Revista Cultura y Ocio

"Una casa sola", novela de Selva Almada

Publicado el 15 abril 2026 por Juancarlos53

«Abrí los ojos a una mañana que presentaba poca novedad. El aguaribay florecido ardía de abejas. Las gallinas escarbaban el suelo buscando lombrices. Una pollita joven desenterró un cordón de zapatilla y armó tal alboroto que las otras la persiguieron para robarle el botín. La Miní apareció entre los pastos; tan blanca y con las costillas marcadas, la galga, que si no fuera la pura luz del día, diría que no era un perro sino el ánima de un perro. Arrastraba un lagarto overo y el olor a sangre atrajo a sus cachorros. Pero la capitana rancha sola: les tiró unos tarascones y comió triturando cuero, huesos, carne, hasta hartarse. Después se echó a la sombra del tala y dejó que los hijos se prendieran a las tetas»

 Llegué a la última y magnífica novela de la argentina Selva Almada vía Leonardo Padura y la espectacular reseña que de la obra publicó el mes pasado en Babelia - El País. Esta vez la lectura la he realizado en un soporte distinto al habitual, la he realizado escuchándola. No suelo practicar esta modalidad de lectura, pero resulta que al bajar en préstamo la obra en eBiblio no me di cuenta de que el formato era audio. Bueno, en fin, me dije, no es la primera vez que escucho una novela en lugar de leerla, así que admití el préstamo. Y lo admití entre otros motivos porque la novela Una casa sola de Selva Almada está solicitadísima. Yo mismo tuve que esperar cerca de dos meses para que mi petición fuera atendida. Así que lo tenía claro, esta vez iba a escuchar en vez de leer. Y así lo he hecho.
Habría mucho que decir sobre las ventajas e inconvenientes de esta modalidad lectora hoy tan en auge. Todo, pienso, es cuestión de hábito y gusto. Tengo conocidos que me confiesan usar este formato con frecuencia, que les agrada. Vale. En mi caso no me convence demasiado porque no me permite detenerme, regodearme en las propias palabras, disfrutarlas, volver  atrás de inmediato en la frase recién leída si deseo volver a leerla y cosas así. Tampoco me convence en el caso de los audio-libros la pérdida (al menos yo la pierdo o me pierdo), o no constatación, del fin de una secuencia e inicio de la siguiente al no tener el texto escrito delante.
Cuando comencé la audición de Una casa sola  tuve una sensación negativa porque en la novela abundan los argentinismos, algunos de fonética desconocida para mí, cuyo sentido muchas veces se me hacía por demás difícil de encontrar. La primera secuencia o capítulo de la obra es además de las que tienen más duración (19 minutos). Puse voluntad y ganas de encontrarme a gusto porque la autora es una de mis favoritas y, sin haberme enterado en su totalidad, sobreviví a este primer contacto con el contenido de la obra. Volví a "leer" los 19 minutos del primer capítulo y ya me fui encontrando mejor y mejor. A mi satisfacción contribuía mucho la dicción perfecta de la locutora de la novela, Mara Campanelli, mujer argentina como Selva Almada, que sabe dar la entonación justa a las distintas frases que conforman el texto. La voz de Mara le va a la historia como anillo al dedo. Si al principio se me hizo algo difícil la intelección, el ritmo, el tono, la musicalidad tan argentina de la actriz de voz, según que avanzaba la historia y pasaban las secuencias narrativas (30), me iba gustando más y más. Yo tenía la ventaja de ya ser conocedor del estilo narrativo de Selva Almada (leí y reseñé 'Ladrilleros' hará cosa de seis años) y los argentinismos que pueblan el relato, los nombres de animales y plantas tan de allá, y otras cuestiones semejantes, aun sorprendiéndome, no me han impedido disfrutar muchísimo de la novela.
 Estamos ante una voz narrativa en primera persona a la que no estaba yo acostumbrado y pienso que al igual que yo tampoco lo estarán muchas otras personas. Y es que quien protagoniza el relato, quien nos cuenta su propia historia es un ser inanimado, una cosa, concretamente la Casa. Es una casa en medio del bosque (el espinal) que se ha ido haciendo por unos y por otros desde tiempos muy antiguos (se habla del asesinato de un general y dictador del país que se produciría -no se identifica el momento aunque sí el lugar, la Posta de San José, en la novela- en 1870. Ya por entonces, cuando el asesinato del general Justo José de Urquiza, cuyo nombre no aparece, la casa que protagoniza el relato ya estaba en pie, si bien sólo era un chamizo, un refugio en el bosque, apenas cuatro paredes y una techumbre hecha de ramas. Luego quienes la fueron habitando y usando la hicieron crecer a lo alto y a lo ancho según sus necesidades. Especialmente se habla de una familia -los Lucero- que la habitó varios años mientras que el hombre Damián, trabajaba de peón para un patrón y la mujer, Lorena, limpiaba en la casa de la Maestra y luego atendió a la mujer enferma del propio patrón. Esta familia estuvo en ella al menos cuatro años durante los cuales nacieron sus hijos y la Casa fue más casa que nunca, un verdadero hogar, pues albergó por primera y única vez a una familia.
Junto a los Lucero transitan por Una casa sola otros personajes: soldados (milicos), policías (canas), una banda de hombres desarrapados y hambrientos, aparecidos que en la noche deambulan por la casa y las habitaciones donde duermen los gurici (los chicos) de Damián y Lorena. Pero también hay personajes que tienen individualidad propia como la Grinja que aunque como otros sea un personaje fantasmagórico del pasado en el relato cumple la función de evocar la tragedia y el dolor en contraste con la vida cotidiana de los Lucero; el Cortito, así llamado por haber perdido las piernas en la guerra de las Malvinas, es un personaje de la actualidad que está al volante de una de las máquinas que, en torno a lo que queda de la casa, está desbrozando el lugar, allanándolo, seguramente para abrir claros en el bosque y dedicarlos a la agricultura [a puntos de publicar esta reseña leo una entrevista con la escritora que habla del proyecto frustrado de construcción de un aeropuerto]; la Curandera a la que visita el Cortito con frecuencia entra a conformar y abundar en ese aspecto mágico y de fábula que desde antiguo acompaña a la Casa y a todo lo que la rodea; y la Tata, madre de la Lorena y abuela de los niños, que al desaparecer toda la familia se presenta en la casa con policías e investigadores para intentar dilucidar qué fue lo que pasó, algo que no se llega a conocer. Es esta Tata un referente claro a esas otras mujeres de la plaza de Mayo, madres y abuelas, que incansables buscaron a sus hijos y nietos desaparecidos.
Importante, muy importante, es también el tiempo, el cual transcurre en Una casa sola de manera imperceptible, pero implacable. En la novela Selva Almada no establece una cronología clara, tan sólo proporciona  apuntes indiciarios (muerte de un general y dictador, soldados que hablan de Malvinas, máquinas que desbrozan, leñadores que con sus hachas tumbaban árboles en el espinal cuando la Casa no era más que cuatro paredes...). Esta temporalidad imprecisa, inasible, contribuye a crear un ambiente narrativo que en gran medida, y como comenta Leonardo Padura, recuerda bastante a Juan Rulfo. Con todo vemos, aunque sin saber con precisión cuándo, que la casa comienza a existir, que crece, que un día alberga una familia en su interior, que de la noche a la mañana se queda vacía, que comienza a ser invadida por las plantas del bosque y finalmente que apenas si se la distingue 
«Sigo en pie como esas viejas muy viejas: de pura empecinada no más [...] Vista desde arriba, ya nadie podría distinguirme».
Es la naturaleza la que marca el decurso temporal. Concretamente en la obra no son los humanos quienes dan más información sobre el tiempo transcurrido, sino los perros durante la época de los Lucero: la galga Miní que a la Casa le recuerda a la Sultana que tanto gustaba a los gurici de los Lucero y que precisamente es la que nota la falta de éstos en la casa; y luego también es el Tala (árbol) quien según la estación («el tala se expurga las hojas muertas con disimulo») junto a la Casa marcan el paso del tiempo   («el tala y yo somos hermanos de leche [...] aunque hace ya tiempo que me pasó en altura»). Siempre un tiempo impreciso («un chaperío relumbrante es todo lo que queda de un galpón que ha sucumbido a las tormentas, cuánto hace, quién sabe, [...]»). Un tiempo que pasa, que vuelve, que parece acabarse, pero que de nuevo renueva lo que semejaba estar muerto. El eterno retorno, la sensación de siempre lo mismo, lo inacabable y a la vez finito, la anulación del tiempo...
«El aire tibio se perfuma de pomeas. Nadie viene ya, ni siquiera la Tata. Sigo en píe, sola, desde que se fueron los Lucero.»

Una casa sola, fábula, novela mágica

(fotografía tomada de Babelia-El País del 12/3/2026)

La prosa de Selva Almada rebosa poesía por sus cuatro costados. Es de una belleza increíble. A las imágenes atrevidas se suman los vocablos propios del habla popular de la zona donde se ubica de manera imprecisa la acción, o sea la provincia argentina de Corrientes colindante con el Paraguay. Al ser audible el formato en que he leído Una casa sola no me ha sido fácil tomar apuntes claros de términos utilizados. Muchos vocablos son semejantes a los que ya señalé en mi reseña sobre "Ladrilleros" (ver reseña aquí), pero otros muchos son propios de la zona (el litoral) donde viene a situarse esta protagonista sorprendente, la Casa que está siendo asfixiada por la Naturaleza de la zona. A continuación algunas frases hermosas que he podido retener en la memoria:
  • Las alarás cavando sus túneles en la madera
  • La madrugada se llenó de olor a sangre y calostros 
  • Despelote de estrellas en la noche. La luna poniendo a parir a las bestias del monte.
  • ¡Pucha, que eres arisca!
  • Pavor de las madres a la muerte blanca
  • Olor a bicho enojado y corrupto
  • El gurí chico creció como un chucho guacho
  • El patrón a Lucero le pagaba de a puchitos
FinalUna novela muy interesante en estructura, lenguaje, asunto, y procedimientos narrativos que a los buenos lectores, aquellos que no se conforman con la mera historia sino que buscan en los libros algo más (mucho más en ésta), les entusiasmará.


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