Revista Cultura y Ocio

Un andar solitario entre la gente. Antonio Muñoz Molina

Por Mientrasleo @MientrasleoS
Un andar solitario entre la gente. Antonio Muñoz Molina
     "Escucha los Sonidos de la Vida. Soy todo oídos. Escucho con mis ojos. Escucho lo que veo en los anuncios y en los titulares de los periódicos y en los carteles y letreros de la ciudad. Voy viajando a través de una ciudad de palabras y voces. Las voces hacen vibrar el aire y llegan por mi oído interno al cerebro convertidas en impulsos nerviosos. Las palabras las oigo al pasar o cuando alguien se queda un rato a mi lado hablando por un teléfono móvil o las leo en cualquier lugar o en cualquier superficie hacia la que mire, cada pantalla. Las palabras escritas me llegan como sonidos de voces, notas que leo en una partitura, a veces queriendo distinguir varias palabras simultáneas, deducir las que no oigo porque se han alejado muy rápido de mí o porque las borra un ruido más fuerte. Las diferencias en las tipografías forman una incesante polifonía visual. Soy una grabadora en marcha, oculta en el teléfono futurista de un espía de los años sesenta, en el iPhone que llevo en el bolsillo. Soy la cámara que quería ser Christopher Isherwood en Berlín. Soy una mirada que no quiere distraerse ni para un parpadeo. El bosque tiene oídos, dice al pie de un dibujo del Bosco. Los campos tienen ojos. En el interior del tronco hueco de un árbol fosforecen en la oscuridad los ojos amarillos de una lechuza. Un árbol corpulento tiene dos orejas grandes como de elefante que casi rozan el suelo. Una escultura de Carmen Calvo es un gran portalón viejo de madera tachonado de ojos de cristal. La puertas tienen ojos. Las paredes oyen. Los enchufes oyen, dice Gómez de la Serna".
     Decir a estas alturas que me gusta AMM es algo repetitivo ya que cualquiera que pase habitualmente por mi blog, lo sabe. Hoy traigo a mi estantería virtual, Un andar solitario entre la gente.
     Antonio Muñoz Molina lleva tiempo introduciendo en sus libros un componente más privado, más introspectivo, casi reflexivo. Era ya patente en su anterior libro, en el que recordaba una época en Lisboa en la que escribió una de sus novelas más conocidas, y en este su último título lo es aún más.
La editorial nos habla de novela literaria y nos deja esa confusa sensación de quien no termina de comprender las diferencias entre las mil subetiquetas que van surgiendo en el panorama actual. Bien, leído el libro, yo afirmaría sin duda alguna, que no estamos ante una novela.
     Lo primero que me parece interesante es el concepto paseo, ese caminar sin rumbo fijo por el simple placer de caminar por la calle con la mirada perdida saltando de un foco a otro, disfrutando del momento. Algo que sin darnos cuenta hemos ido perdiendo, caminando siempre con un destino marcado y muchas veces con el tiempo justo. Y, por supuesto, inmersos en nuestras vidas y teléfonos, sin darnos cuenta de qué o quién nos rodea. Y en eso se basa AMM. En un narrador que sigue a un paseante cualquiera en una ciudad cualquiera y se va fijando en cada letra, en cada señal, cada camino. No llegamos a conocer su nombre, ni el del paseante, ni necesita decirnos la ciudad o caminos que toma cada vez, pero tampoco importa porque todos paseamos sin fijarnos por dónde caminamos. Solo que el autor se luce sacando toda su sabiduría literaria y comienza a hacer pasar ante nuestros ojos la literatura ajena, Pessoa, Whitman, todos escritores, todos observadores reales o imaginarios de sus propias ciudades literarias.
     Poco a poco nos vamos encariñando con ese narrador que nos dice en qué se fija y lo que nos perdemos, que nos enseña esos pequeños placeres en los que no reparamos y que tal vez fueran los que él un día olvidó.
     Todo esto es el libro de AMM, inclasificable porque no es una novela, y tampoco es un ensayo, es más bien el monólogo de un cerebro ágil que se deja divagar página tras página convirtiendo la lectura en una delicia estilística no apta para todos los públicos. No por lo complicado, sino por la deriva y es que hemos perdido el placer de leer por el simple hecho de disfrutar de las palabras. Parecemos necesitar que algo sea rápido, o mejor trepidante, que enganche y le damos un plus en nuestro smartphone si es adictivo... y  aquí el autor, al igual que su narrador, se ha dedicado a una literatura para paladear, para reparar en las formas, en las frases largas, los párrafos con esos tonos tan personales que el autor ha sabido ir cultivando en el tiempo. Tal vez por eso hoy mi fragmento se ha extendido más allá de lo habitual. Pero cuando a una le gusta la voz que habla, lo que menos desea es silenciarla.
     Un andar solitario entre la gente es una joya en sus formas capaz de hacer disfrutar a cualquiera que se atreva a dedicarle su tiempo. Hay muchos autores, pero no tantos escritores: Antonio Muñoz Molina, lo es.
     He confesado con poco pudor que me gusta mucho AMM, ahora vosotros, ¿podéis decirnos un escritor que os guste por encima del resto?
     Gracias.

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