
Señales de agotamiento: mucha inflación y poca industria. El Demente Milei prometió erradicar el aumento de precios del país y todavía no lo logró y sostenía que la inflación es sólo un fenómeno monetario. Este marzo alcanzó el 3.4% luego de 10 meses consecutivos de aumento desmintiendo esa ortodoxia liberal. El Des-Gobierno insiste en que la dirección es la correcta, aunque los precios y la pobreza (real, no la de los censos) se siguen acelerando, la actividad industrial retrocede. Un ajuste cada vez mayor, pero los resultados no acompañan...
Las prepagas suben un 28,7% y asfixian a la clase media. El INDEC informó que la inflación de marzo fue 3,4%, la décima suba mensual consecutiva y la más alta en los últimos 12 meses, impulsada en buena medida por los precios regulados (5,1%), con una núcleo (el componente más estable de la inflación) que se mantiene por encima del 3% y una variación menor de los estacionales (1%). Dado que los precios regulados tienen una ponderación mayor en la canasta de consumo de 2017/18, la cual el Gobierno se negó a actualizar, de haberlo hecho tal como correspondía, la inflación hubiera sido incluso mayor.
En resumen, la estrategia antiinflacionaria basada casi exclusivamente en el equilibrio fiscal ya mostró sus límites. Fue eficaz para bajar la inflación desde niveles extremos hasta la zona del 3% mensual, pero no alcanza para perforar ese piso. Para colmo, la semana pasada el INDEC publicó otro dato que fue incluso peor que el de la inflación. En febrero, la industria cayó 4% mensual y 8,7% interanual. La caída, además, es generalizada. Con la única excepción de Refinación de petróleo y químicos, todos los sectores muestran retrocesos, con desplomes superiores al 20% en ramas como textiles, metalmecánica y automotriz. Incluso alimentos y bebidas —donde Argentina debería ser competitiva— cae con fuerza.
En ese contexto, la apertura comercial termina de configurar una tormenta perfecta parecida a la vivida por la industria durante la última dictadura militar. Las empresas locales compiten con importaciones mientras enfrentan impuestos y costos que sus competidores externos no tienen. El resultado es previsible: desde 2003 a la fecha ningún gobierno había destruido tantas empresas en sus primeros 26 meses.
El argumento principal del Gobierno para sostener que la economía va bien es que la pobreza está bajando. Si vamos a las fuentes, vemos que los datos sostienen esta afirmación. Según el INDEC, en el segundo semestre de 2025 la pobreza afectó al 28,2% de la población, luego de haber alcanzado al 41,7% en el segundo semestre de 2023 y al 52,9% en el primero de 2024. Un logro que sería muy destacable si no fuera por varias objeciones metodológicas que matizan este resultado.
El programa económico muestra señales claras de agotamiento. La inflación dejó de bajar hace ya 10 meses, la actividad está estancada con sectores que crecen pero no generan empleo, mientras que los que sí lo hacen —como la industria— retroceden. La pobreza, además, ha mejorado menos de lo que muestran los indicadores oficiales y habría dejado de bajar.
Aun así, el demente Milei insiste en que los datos le dan la razón aunque reconoce que los “últimos meses fueron duros”. Insiste también con el esquema basado en equilibrio presupuestario, apreciación y apertura. Sin correcciones, sin nuevos instrumentos, sin cambios de enfoque. No es novedad: casi ningún gobierno lo hizo ante las señales de agotamiento.

La caída de la industria en la Argentina libertaria se ha manifestado con un descenso del 8,7% en el índice de producción industrial manufacturero (IPI) en febrero de 2026, en comparación con el mismo mes del año anterior. Esta derrumbe se ha extendido a lo largo del primer bimestre de 2026, con una disminución acumulada del 6,0%. La actividad industrial ha mostrado una tendencia negativa continua, con 14 de las 16 divisiones industriales reportando retrocesos. Los sectores más afectados incluyen productos textiles (-33,2%), maquinaria y equipo (-29,4%), y equipos e instrumentos y automotores (-24,6%).
Por eso lo de industricidio.
El término se ha empleado en medios y análisis económicos para referirse a situaciones donde la industria de un país sufre un deterioro acelerado como parte de un proyecto.
La pregunta es si Milei y Toto Caputo tienen otro mapa para salir de ella que no sea el doloroso y mal diseñado del dólar atrasado, los ingresos populares devastados, la industria en vías de extinción y el ajuste que se muerde la cola al filo de la inviabilidad política y social.
Hablemos del Modelo Milei que no tiene errores de fondo, solo consecuencias de otro proyecto liberal.
