
Cuando dormidos en la casa , la primera noche sentimos un vacio en nuestra vida, el silencio nocturno era aterrador, veníamos de un lugar de ruidos y no entendiamos como se podía dormir sin escuchar nada sólo nuestra respiración...
Cuando ya aprendimos a disfrutar tal maravilloso evento, descubrimos el sonido del ruido-roer , que no era otro que miles de ratones y ratas hacíendo ruido con sus uñas,intentando abrir agujeros para llegar a posibles alimentos y alcanzar más lugares de madriguera, compartian el techo del hogar, hasta que dimos con la solución que no era otra que cerrar agujeros por donde se cuelan y forman sus viviendas.
Pasó el tiempo y nos hemos acostumbrado a disfrutar el silencio y la falta de ruidos, en ese bello lugar sólo se oyen pájaros, perros, gatos , algún tractor de cuando en vez.
Algún tiro que otro en tiempos de caza y el sonido magistral de la lluvía al caer o del viento al enfadarse, las tormentas maravillosas y temibles a la vez, son los únicos sonidos de ese paraiso terrenal.
Disfrutar del silencio, aceptarlo sin miedo, escuchar lo que acontece, estar atento a las cosas que ocurren, detectar algo que va a suceder por el sonido, todo esto que era la esencia humana por naturaleza se ha perdido en los grandes pueblos y ciudades.
Han perdido el silencio y el sonido de la naturaleza.
Utrella!!!
