Revista Viajes

Una Casa de Piedra en Finisterre

Por Martineznotte Alejandro Martínez Notte @martineznotte

Todos los rincones de la Bretaña francesa son dignos de mención. Han sido escenario de películas memorables, o inspiraron a escritores trascendentes. Pero descubrir Kerlouán, en Finisterre, es aún más atractivo por lo desconocido del paraje.

Hay que comprender que, aún cuando se trata de Francia, todo en la Bretaña remite a la cultura anglosajona, aunque con los tintes propios del país galo. Eso explica que, para los franceses, Kerlouán esté enclavada en el corazón de lo que ellos denominan Pays Pagan, es decir, país –o nación- pagana.

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Pues bien. La Casa de Piedra que allí puede apreciarse, parece salida de alguna fábula. Incluso, a juzgar por su tamaño, una en la que los protagonistas sean animales medianos que viven en un bosque encantado, para ser exactos. Depende de dónde se mire, puede que la confunda con una roca más.

Sin embargo, no hay que dejarse engañar. Escondida entre peñascos que ocupan toda la costa de este borde de la aldea de Meneham, o Menez – Ham, la casita es, en verdad, una vieja capilla. Su nombre es Pol, y fue construida en el siglo XVI, y luego reconstruida en el 1800. De más está decir que está hecha de piedra.

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Las leyendas del lugar son extraordinarias. Dado que se trata de una zona de entrada y salida de barcos, se dice que allí, los moradores de antaño, provocaban naufragios con el objeto de robar la mercancía que las naves cargaban.

Se supone que, escondidos entre los peñascos, los habitantes de Kerlouán atraían a los navíos hasta la costa, donde los hacían encallar, para luego asaltarlos y hacerse del botín. Al recorrer la playa, ver la pequeña construcción actualmente en pie, y mirar hacia el mar brumoso, es imposible no creer en lo que se oye.

Desperdigadas en toda la zona, hay casas hechas con la misma roca granítica, pero con techos de chamizo, es decir, se trata de chozas cuyas paredes son verdaderamente fuertes, pero sus techos parecen confeccionados con paja.

Si se decide a conocer la Casa de Piedra, considere, amigo viajero, la posibilidad de que, todavía hoy, los pescadores del pueblo quizá recuerden, y transmitan oralmente, las historias sobre infinitas batallas libradas en ese escenario.

Las tribus bárbaras o paganas que intentaron, sobre todo en el período de Roma, dominar esta parte de Europa, cuya ubicación estratégica permitía obtener dinero de los corsarios piratas, les habrán dejado sus huellas.


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