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Una felicidad que se desvanece

Publicado el 27 octubre 2013 por Jesusteatrero @jesusteatrero
Una felicidad que se desvanece

Michel Gondry es un director francés con un estilo visual único, ejemplo de ello puede ser Eternal Sunshine of the Spotless Mind, es clara su influencia en la industria siendo uno de los directores de vídeos musicales que se traspasa al mundo cinematográfico, como le ocurrió a David Fincher o Spike Jonze. Boris Vian autor francés de La Espuma de los Días entre otras novelas, es un novelista claramente influenciado por la música jazz. Estos dos franceses se unen para crear la adaptación de la novela más famosa del autor, una obra orgullosamente surrealista, llamada inadaptable, pero con las nuevas tecnologías y una mente creativa tan especial como la de Gondry, se pudo hacer realidad el sueño creado por Vian.
Una felicidad que se desvanece
Solamente hay que ver imágenes de la película para comprender a que nos enfrentamos, el alma de la novela original se encuentra aquí, en su mayoría es una obra adaptada al pie de la letra con una serie de excepciones lógicas para que la duración no fuese demasiado larga. A partir de aquí dejamos aparcada la novela para centrarnos en el metraje en si. El estilo del film es la película. Sonará ambiguo, pero es una realidad, para poder captar todas las enseñanzas de ella debes adentrarte y analizar este tipo de narrativa surrealista. Preguntarte ‘¿Por qué?’ y no cerrar rápidamente tu opinión de ella llamándola vacía cuando es, realmente, todo lo contrario.
Una felicidad que se desvanece
Una de las virtudes de La Espuma de los Días es la capacidad de contarte una historia no desde la perspectiva lógica de los personajes, si no desde la visión sentimental de ellos. El mundo creado es pura estética, porque esta es el estado de ánimo de los protagonistas, no es como puede parecer de primera una visión del psique de ellos, al contrario, dependiendo de la naturaleza los personajes se transforman. Como puede ser por ejemplo la "enfermedad" de Chloé, es puramente creada por la naturaleza y no por una elección suya. Además con esta creación sensitiva permite abrir la puerta a una evolución gráfica de como el mundo se corrompe, como la felicidad que sienten los personajes en un principio es arrastrada por el mal de una enfermedad. El film de Gondry consigue, no hacerte escuchar lo que piensan los personajes por los sucesos acontecidos, si no verlos y sentirlos con ellos. Esta es una de las transiciones más increíbles que podrás ver en el cine reciente, un portento visual y sentimental digno de alabanza. No hay que pasar por alto la cinematografía de la película, unos magníficos planos que con unos efectos especiales y un apartado visual grandioso respecto a su colorido en un principio, y posteriormente cuando estos se van apagando a medida que sucede la trama, puramente melancólico. Un apartado impecable.
Una felicidad que se desvanece
La autoría del dúo francés y su particular estilo, funcionan como un arma de doble filo. El universo onírico presentado puede resultar desagradable al espectador, es un mundo realmente arriesgado y puede ser duro para el espectador que no lo acepte, sobretodo durando unas dos horas en las que puedes encontrar elementos visuales hechos para adornar y otros con una explicación metafórica. Abrazado al surrealismo, puede parecer en algunos momentos como poco, ridículo. Esos momentos pueden permitirte desconectar del cuento ideado por Vian para sentir vergüenza por la puesta en escena. Básicamente o lo odias o lo amas. La película te pondrá algunas trabas si no conoces la novela original, sobretodo con la temática jazz en ella. Ya que el alma de la obra no deja de ser influenciada por este estilo musical, ya sea por la referencia a Chloé de Duke Ellington, siendo llamada por el escritor una pista de cómo seguirá la historia a ritmo de esa misma canción como la multitud de referencias a famosos compositores.
Una felicidad que se desvanece
Hablando del jazz, cabe destacar que es uno de los temas tratados, pero por supuesto la película no es solamente un ejercicio de estilo. Ante todo es una obra que trata el amor desde tres perspectivas, tres formas distintas de amar a una persona. Colin y Chloé representan el amor mas sentimental y puro, Chick y Alise el amor imposible, por ultimo Nicolás e Isis el amor carnal. Es como la fragmentación de dos personajes tan conocidos como Romeo y Julieta, ya que su idea de amor se basa en la unión de esas visiones del amor juvenil. También trata el trabajo como una degradación del hombre acercándose mas a volverse una máquina en servicio de los empresarios crueles. La fantasía de la historia como lo irreal no deja de ser un tema donde el tiempo puede ser trastocado, los momentos tristes para el ser humano se hacen más largos que los felices por poner un ejemplo, es el entorno devorando a los personajes y moldeándolos a su antojo transformando su felicidad en tristeza. A la religión viendo sus dos caras, cuando el individuo es pobre y cuando es rico, la hipocresía a la máxima potencia. Por último y no menos importante está el tema de la popularidad, una parodia de los mitos que se crean a personas normales exagerado hasta la locura, profundizando en la idea de la estrella que haga lo que haga, será alabado y sobretodo la estupidez del público, admirando lo vacuo.
Una felicidad que se desvanece
Una obra tan imperfecta como bella. La propia película es un sueño de la mente de dos creativos franceses, esta no te mentirá prometiéndote algo que no es, es un film honesto y arriesgado de principio a fin. Una experiencia de la que puedes aprovecharte y vivir ese camino con los personajes o quedarte a la puerta quejándote del poco sentido de la misma. Mas vale abrir tu mente para unas dos horas únicas que solamente la unión de dos mitos culturales pueden conseguir.
Una felicidad que se desvanece
Nacho Vázquezredactor de La Llave Azul



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