta el mundo y lo desgraciados que son los niños del infortunio. Sin darnos cuenta alimentamos nuestro dolor, como dice Eckhart Tolle, nuestro “cuerpo de dolor”. La violencia en las películas es un ejemplo de cómo existe una gran industria que alimenta este dolor. Esto ocurre siempre con un grado mayor o menor de inconciencia, o sea no sabemos que nos estamos haciendo doler, pero lo hacemos. Cuando generamos una y otra vez las mismas escenas dramáticas con nuestros vínculos más personales seguimos alimentando dolor. Somos de alguna manera adictos al dolor.
Incluso como médico todos los días veo gente que emana quejas de dolor como si fuesen relatores de radio, continuadamente casi sin notar que estoy a su lado al borde de su cama. Cuando me ven que los miro fijamente siempre pasa algo, es como si en ese momento se quisieran esconder. Simplemente no pueden seguir con ese automatismo si están siendo observados, entonces por ahí se hacen los dormidos, por ahí intentan generar una conversación y si me distraigo un instante otra vez están las quejas interminables. Pero otra vez los miro atentamente y siempre funciona! y creo que funciona porque atenta contra la inconsciencia con la que estos dolores intentan perpetuarse.
También he acompañado a personas en momentos en los que el cuerpo físico se vuelve un constante dispositivo de sensaciones dolorosas. Todos sabemos que frente a ciertas condiciones físicas nuestro cuerpo puede doler y mucho. Pero incluso trabajando con gente que tenía cáncer en sus huesos y que hasta respirar le provocaba impulsos sensoriales intensos he visto como: al hacerse más conscientes, estar más atentos a cada sensación y relajarse, continuando instante a instante presente al continuo flujo de sensaciones; les producía estados totalmente inesperados desde los cuales su existencia dejaba de ser un castigo para ser una bendición.
SALUDOS!
Dr. Cristián Cervo

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