Revista Educación

Ultracorrige, te entenderán mejor, en la Península

Por Siempreenmedio @Siempreblog

La ultracorrección lingüística es un mecanismo que se suele poner en práctica cuando el hablante, o escribiente, duda entre dos términos, o entre dos expresiones, y al final se decanta (no por la que le indica su sentido común) por la que él o ella considera más culta. Es aquello del que dice bacalado porque piensa que decir bacalao es un error al faltarle una d.

Este fenómeno se suele producir para ‘epatar’ ante un auditorio, para ‘ponerse a la altura’, para ‘hacerse el culto o el listo’ o como me han justificado muchos “para que me entiendan”.Y cuando se produce, el que lo hace queda como un auténtico simplón.

En Canarias, constantemente, los hablantes se ultracorrigen (en el habla suele pasar cuando se dirigen a un peninsular, en el leguaje escrito cuando ponen un mensaje en el Facebook). Ya no lo hacen con el léxico, porque aquello de papa y guagua está superado.

Pero sí se hace una y otra vez con el sistema pronominal, y hasta con el leísmo y laísmo. Conozco cientos de personas, canarias de nacimiento y cuya modalidad de habla es el español de Canarias, que dicen por activa y por pasiva vosotros quereis, le puedo ayudar, os envío un correo, o corred, corred, que viene el lobo. Y del seseo ya ni voy a hablar.

Este desprecio hacia la modalidad del español de Canarias no es más que un desprecio hacia uno mismo, un reconocimiento de que no les gusta cómo son y cómo hablan. O sea, que les gusta más cómo se habla y escribe en la península, donde se usa el español septentrional. Y la argumentación para usar estas formas es aún más acomplejada y ridícula: “es para que me entiendan”.

El español de Canarias y América es usado por más de 300 millones de personas. Todo este grupito de personas dice: ustedes son unos simplones (en lugar de vosotros sois unos zopencos) ¿los puedo ayudar a superar sus complejos? (en lugar de os puedo ayudar) o corran corran, que viene el bobo (en lugar de corred corred). Y esta foma tan correcta como la otra. Y forma parte de nuestra idiosincrasia, tanto como las papas y las guaguas.

Para algunas cosas somos muy “nuestros”, muy “de aquí”, estamos muy orgullosos de… y desde que podemos (o pueden porque yo no lo hago), imitamos al de allá, no vaya a pensar que somos unos incultos. O sea, nos ultracorregimos y quedamos fatal.


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