El autor del libro cuenta así la historia de la relación de Hinton y las redes neuronales. Tres extranjeros, europeos, en Canadá, y una Nvidia que todavía en 2009 no dedicaba ni un solo recurso a la IA:
Krizhevsky estaba decidido y se unió al grupo de Hinton. Hinton lo emparejó con Ilya Sutskever, otro inmigrante judío de habla rusa procedente de la antigua Unión Soviética. A pesar de las similitudes biográficas, Sutskever no se parecía en nada a Krizhevsky por su aspecto y su manera de actuar. Era atlético, con cejas oscuras y pobladas, ojos marrones y una sonrisa pícara. Sutskever era el acólito más ferviente de Hinton y sostenía que las redes neuronales superarían algún día a la inteligencia humana, una afirmación que en ese momento no la hacía ni Hinton. «A Ilya le gusta decir cosas escandalosas, pero puede salirse con la suya porque es muy abierto y honesto», dijo Hinton. «No se rige por las convenciones. Cree en sí mismo. Y tiene razón».
Hinton les encomendó a Sutskever y Krizhevsky una ambiciosa tarea: quería que utilizaran las GPU de Nvidia para enseñar a un ordenador a ver. CUDA había llegado al laboratorio de Hinton. En 2008, había encargado a los estudiantes de posgrado Abdelrahman Mohamed y George Dahl la construcción de un módulo de reconocimiento del habla utilizando un costoso servidor Nvidia. A principios de 2009, la red neuronal de Mohamed y Dahl rivalizaba con los mejores modelos matemáticos existentes. Ese mismo año, Hinton, en su intervención en la conferencia Neural Information Processing Systems (Sistemas neuronales de procesamiento de información), dijo a los asistentes que ejecutar redes neuronales en procesadores de computación paralela era el futuro de la IA y los investigadores debían dejar lo que estaban haciendo para comprar las GPU de Nvidia. A continuación, envió un correo electrónico a Nvidia: «Acabo de decirles a los 1.000 expertos en aprendizaje automático de esta conferencia que deberían comprar tarjetas Nvidia. ¿Me darían una gratis?». Nvidia se negó. Aunque la empresa se dedicaba a una gran cantidad de aplicaciones de supercomputación, en aquel momento no trabajaba en ella ni un solo investigador dedicado a la IA. El aprendizaje automático no estaba entre las aplicaciones potenciales que Kirk había propuesto para la computación paralela en su libro de texto, y a veces Hinton ni siquiera podía conseguir que el grupo CUDA le devolviera los correos electrónicos. El prejuicio contra las redes neuronales estaba muy arraigado; en los cursos de introducción a la IA, todavía se oía a veces a los profesores afirmar que las redes neuronales ni siquiera podían resolver funciones lógicas sencillas, aunque la retropropagación había superado esta limitación décadas antes.
