
aguilera El pueblo de Ucrania lo está descubriendo en estos momentos de la misma forma que lo descubrieron los cubanos en abril de 1961: cuando de luchar contra regímenes autoritarios se trata, es un error esperar ayuda del Partido Demócrata de los Estados Unidos de Norteamérica.
Putin siempre lo ha sabido y esperó, pacientemente, a que los demócratas regresaran a la Casa Blanca. Esperó y, como Fidel Castro siempre hizo, levantó su copa, en cuanto regresaron, para celebrar la veda impuesta a la cacería de déspotas en este mundo.
Como fondo de esa espera putinesca siempre ha estado, además, el viejo adagio de que "perro no come perro"; porque es evidente que las similitudes entre el déspota ruso y la élite actual del Partido Demócrata son demasiadas para pasar inadvertidas, o para no pensar que puedan tener una influencia en las decisiones que esa élite está tomado en materia de política...
