
Poema e ilustración de Ovidio Moré (Barcelona)
Hay un lugar donde la luz es un manifiesto,
y puede ser detrás de esa escalera
por donde bajas envuelta
en la bruma de mis emanaciones.
Puede que haya un vitral con una virgen,
(quizás del Medioevo)
en una catedral antigua, que se te parezca.
Los rayos ténuemente detienen tu silueta
en el espejo de fino azogue transitorio,
y avanzas desnuda, fiera imagen de la luz,
argenta viva y ululante. Rapsodia.
Hay un lugar donde la luz es un manifiesto,
quizás entre mis manos de llagas imborrables
o entre los versos de líquenes eternos,
los mismos versos que cubren las distancias,
las hegemonías, los rituales del agua
y la inmovilidad del disparo con que te acaricio.
La velocidad de la luz te arrastra,
te sumerge, evapora tus átomos, libera tu estructura.
Desnuda desapareces, te transparentas, te vuelves nada:
aire apagado, estático, en sombras.
Hay un lugar donde la luz es un manifiesto
e irremediablemente se fue contigo.
