
"Figúratelo: ¡en 1925, el octavo año de la Revolución, un atasco en Moscú! Toda la calle Nikólskaya -que va de la Lubianka a la Plaza Roja a través del corazón de Kitai-Gorod- invadida de tranvías, carros y automóviles. Al lado del restaurante Bazar eslavo descargan de un carro cajas de pescado fresco. Bajo el arco del pasaje Tretiakov se oyen relinchos de caballos, bocinas de camiones. La policía, a toque de silbato, corre hacia la escena, pero es un toque de silbato ingenuo, como si aún no estuvieran convencidos del todo de su papel estrictamente civil y no político, esto es, un papel completamente normal."
Los que me seguís en las redes sabéis que tenía muchas ganas de la reedición de este título, así que poco os extrañará verlo en mi estantería virtual. Hoy traigo, por lo tanto, a mi estantería virtual, Una saga moscovita.
Viajamos a Rusia, a ese periodo comprendido entre la muerte de Lenin y la de Stalin, para conocer a la familia Grádov, acomodada, casi burguesa. El padre de familia es Boris, III en realidad, un médico de conocido nombre que llegará a servir en el ejercicio de su profesión a las mas altas esferas de poder. Vive en su casa junto a su esposa y sus tres hijos: Kiril, de fuertes convicciones políticas, Nikita, oficial del ejército de impecable trayectoria y Nina, la poeta librepensante. A través de esta familia y de todos aquellos que llegan a rodearla, el autor nos dará un retrato de la historia de Rusia en ese momento en que vivieron el terror y deterioro de una utopía política ya conocida por todos.
Cuando un libro tiene 1200 páginas y es comparado con Guerra y Paz, muchos lectores parecen acobardarse. No es sólo por su extensión, sino también por la comparativa con un clásico decimonónico más conocido que leído por una gran mayoría de los lectores actuales. Sin embargo, cuando se dejan de lado estos prejuicios, muchas veces nos topamos con grandes historias. Y ese es justo el caso de La saga.
Dividido en tres partes, con una segunda y tercera cuyos títulos hacen una clara referencia al ya citado Guerra y Paz, como otras tantas referencias que podemos encontrar a lo largo de la historia, lo primero que nos sorprende es la ligereza en el tono elegido por el autor. No quiere decir con ello que le quite importancia a lo narrado, ni que no se tome en serio aquello que nos relata, aunque hay partes en las que destila un fino sentido del humor tan sorprendente como delicioso, pero sí que dota al libro de un dinamismo propio de la literatura actual que facilita, y mucho, su lectura.
Aksiónov en este libro, que parece ser fue concebido inicialmente como una trilogía que quedó finalmente unida bajo este título, utiliza a los miembros de una familia para relatarnos desde la cercanía de sus personajes la historia de un país. Los sitúa en los momentos justos, los álgidos de la historia, para convertir su saga en el cuadro completo de la realidad de un país. Y lo hace sin perder jamás de vista que nos está relatando la historia de una familia, llevándonos por una novela de esas que la gente dice "siempre están pasando cosas". Y ojo, hacer esto durante 1200 páginas en las que se intercalan, amores, traiciones, secretos, decisiones, miedos, titulares de prensa, viajes, incertidumbres y pasiones no es nada fácil. Y más aún conseguir que no decaiga el ritmo de la historia. Así conocemos a la familia en su dacha, un lugar seguro, y observamos como se ciernen los terribles años 30 sobre el país, con todo el miedo, la oscuridad y el terror que eso implican. Momentos terribles, la Guerra, el dolor, Siberia, todos ellos relatados ya en otras obras, quedan reunidos en una novela magistral en la que la particular forma de narrar del autor, consiguen transportar e incluso conmover a un lector que vivirá pendiente de un hilo las vicisitudes familiares.
Observamos a Boris, que llega a tratar al mismísimo Stalin, y lo vemos convertirse en observador de las vicisitudes de sus propios hijos. Y cómo tiene que tomar decisiones que podrían ser relevantes para la historia mundial, y es plenamente consciente de ello. El lector también sufre como observador; no desvelaré la suerte de los miembros de esta familia, pero si que es cierto que sufrimos la incertidumbre de no saber si serán elegidos para el exilio, víctimas de una de las purgas o conseguirán salvarse. Y esa incertidumbre, esa necesidad de saber, será la que nos lleve página tras página haciéndonos olvidar el grosor del libro, hasta ese momento en que la parte izquierda pesa más que la derecha y comenzamos a apenarnos al notar que se acerca el final de la historia.
La historia de los Grádov, que comienza durante la Revolución, se expandirá poco a poco entre allegados y descendientes para mostrarnos un país en el que parecía no suceder nada, en el que la gente parecía fingir que no sucedía cuando eran presa de una situación terrible. La angustia, la incertidumbre que tan bien refleja Aksiónov en el ambiente, son justo las que hacen mella en el lector que se ve trasladado a campos de batalla y de trabajo, a zonas de tortura y de exilio en un panorama con la sombra de la Guerra cerniéndose poco a poco, cada vez más cerca. Y en medio de este escenario; la crítica, la literatura, el sarcasmo y la erudición de un escritor que sabe escribir para todos los públicos, convirtiendo una obra magna en algo cercano y comprensible para cualquiera (mérito este también atribuible a la magnífica labor de traducción de Marta Rebón). No os revelaré la suerte de los hijos, ni tampoco la de los padres, ya que sería privaros de descubrirlo página tras página, pero si puedo garantizaros que no tendréis tiempo para el aburrimiento. Mención especial al final, no sólo por ser el broche perfecto, sino porque el autor no se resiste a poner su sello personal en forma de escarabajo consiguendo así la última sonrisa de un lector que, en mi caso, estaba anticipando ya el placer de una relectura.
Hay libros que se recomiendan con pasión, otros con miedo y, finalmente, hay un puñado que uno se tropieza de vez en cuando y puede recomendar sin reservas. Una saga moscovita pertenece sin duda alguna a estos últimos.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias
PD. Podría, que duda cabe, haber dado una opinión más sesuda comparando La saga con Guerra y Paz o Vida y destino, hablar incluso de obras de otros grandes literatos que se apoyan en familias cuyos apellidos son ya conocidos por todos. Pero si el Aksiónov ha sido capaz de lograr que parezca fácil lo más difícil, no voy a ser yo quien envare una opinión con intrincadas comparativas.
