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Tres diseños nativos que realmente no lo son

Publicado el 25 abril 2021 por Tdi @RLIBlog
Tres diseños nativos que realmente no lo son


La pasta y el tomate no vienen originariamente de Italia, el sushi de salmón es noruego, la pizza hawaiana es canadiense... Hay muchos ejemplos donde un producto está tan ligado a una región o pueblo que parece nativo de este. A pesar de ello, no resulta extraño que la realidad sea la opuesta.

Tres diseños nativos que realmente no lo son

La costura ha sido un próspero negocio para los navajos durante los últimos 150 años. Sus diseños geométricos en alfombras y mantas son fácilmente reconocibles y se han asociado con el resto de nativos americanos en su conjunto. Este tipo de diseños corresponde genuinamente al sudoeste de los Estados Unidos, pero los navajos no siempre vivieron en esta región.

Los navajos entraron en el sudoeste estadounidense a través del noreste de Nuevo México en el 1500, introduciendose en pequeños grupos de cazadores e indistinguibles para los españoles de los apaches. Fue en esta época en la que se volvieron semisedentarios, cuidando las ovejas que habían introducido los españoles y viéndose influenciados por los pueblo, aunque manteniendo sus viviendas hogan.

Los navajos adquirieron el arte de la costura de los pueblo. Estos simplemente recogían una tradición que se extendía desde Perú, donde pudo haberse originado unos 2000-3000 años antes, hasta la región de las Cuatro Esquinas, donde llegó en torno al 500 d.C. Cuando los colonos españoles trajeron la rueca, el telar de pedal y las ovejas, también tuvieron acceso a nuevos tintes de México y aprendieron nuevos diseños. Los pueblo de río Grande aprendieron de los españoles a tejer telas rectangulares en vez de cuadradas, diseños lisos o asargados de gran tamaño y los patrones florales. La producción de estos tejidos era explotada como tributo anual a la corona española.

El fin del conflicto de los españoles con los navajo en el siglo XVIII impulsó el intercambio entre las tribus. La costura se desarrolló en varias de ellas y, para 1850, se habían adoptado nuevas técnicas y materiales a la vez que abandonado otras que habían perdurado desde la prehistoria.

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Los patrones a cuadros del tartán están ligados a Escocia y sus kilt, pero estos tampoco son escoceses. Los diseños que podemos ver se basan en el libro Vestiarium Scoticum (1842) de los hermanos John Carter y Charles Manning Allen, también llamados John Sobieski y Charles Edward Stuart. Este libro proclamaba reproducir a color un manuscrito de 1571. Estos hermanos británicos, cuya familia había participado durante generaciones en la Marina Real Británica, se hacían pasar por highlanders, fingiendo pertenecer a un antiguo y noble linaje escocés y vistiendo las ropas que consideraban fieles a esta alcurnia. Señalaban que en 1819 habían adquirido una copia de 1721 del manuscrito original mencionado antes, que indicaban que tenía su padre en Londres.

Walter Scott dudaba de sus afirmaciones, especialmente sin tener acceso al documento original. No le parecía lógico que el padre de los hermanos Allen, como marino, tuviera las conexiones para haber obtenido este documento. El uso de tartán le parecía tan absurdo que creía que, de ser genuino el documento, debía ser obra de un apasionado del diseño que quería extenderlo por el reino. Por supuesto, cuando los hermanos aceptaron solicitar el documento a su padre, se supone que este constestó que la existencia debía ser secreta, evitando así la inspección de Walter Scott. Eso no evitó que los hermanos publicaran Vestiarium Scoticum años más tarde cuando su padre aún estaba vivo.

Tres diseños nativos que realmente no lo son


Con la publicación de su obra, los hermanos no solo se cambiaron su nombre, sino también su ascendencia. Ahora su padre era el único hijo legítimo de Carlos III de Inglaterra y Escocia. Además se convirtieron al catolicismo. Gracias al señor del clan Lovat de Fraser, pudieron publicar su obra, cuya primera edición contaba con tan solo 50 ejemplares. Sin embargo, mucho antes ya estaban compartiendo su información con los clanes, que fueron adoptando los diseños que les correspondían.

En el libro defendían que las clásicas ropas escocesas habían sido la vestimenta medieval común en toda Europa, pero que esto no había quedado registrado porque era algo demasiado cotidiano. Cuando la Edad Media acabó, estas ropas solo habrían perdurado en Escocia e Irlanda porque los pueblos que aquí habitaban habían perdido su clásico esplendor, apartándose del mundo.

Los hermanos supieron generar interés durante años, promoviendo una industria que se beneficiaba de la creación de estos diseños y animando a la publicación de más libros con la misma temática.

Tres diseños nativos que realmente no lo son

Los coloridos estampados son una seña de identidad de la moda africana, especialmente en África occidental, pero no son del continente. En sus contactos con los africanos en el siglo XV, los europeos comerciaban con armas, alcohol y ropas a cambio de oro, marfil y esclavos. Para optimizar el negocio, se procuró adaptar las ropas al gusto local. En los siglos XVII y XVIII, comenzaron a probar varios estilos indígenas para tener un buen flujo de bienes. Como con la moda masculina, los franceses e ingleses competían por tener la voz cantante en este mercado. No obstante, la Royal African Company y las compañías inglesa y neerlandesa de las indias orientales obtendrían la hegemonía del comercio transnacional. En concreto, la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales usó entonces los fuertes de la costa de Guinea como puertos para los barcos comerciales, donde sus marineros intercambiaban telas indias y javanesas, como las telas batik.

En el siglo XIX, cuando miles de esclavos que habían trabajado para esta compañía en Java en 1831 y 1872, volvieron a África con ropas batik, estas se extendieron con más fuerza. Con la industrialización, se produjeron batiks más económicos y de peor calidad. Aunque sus imperfecciones fueron el motivo para su falta de aprecio entre los javaneses, en África eran admiradas. La exportación a África permitió mantener abiertas estas fábricas. Las telas eran apreciadas en África por su suavidad, ligereza y su resistencia cromática al Sol y a los lavados. Las telas se fueron adaptando a las necesidades africanas y las fábricas se trasladaron posteriormente a China.

  • Kent, K. P. (2021). Pueblo and Navajo weaving traditions and the Western world. In Ethnic and Tourist Arts (pp. 85-101). University of California Press.
  • Trevor-Roper, H. (2008). The invention of Scotland. Yale University Press.
  • Sylvanus, N. (2007). The fabric of Africanity: Tracing the global threads of authenticity. Anthropological Theory, 7(2), 201-216.

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