
NUNCA SE VUELVE
Volví a mi hogar con las manos abiertas, llenas de heridas.
Mis manos
-las mismas manos que doblaron tantos cuellos
y que dirigieron todo un festival de balas carnívoras-
estaban ya de vuelta.
Con ellas consolé el llanto de mi madre,
con la llaga plegable hacia el odio, hacia el amor.
Manos hechas de bisagras con la perversa
habilidad de la máscara alternante
del soldado que vuelve a casa.
Pasaron algunas semanas, pero algo me inquietaba.
Mis manos me traían recuerdos del frente,
y me entró una terrible sed que el agua no saciaba.
Madre entró sonriente con un cesto de manzanas
de un conocido rojo brillante, brillantísimo.
La abracé como cuando era niño y las manzanas rodaron.
Cayó sobre las manzanas rojas y se desplomó sobre el cesto.
No se puedo volver al Hogar
con las manos acostumbradas al crimen.
El que vuelve de la guerra nunca regresa al Hogar.
Lucía de Fraga.
Varios Autores. (Tras)lúcidas. Bartleby Editores, 2016.
