- Es una medicina -me decía, cuando la miraba.
Este autobús huele a farmacia. A cajas y cajas blancas y azules de compuestos químicos y drogas controladas para luchar contra el tiempo, a pañuelito estrujado empapado en mejunje sanador y a limpieza luminosa de quien hace, por fin, la última ronda en el autobús de la noche... Huelo agudo, mentol, verde, al interior del dispensario de las chicas del final de la calle, tan amables que siempre acudo a ellas para mis cajas de paracetamol.
