Por Hogaradas
Esta mańana he salido de casa pisando un suelo cuajado de corazones, sencillos corazones recortados en papel de periódico, los mismos que poco antes, Carlos, más sorprendido que yo, había intentado sortear tímidamente, por miedo a romper su armonioso desorden.
Mi salida ha sido diferente, como distintos somos nosotros, así que he camino por encima de ellos sin ningún temor, al contrario, disfrutando de lo acolchado de un suelo loco, tanto como es el amor. Mientas los pisaba se movían de aquí para allá, e incluso uno hizo un pequeńo amago de salir tras de mí, aupado por el aire que provocaban mis movimientos, y mientras cerraba la puerta pude verlo, asomándose con timidez, sin saber muy bien si salir o quedarse, hasta finalmente la cerré y lo dejé ahí, entre todos ellos, esperando para recibirme otra vez a mi regreso.
Es cierto que cualquier día es bueno para celebrar el amor, más bien diría que todos y cada uno de los días en los que somos agraciados por tenerlo, deberíamos reconocer esa ventura y celebrarla como tal, pero el día de hoy también lo es, y no hacen falta nada más que unos sencillos corazones para saber que estamos enamorados y gritarlo a los cuatro vientos.
Recuerdo nuestro primer San Valentín juntos, aquella mańana en la que encima de la meseta de la cocina me encontré con una pequeńa caja adornada con un hermoso lazo, y dentro una bonita pulsera de plata. Me pareció tan hermoso y disfruté tantísimo de aquella inesperada sorpresa, que todavía hoy, al recordarlo siento un cierto cosquilleo que recorre todo mi cuerpo, como en aquel instante, hace ya unos cuantos ańos.
Muchos fueron los ańos en el que el día de los enamorados pasaba por delante de mis ojos en forma de rosas que algún enamorado llevaba en su mano para entregar a su amada, será por eso que me gusta el Día de San Valentín, porque ahora yo soy una de esas amadas, porque mi corazón palpita con más fuerza que antes y porque tengo la suerte de tener a mi lado a alguien que se encarga de demostrarme lo mucho que me ama, día tras día.
Mis corazones, los nuestros, estarán todo el día revoloteando por nuestra casa, mientras haya el más mínimo soplo de aire que vaya envolviéndolos suavemente y haciéndolos girar y moverse de un lado a otro, a su antojo, unos sencillos corazones recortados en papel de periódico, pero sin duda la alfombra más hermosa que jamás haya adornado nuestra casa.
