Revista Cultura y Ocio

un sendero en condiciones

Por Aceituno

Decía Tarrasch, uno de los mejores jugadores de ajedrez de la historia, que “no es necesario jugar bien al ajedrez. Basta con hacerlo mejor que tu oponente”. Interesante frase que podemos aplicar a todos los deportes. Viene a decir que lo importante es ganar. En ese debate eterno entre la estética y el resultado, Tarrasch se posiciona claramente a favor del resultado, algo que resulta curioso siendo el ajedrez uno de los deportes más bellos que existen.

Este debate está presente en todos los deportes, sobre todo en los más populares y tiene adeptos de todos los colores en ambos bandos. Ahora bien, en la vida real no sé si tiene cabida esta discusión porque lo importante no es ganar, puesto que no existe un adversario claro (de haberlo creo que sería la muerte y contra ella hemos perdido antes de que empiece la partida, así que tampoco existe debate alguno). Lo importante, decía, es participar, o sea vivir. Justamente al contrario de como lo ven muchas personas para quienes, en el deporte, lo importante es participar y en la vida lo importante es ganar y se toman las cosas realmente como una constante competición contra los demás.

Déjense de tonterías, compañeros, que lo importante es participar, sin más. Dejen el asunto de ganar para el deporte, para la competición. En la vida no hay que llegar antes a ninguna meta ni conseguir más puntos que tu adversario, ni nada parecido. El entrenamiento es la propia vida, de manera que mientras entrenamos ya estamos participando en el juego.

Juego sí hay. Constantemente estamos jugando o, más bien, deberíamos estarlo. Las reglas del juego son las reglas de cada situación, las reglas de cortesía, sociales, de educación, las reglas propias de cada lugar donde nos encontremos y de cada cosa que estemos haciendo. Y en este juego de la vida, sí me parece que la belleza juega un papel fundamental. Aquí sí que deberíamos aspirar a trazar un camino vistoso y colorido, adornado con tirabuzones y guirnaldas, un camino festivo, sencillo y divertido, amable y con suaves curvas.

El camino que seamos capaces de trazar puede ser seguido por otros que vengan detrás, ahora o dentro de unos años, así que mejor que sea digno y no nos avergoncemos de él. Si cada uno echa la vista atrás y recorre partes de su camino con la memoria, seguramente descubrirá que algunos recodos resultan intransitables por feos y antipáticos. No quisiéramos que nadie viese esa parte de nosotros, esa faceta oscura y fría que a veces sacamos a relucir pero que en el fondo nos avergüenza.

Al escribir esto siento frío. Recuerdo algunas partes de mi camino y me dan ganas de llorar de rabia y de impotencia. Por eso a partir de ahora sé que debo redoblar los esfuerzos y trazar un sendero en condiciones. Para no sentir frío cuando lo recuerde dentro de un par de años.


un sendero en condiciones


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