Revista Infancia

Un millón de gracias

Por Mamapsicologain @mamapsicologain

Hoy quiero compartir la reseña de ¡Un millón de gracias! Cómo disfrutar del presente y agradecer lo que tenemos, un álbum ilustrado escrito por la Dra. Montserrat Erostarbe Pérez, ilustrado por Susana Soto y publicado por la editorial Bruño.

Es un libro que me resulta interesante porque pone el foco en algo que, en la infancia (y también en la adultez), suele quedar diluido entre prisas, estímulos y exigencias: la capacidad de valorar lo que tenemos y de fijarnos en las pequeñas cosas. Y esto cobra especial sentido en una sociedad que nos empuja constantemente a querer más y más.

Me interesan especialmente los libros que no buscan corregir ni decir a los niños cómo deberían sentirse, sino que abren espacios para mirar, pensar y sentir sin prisas. Este libro va en esa línea: no plantea la gratitud como una obligación, sino como una invitación a parar un momento y prestar atención a lo que ya forma parte de nuestro día a día.

Ficha técnica y breve reseña

Portada del libro ¡Un millón de gracias! Cómo disfrutar del presente y agradecer lo que tenemos 📌 Ficha técnica Título: ¡Un millón de gracias! Cómo disfrutar del presente y agradecer lo que tenemos Autora: Dra. Montserrat Erostarbe Pérez Ilustraciones: Susana Soto Editorial: Bruño Edad recomendada: A partir de 5–6 años *Recomendación orientativa: ajusta siempre según el momento evolutivo del niño/a.

¿POR QUÉ TE RECOMIENDO ESTE LIBRO?

Te recomiendo «¡Un millón de gracias!» porque ofrece una imagen muy reconocible de lo que vivimos a diario muchas familias con niños pequeños. Escenas en las que los hijos piden sin parar, quieren todo lo que ven y parecen insaciables.

Y esto es lógico.

Su cerebro es inmaduro, todo es nuevo y maravilloso, sienten una gran curiosidad por explorar, manipular, probar y entender cómo funciona el mundo.

El libro muestra bien esta avidez por conocer y por tener, pero también deja ver algo que observamos con frecuencia en casa y en consulta: que por más cosas que tengan no son necesariamente más felices.

Al contrario, muchas veces el exceso acaba generando:

  • sobreestimulación
  • frustración
  • descontento
  • desgana

Otro aspecto interesante es cómo aborda la comparación, el querer lo que tiene el otro, la envidia y los celos. Lo hace sin alarmar y presentando estas emociones como parte del desarrollo, lo que facilita que podamos hablar de ellas en casa con naturalidad.

Poner palabras a lo que sienten les ayuda a entender que lo que les pasa es absolutamente normal que no es un problema, sino experiencias habituales en la infancia, muy conectadas con ese deseo constante de tener más y, muchas veces, con querer lo que tienen los demás para sentirse como ellos.

Es cierto que la historia que se narra en «¡Un millón de gracias!» parece simplificar algunas dinámicas familiares y presenta escenas quizá más ideales de lo que suele ser el día a día real. En algunos momentos parece etiquetar la infancia como caprichosa, cuando lo que vemos desde una mirada evolutiva es un cerebro inmaduro con ganas de experimentar y comprender.

Además, aunque pone el acento en la responsabilidad adulta de frenar, no siempre tiene en cuenta el peso del contexto social: vivimos en una sociedad que empuja al consumo constante y, a menudo, somos los propios adultos quienes llenamos a los niños de cosas, planes y estímulos. En este sentido, el libro enlaza con esta reflexión sobre los niños insaciables en una sociedad de consumo, donde profundizo en cómo el exceso puede generar vacío en lugar de satisfacción.

A partir de ahí, el libro da un giro interesante.
Tras mostrar ese “querer más” tan propio de la infancia y tan alimentado por el entorno, abre la puerta a otra mirada: empezar a dar valor a lo que ya está.

Y no tanto a las cosas, sino a las personas.
A quienes cuidan, acompañan, protegen y sostienen en el día a día. En un contexto que empuja constantemente al “más”, ayudar a los niños a valorar lo que tienen —y, sobre todo, a las personas que quieren y les cuidan— no es algo automático, sino un aprendizaje que se construye con tiempo, acompañamiento y presencia adulta.

¿QUÉ ENCONTRARÁS EN «¡UN MILLÓN DE GRACIAS!»?

Un libro que invita a leer despacio. A detenerse en las palabras, en las escenas y en los pequeños detalles que aparecen a lo largo de la historia. No es un texto para pasar rápido, sino para mirar con calma qué les gusta a los niños, cómo viven lo que les rodea y qué emociones van apareciendo.

Las situaciones que presenta son sencillas y muy cotidianas, fácilmente reconocibles para cualquier familia con niños pequeños. Precisamente por eso, la lectura compartida —o la lectura en voz alta— se convierte en una buena oportunidad para abrir conversaciones: sobre lo que desean, sobre lo que tienen, sobre lo que les gusta hacer, sobre las personas importantes en su vida y sobre cómo se sienten en distintos momentos del día a día.

El tono del libro es tranquilo y cercano. No dramatiza ni sobrecarga emocionalmente, sino que acompaña y sugiere. A través de escenas simples, permite poner palabras a vivencias habituales de la infancia y facilita que el niño se sienta comprendido.

Al mismo tiempo, bajo mi punto de vista, es un libro que también interpela al adulto. Al final, igual que ocurre en Ya no me aburro, otro libro de esta misma colección, incluye un apartado dirigido a madres y padres, con orientaciones claras y realistas para acompañar estas vivencias en el día a día. No se trata de pautas rígidas, sino de una invitación a reflexionar sobre cómo acompañamos y qué mensajes transmitimos, muchas veces sin darnos cuenta.

PROPUESTAS PARA TRABAJAR CON EL LIBRO

¡Un millón de gracias! es un libro que nos va a permitir acompañar, No lo propongo para “trabajar” de forma explícita nada en concreto. Funciona mejor cuando se lee sin prisas y sin la sensación de que hay algo que aprender o corregir.

En casa, puede ser un buen apoyo para abrir conversaciones de manera natural. La lectura compartida permite hablar de lo que les gusta, de lo que desean, de cómo se sienten y de las personas importantes en su vida, sin interrogar ni dirigir la conversación. A veces basta con leer y dejar un pequeño silencio después, para ver qué aparece.

En el aula, puede utilizarse como un recurso puntual, especialmente en momentos de calma. No es necesario acompañarlo de actividades estructuradas; la lectura en sí ya ofrece material suficiente para que surjan comentarios, identificaciones y reflexiones espontáneas por parte del grupo.

En consulta, puede servir como apoyo para iniciar conversaciones sobre el deseo, la frustración o la comparación, siempre desde una mirada respetuosa y sin etiquetar. No como herramienta central, sino como punto de partida.

En talleres con familias, el libro también puede ser un buen recurso para reflexionar sobre la gratitud desde la adultez. No tanto para decir a los niños lo que deberían sentir, sino para revisar qué modelo ofrecemos. Difícilmente podemos transmitir valores que no practicamos: si cada carencia emocional la llenamos con objetos o estímulos, ese mensaje también se transmite. El libro permite abrir esta reflexión sin moralizar, desde lo cotidiano y lo compartido.

Qué no hacer con el libro:

  • No convertir la lectura en un interrogatorio.
  • No usarlo para exigir gratitud o “buen comportamiento”.
  • No transformarlo en una lección moral.

Otros títulos de la colección

Este libro forma parte de la colección Cuido mi mente, una serie pensada para acompañar el desarrollo emocional infantil desde una mirada respetuosa y realista, también hacia las familias.

Dentro de la colección encontramos otros títulos como ¡Juego sin móvil!, centrado en el uso de las pantallas y el valor del juego libre, y ¡Ya no me aburro!, que aborda cómo la imaginación es uno de los recursos más valiosos de la infancia que debemos preservar.

Todos ellos comparten una misma filosofía: no buscan corregir emociones ni conductas, sino ayudar a comprenderlas y acompañarlas con mayor conciencia.

CONCLUSIONES

¡Un millón de gracias! es un libro que invita a detenerse y a mirar con más calma una realidad muy presente en la infancia: el deseo constante de tener más y la dificultad para sentirse satisfechos en un contexto lleno de estímulos. No lo hace desde el reproche ni desde la exigencia, sino desde escenas cotidianas que permiten reconocerse y abrir conversación.

A lo largo del libro se muestra cómo, detrás de ese “querer más”, hay curiosidad, inmadurez y ganas de explorar el mundo. Y también cómo, poco a poco, se puede ir abriendo espacio a otra mirada: la de valorar las pequeñas cosas que nos pasan cada día, darnos cuenta de lo que ya tenemos y aprender a disfrutarlo.

Esta propuesta conecta de forma muy clara con la psicología positiva, que nos recuerda que el bienestar no depende tanto de acumular más, sino de entrenar el cerebro para prestar atención a lo que sí está, a lo que funciona, a lo que cuida y sostiene. No se trata de negar lo que falta, sino de ampliar la mirada.

Además, el libro pone el acento en algo fundamental: la calidad de las relaciones. La gratitud no se dirige solo a las cosas, sino, sobre todo, a las personas. A los vínculos que acompañan, protegen y dan seguridad. Y eso es algo que los niños aprenden no tanto por lo que se les dice, sino por lo que viven y observan en su día a día. Esta propuesta en este sentido enlaza con la psicología positiva, que muestra cómo la gratitud contribuye al bienestar emocional y fortalece los vínculos, la resiliencia y el sentido de comunidad, como señala la Asociación Americana de Psicología (APA).

Quizá el mayor valor del libro sea ese recordatorio sencillo pero profundo: que la gratitud no se impone ni se exige, sino que se aprende en la experiencia compartida. Y que, para acompañar a los niños en este camino, los adultos también necesitamos entrenar nuestra propia mirada.

Tal vez la pregunta que queda después de la lectura sea esta:
¿estamos ayudando a nuestros hijos a fijarse en lo que de verdad importa y a disfrutarlo, o seguimos atrapados en la lógica del “más”?

Si te apetece leer ¡Un millón de gracias! Cómo disfrutar del presente y agradecer lo que tenemos y tenerlo en casa como recurso para acompañar a los niños en la gratitud y la valoración de las pequeñas cosas, puedes encontrarlo aquí:

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Otros títulos de la colección “Cuido mi mente” reseñados en Mamá Psicóloga Infantil

Portada del libro ¡Ya no me aburro!

¡Ya no me aburro!

Álbum ilustrado que aborda el aburrimiento y la impaciencia infantil desde una mirada respetuosa y realista, poniendo el foco en la imaginación como recurso interno. Incluye un apartado final dirigido a madres y padres con orientaciones claras y sensatas para el acompañamiento adulto.

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