Revista Coaching

Trabajólicos: buenos para la empresa?

Por Jcvalda @grandespymes

trabajolicopor Eduardo Press

Obsesivos del trabajo, son los preferidos de los jefes. Dedican su vida a la empresa y regalan horas de trabajo en la firma y en sus hogares. Pero tienen más problemas para relacionarse y corren más riesgos de enfermarse.

Son los primeros en llegar a la oficina y los últimos en irse. No tienen problema en trabajar fines de semana, ni feriados, ni seguir conectados fuera de la empresa. El celular y los mails están permanentemente abiertos. Siempre quedó algo pendiente que ellos -y sólo ellos- pueden resolver. Por supuesto, siempre fuera del horario laboral. Muchas veces, son los preferidos de los jefes: son obsesivos, detallistas, todo el tiempo piensan en la empresa y no tienen otras prioridades más que el trabajo.

Sin embargo, este tipo de perfiles pueden ser un arma de doble filo. Especialmente si esta afinidad al exceso de trabajo se convierte en una adicción: su productividad se puede ver afectada y aunque pasen horas en la oficina terminan sin generar los resultados esperados. Además, en algunas circunstancias, el adicto suele ser disfuncional en el grupo laboral que integra. Según estudios, los problemas de salud física y emocional por exceso de trabajo causan 40% de ausentismo.

¿Adictos o apasionados? Existen muchas patologías derivadas del exceso de trabajo. La última fase es la de la “adicción”, según el término clínico que aplican los especialistas. Aunque, en el medio, puede haber otras enfermedades. “Puede que los que padezcan adicción primero pasen por estrés, distres y lleguen al burnout, pero más por auto exigencia y autopresión que por presión externa (ver recuadro). Si bien las condiciones externas colaboran, el adicto lo hace por necesidad personal, no se da espacios de disfrute ni de descanso, no se puede imaginar de otra manera si no es trabajando”, explica Graciela Filippi, consultora y titular de cátedra de Psicología del Trabajo en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

 ”La particularidad que tiene esta adicción es que es productiva, genera ingresos y beneficios”, dice Filippi. Por eso es más difícil de detectar.

Alejandro Urman, psicólogo clínico y organizacional, y coordinador del espacio Psi21 sugiere distinguir el “uso” del “abuso” y de la “adicción”: “El uso sería la forma normal o esperable; el abuso es el consumo de una actividad que, en ciertos momentos, se torna condición; se da si, por ejemplo, para sentirme bien, necesito trabajar 50 horas por semana, .cuando podría hacerlo en 40″. Se considera abuso” siempre que no haya un patrón de conducta inflexible. “En la adicción, en cambio tenemos una conducta compulsiva que el sujeto no puede evitar y que le trae malestar significativo en otras áreas de su vida”, agrega Urman. Y considera que tanto la adicción como el abuso deben ser controlados.

Doble filo. “En el corto plazo, este tipo de personas mantiene un excelente rendimiento en sus quehaceres y puede resultar un perfil muy atractivo en los procesos de reclutamiento. Pero a mediano o largo plazo, ese ritmo tan alto de trabajo que se imponen, no les permite alcanzar las metas que se marcan y los lleva a frustraciones que los pueden hundir en depresiones y enfermedades físicas”, sostiene Pablo Moulony, gerente de la consultora de RR.HH. abajando.com. “Son personas que se alimentan mal, duermen mal y se cuidan muy poco. Estos hábitos provocan una baja en su .ciencia y, por ende, en la productividad fina”.

Eduardo Press, psicólogo organizacional y consultor de empresas, aclara que quienes son presas de una adicción suelen tener problemas para delegar y trabajar en equipo: “Lo más común es que no deleguen, sino que se exijan a sí mismos. En un grupo, el adicto genera un desequilibrio, porque rompe la coherencia y armonía entre los integrantes. Su patología no se traslada a exigir que los demás trabajen extra, porque eso no es una característica de las adicciones. No hacen proselitismos”.

Sin embargo, tener estas personalidades en un grupo de trabajo puede generar otro tipo de problemas. “El nivel de competitividad que tienen estas personas fuerza a los demás compañeros a seguir el mismo ritmo. Además, como no son capaces de trabajar en equipo, quedan aislados, generando un ambiente tenso dentro de la empresa, con sus compañeros”, sostiene Moulony.

El rol de la empresa. Martha Alles es consultora especializada en temas de balance entre trabajo y vida personal (especialidad conocida en inglés como work and life balance). El tema está muy de moda en los países desarrollados y está empezando a entrar en las grandes empresas argentinas, aunque muy lentamente. “Muchos modelos empresariales que se manejan hoy, intentan poner en juego un concepto llamado ‘responsabilidad personal’, a través de la cual se busca desarrollar comportamientos, para que todo integrante de la compañía tienda al equilibro entre su vida personal y laboral”, explica Alles.

La preocupación por este tema empezó en la década de 1980. Unos años antes, habían empezado a aparecer mujeres con carreras destacadas en el mundo ejecutivo, pero a quienes se obligaba a optar por la familia, o la empresa. Por entonces, se empezó a estudiar cómo hacer compatibles ambas esferas entre las mujeres. Hoy, esa preocupación se extendió también a los hombres, que ya no están relegados en el cuidado de sus hijos y su vida familiar. Y las empresas -sostienen estas teorías- son corresponsables de que las personas puedan tener una vida fuera de la compañía. “Lo primero que se debe hacer es definir, junto con todos los integrantes de la organización, qué es la responsabilidad personal.

De acuerdo con este concepto, se desarrolla la selección de personal y se analizan las competencias de los empleados, su desempeño, los métodos de trabajo, etc. La idea del balance se aplica a todo lo que se va haciendo, pero lo primero es una decisión política desde la gerencia”, describe Alles.

Otro aspecto clave es la motivación de los empleados en su puesto de trabajo. “Los jefes deberían tener en cuenta si a la gente le gusta lo que hace y si tiene problemas para balancear su vida. El número uno de la empresa puede empezar a fijar políticas para lograr competencias en la vida personal”, sostiene.

¿Cómo detectar la adicción? Pero, ¿por qué se dan este tipo de patologías en la sociedad actual? “En particular en la Argentina, quedó marcado en la década de 1990 la idea de que era posible quedarse sin trabajo. Y aunque esto, en parte, cambió, esa idea le ha dado una justificación y marco a estas adicciones. En este contexto, es bien vista la persona que trabaja mucho; si drogarse está mal, el que trabaja mucho es admirado”, opina Carlos Borzani, psicólogo especializado en adicciones. A esto hay que sumarle otras particularidades de la vida posmoderna. La sociedad de consumo hace que todo el tiempo queramos más dinero para poder comprar más bienes y servicios. La empresa, por su parte, quiere aumentar su productividad y también ve con buenos ojos que este empleado deje su vida ahí adentro.

“Las últimas generaciones están inmersas en una estructura de trabajo de altas exigencias, donde hay que trabajar mucho, ser ambicioso, resolver problemas y generar planes que son excesivos con respecto a lo que la gente puede dar. Esa exigencia atraviesa todas las escalas de la empresa. La consecuencia de esta situación es que, como en la mayoría de las adicciones, el cuerpo frena, y la gente se enferma”, sostiene Press. Diversos estudios demuestran que trabajar más de 12 horas diarias aumenta en un 37% la posibilidad de contraer alguna enfermedad.

En general, los primeros que se dan cuenta de que se está entrando en una patología son los familiares. “Los adictos, aun cuando no se lleven cosas para hacer a la casa, siguen pensando en eso. Ocupan su cabeza todo el tiempo en eso”, explica Borzani. ¿Cómo se trata el problema? El especialista recomienda hacer un tratamiento como el de cualquier otra adicción, que combine el trabajo clínico con el grupal. En entrevistas individuales, se trabajan las causas profundas de la adicción. Desde lo grupal, se intenta controlar el vicio compartiendo el tema con gente que padezca el mismo problema.

Por eso, lo importante es estar atento. No es lo mismo ser un trabajador apasionado, que un adicto. Las empresas también son responsables de cuidar a su gente. Y de estar atentos: lo que puede ser, en principio, un gran empleado, se puede volver un boomerang del que es mejor escapar.

Para evitar excesos

Instaurar horarios laborales fijos y que se cumplan sin excepciones, tomando en cuenta los descansos y espacios libres correspondientes. Establecer qué funciones y tareas son las que verdaderamente competen al cargo, y avocarse sólo a ellas con pocas excepciones.

Definir tareas diarias, agendillas y que así se organicen para lograr cumplirlas dentro del horario de trabajo. Enseñarle a los empleados a delegar tareas y confiar en sus compañeros, sin necesidad de controlar.

Entregarle a los trabajadores metas laborales realistas a corto, medio y largo plazo.

Fomentar las actividades de empresa que incluyan a las familias de los trabajadores.

Si bien las condiciones externas colaboran, el adicto actúa por necesidad personal. No se da espacios de disfrute ni de descanso, ni puede imaginarse sin trabajar.

5 fases del “quemado”

Aunque es un fenómeno distinto a la adicción, el síndrome de burnout, o “quemado”, genera efectos parecidos a los que se producen en los adictos. La diferencia es que, en los adictos, la presión es interna; en cambio, en los “quemados”, la presión proviene del contexto.

¿Cómo detectar un proceso de burnout? Graciela Filippi, de la Facultad de Psicología de la UBA, describe cinco etapas.

Fase de entusiasmo: considera su tarea como estimulante.

Fase de estancamiento: comienza a plantearse dudas acerca del éxito en su trabajo y si vale la pena hacerlo. Aparece el aburrimiento, los dolores de cabeza y de estómago.

Fase de frustración: se cronifican los síntomas psicosomáticos y se adopta una actitud irritable, dudas, desasosiego. En ese momento, puede revertirse, si se cambia de trabajo o de proyecto y se remotiva.

Fase de apatía: si no logró revertir la situación en la tase anterior, se resigna y surge la apatía como mecanismo de defensa, mostrando insensibilidad.

Fase del quemado: se produce un colapso físico, intelectual y emocional.

Autor Eduardo Press

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