
El cineasta neoyorkino Will Gluck parece sentirse muy cómodo en la comedia, dado que su filmografía se inserta al completo en dicho género. Ha tenido la fortuna (o la habilidad) de contar con intérpretes populares y atractivos, sobre todo para el público juvenil, lo que a buen seguro le ha ayudado a alcanzar notables resultados en las taquillas. “Rumores y mentiras” (2010), protagonizada por Emma Stone; “Con derecho a roce” (2011), junto a Mila Kunis y Justin Timberlake; la versión de “Annie” (2014), con Cameron Díaz y Jamie Foxx; o “Cualquiera menos tú” (2023), cuyo elenco encabezaron Sydney Sweeney y Glen Powell, conforman un ramillete de películas más o menos similares y con ese tono ligero, insustancial y divertido que se acomoda perfectamente a estos tiempos estivales. Ahora reincide en los aciertos y en los errores de sus anteriores trabajos con “Una noche al año” (One Night Only), sin mostrar reparos por el hecho de que se le encasille en este tipo de propuestas redundantes y repetitivas. Dichas comedias, a las que con tanta facilidad se califica de románticas, reúnen a millones de devotos espectadores que las visionan con agrado. Yo mismo, en algunos casos, he visto infinidad de veces “Cuando Harry encontró a Sally” o “Algo para recordar” y continuaré haciéndolo, aunque considero que estos filmes de finales de los ochenta y principios de los noventa se hallan a años luz de cualquier cinta de Gluck. “Una noche al año” contiene cierto encanto capaz de engatusar, si bien su guion, gracia y comicidad no pasan de mediocres. Más allá de su absurda premisa inicial (una ley prohíbe el sexo extramatrimonial durante 364 días al año y concede una única jornada anual para un desenfreno libre de ataduras y que ha llevado a publicistas y responsables de marketing a considerar tal propuesta como una especie de “La purga” en la esfera sexual), la trayectoria del realizador se torna a estas alturas muy previsible y carente de interés. Pese a una duración que apenas sobrepasa la hora y media, es imposible dejar de mirar el reloj durante varios momentos del metraje, confirmando los peores presagios de ausencia de entretenimiento. Su supuesta originalidad radica en la extravagancia de la trama, pero, allende el indudable gancho de sus protagonistas, el relato pierde fuerza demasiado pronto. En cuanto a la parte que refleja el control social y la represión estatal de los niveles de intimidad, al margen de rozar lo descabellado, no combina adecuadamente con el aspecto sentimental de la narración. Lejos de llegar a entender si se trata de una crítica, una sátira o un mero pasatiempo, el largometraje defrauda en su conjunto. No obstante, procede salvar y hasta destacar tanto a Monica Barbaro como a Callum Turner. La primera ya ha estado nominada al Oscar por su excelente actuación en “Un completo desconocido” y ha disfrutado de las mieles del éxito de la recaudación con “Top Gun: Maverick”. Logra rescatar varias escenas gracias a su presencia e interpretación. Él, a su vez, ha participado en varias entregas de la saga “Animales fantásticos” y en otros títulos como “Canción de Nueva York” o la versión de “Emma”, de Autumn de Wilde. Da la réplica adecuada a su compañera de reparto. A cargo de papeles secundarios les acompañan Maya Hawke (hija de los actores Ethan Hawke y Uma Thurman, y vista en la serie de televisión “Stranger Things”), Molly Ringwald (icono ochentero tras sus intervenciones en “El club de los cinco” o “La chica de rosa”) y Julia Fox (“Diamantes en bruto”).
