
al rubio sol durmiendo,
los oteros, las vegas
en paz, a solas, lejos;los castillos, ermitas,
cortijos y conventos,
la vida con la historia,
tan dulces al recuerdo.Ellos, los vencedores,
caínes sempiternos,
de todo me arrancaron,
me dejan el destierro.Una mano divina
tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
que hablase tu silencio.Contigo solo estaba,
en ti sola creyendo;
pensar tu nombre ahora
envenena mis sueños.Amargos son los días
de la vida, viviendo
sólo una larga espera
a fuerza de recuerdos.Un día, tú ya libre
de la mentira de ellos,
me buscarás. Entonces
¿qué ha de decir un muerto? Paco Ibáñez lo musicó y cantó con maestría, siendo para mí uno de sus logros mayores entre los muchos que ha tenido interpretando a múltiples poetas. Escucho con frecuencia dos versiones de ese mismo poema en boca del cantautor: magníficas ambas, pero sutilmente diferentes.Pongo el enlace de las dos: aprecio en la primera, de 1969, una voz -juvenil, claro- donde se nota una llama de esperanza, el aguardo de tiempos que irían a cambiar las situaciones…; en la segunda -reciente-, la voz más resignada, escéptica, pasada por el tamiz del desengaño en el reverso de la historia. ¿Acaso vaya así aún más en consonancia con la esencia profunda de los versos?http://www.youtube.com/watch?v=dscaQP8RM9E(Paco Ibáñez en el Olimpia de París, diciembre de 1969)http://www.youtube.com/watch?v=dNSdR_vlqX0 (Paco Ibáñez, actualidad) ¡Cincuenta años no es nada! Luis Cernuda seguro que volvería a firmar hoy con las mismas palabras el poema!Moisés Cayetano Rosado