Revista Cultura y Ocio

Un futuro prometedor

Por Aceituno

Algunas veces sucede algo que cambia nuestra vida para siempre y supone un antes y un después. Puede ser algo positivo como que te toque la lotería, que consigas el trabajo de tus sueños, o que nazca tu hijo, o negativo como un fallecimiento en la familia, un accidente doméstico o una enfermedad grave. En ambos casos trazamos una línea muy clara que deja divididos los recuerdos para siempre. No tiene porqué sucederle a todo el mundo, pero intuyo que a la mayoría sí. En mi caso, como ya sabéis, fue el diagnóstico de un cáncer de pulmón.

Todo lo que sucedió antes de ese instante lo recuerdo de una forma muy diferente a lo que está sucediendo después del diagnóstico. Lo veo como si le hubiese sucedido a otra persona, como si no fuera mi vida, como si estuviese viendo una película en la que yo soy el actor principal. Es irreal y lejano, muy vago y muy débil. Extraño.

Pero lo más curioso es que lo que me está sucediendo ahora tampoco lo termino de ver como mi vida. Sigue habiendo como un aura que lo recubre todo, como una neblina casi invisible que actúa de filtro y me hace ver mi propia realidad distorsionada y muy alejada de mí. Nuevamente algo irreal y lejano, muy vago y muy débil. Extraño.

Yo creo que es porque todavía hay una parte de mí que se resiste a creer que esté enfermo, una parte que quiere aferrarse a la estúpida idea de que todo es un mal sueño del que despertaré algún día para poder vivir, aún, los mejores momentos de mi vida.

Y esa es una decisión que creo que debo tomar: ¿lo mejor está por llegar? De la respuesta a esa pregunta depende en gran parte el desarrollo de mi vida en el futuro más próximo. Soy yo quien debe decidir si ya está todo hecho y debo bajar los brazos o si todavía hay esperanzas de superación y queda vida por delante, quizás algún otro acontecimiento, esta vez feliz, que vuelva a marcar una línea divisoria y separe nuevamente el antes del después.

Dado mi carácter y el espíritu de este blog mi respuesta, obligatoriamente, debe ser que sí, que lo mejor aún está por llegar y que el camino no se termina aquí. Claro que es una respuesta temeraria y dada a la ligera que contradice toda base científica puesto que la medicina no me augura un futuro demasiado prometedor que digamos, pero en fin, es mi respuesta y con esa vamos hacia delante.


Un futuro prometedor


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