Echo de menos a Jesús Fuentes, como dentro de muchos años echaré de menos a John the Minor para comentar estas cosas. Ando a ratos con el libro sobre El relato nacional, de Pepe Álvarez Junco y de su discípulo. El libro destruye muchos mitos. Ahí está el tema de la "oposición nacional" a la romanización. No hubo tal. En su lugar, este primer párrafo: "Contradice, desde luego, esta imagen de enfrentamiento contra los ocupantes el hecho de que la romanización fuera rápida y profunda. Hay indicios de que, al finalizar el siglo I d.C., el latín ya se había convertido en lingua franca peninsular. Los hispani, por otra parte, se integraron desde el principio en el ejército romano, como tantas otras poblaciones sometidas —posiblemente más, dada su reconocida belicosidad—. En los cinco siglos siguientes, de paz y prosperidad excepcionales, quedó fundada la práctica totalidad de las ciudades españolas y portuguesas actuales (con raras excepciones, como Madrid o Bilbao), con sus foros, templos, anfiteatros y circos. Se construyeron varios miles de kilómetros de calzadas, que habrían de ser las principales vías de comunicación de la península durante al menos todo el milenio posterior al desplome del Imperio de Occidente."
Y los romanos de origen hispano, ¿qué? Pues esto: "Desde el edicto de Caracalla en 212 d.C., los hispanos fueron ciudadanos romanos. Y hubo ilustres hispanos, nacidos casi todos en la Bética, que desempeñaron papeles de primera importancia en Roma antes y después de esa fecha, como Trajano, Adriano, Teodosio, Columela, Marcial o Séneca. En ninguno de los escritos o testimonios de estos personajes, u otros notables locales de la época, se encuentran rastros de identidad «hispana» ni expresiones de orgullo patrio diferente al romano provincial."
