Revista Libros

Un cuento inédito de Miguel Ángel Zapata

Publicado el 31 mayo 2010 por Esteban
Un cuento inédito de Miguel Ángel Zapata
Demiurgo

Al respirar yo, se repliega el mundo como una marea y se deja absorber fosas nasales adentro. En esta inspiración de totalidades, puedo sentir a la dueña de los labios que beso atravesar la tiniebla de mi pituitaria y descender por la laringe sin memoria de mi rostro ni mis caricias, siento reabsorberse dentro de mí la cama, el dormitorio que nos contenía, la casa que alquilamos alguna vez, el felpudo de bienvenidos, el barrio entero con sus comercios y sus parques y sus señoras de pelo enlacado y sus repartidores de propaganda y sus monovolúmenes cargados de familias. Como un reflujo amorfo ajeno a los relojes, penetran en mí museos, piscinas municipales, semáforos y cines, los límites difusos de los suburbios de mi ciudad, los prados y sus vacas, los pueblos colindantes, la comarca, el país entero con la mutante red de capilares de sus ríos, sus carreteras, sus canales. Vuelan hacia mis entrañas de madre, magnetizados por la fuerza succionadora de mis pulmones: corbetas en misión de paz, estadios de fútbol, torres de alta tensión, estaciones de esquí, montañas, mesetas, linces, vencejos, franjas climáticas, orgasmos, errores, homicidios, concilios vaticanos, espíritus nacionales, acuerdos mercantiles, emisiones de CO2, continentes, océanos, casquetes polares, fotos con magnesio, huelgas de la siderurgia, revoluciones neolíticas, opas hostiles, los Beatles, monjes benedictinos, Gengis Khan, despotismos ilustrados, disidencias, Rosa Luxemburgo, Parménides, el Yom Kippur, sonrisas taimadas, pulgares apuntando al suelo, columnas palaciegas de Persépolis, ejes de rotación, un diplodocus, Maradona, planetas propios o ajenos, soles menguantes, galaxias desprevenidas, quásares por descubrir, universos paralelos, tangentes, superpuestos, en expansión o recesión, contenidos en otros o en sí mismos.
Cuando el fuelle de mis pulmones advierte el borde afilado y procaz de la nada más allá de todo ahí fuera, contengo la respiración durante unos segundos, intentando paladear plenitudes y cronologías, filosofías y espacios enormes. Incapaz de sentir la totalidad que menudea con fiebre en algún recodo nocturno de mis bronquios tras mi última inspiración, borrado yo por una inconmensurable sensación de vacío sin rostro, vuelvo a vaciar mis pulmones, dejando que mi boca reintegre al exterior lo posible y lo imposible, en una vaharada cálida donde todo se recompone nuevamente en caprichosas combinaciones, en dialécticas inextricables y novedosas.
Tras cada ciclo respiratorio completo, tras esos diez segundos de plenitud y nada simultáneas, me juro a mí mismo que será la última vez, que bastará con contener el muscular trasiego que ordena a mis pulmones ese ejercicio atroz de succión y vómito universal de una existencia que no llego a comprender, a disfrutar, a paladear como un soplo de aire fresco de un hombre cualquiera una mañana cualquiera con las ventanas del dormitorio abiertas de par en par.

Es una muestra del nuevo trabajo que prepara Miguel Ángel Zapata.

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