
Lo que más me gusta de la mar es que en cinco minutos puede cambiar de aspecto como un camaleón. Una ola rompiendo sobre unas rocas o un rayo de sol que pinta las nubes durante solo unos instantes y parece que nos encontramos en un sitio nuevo.

En una tarde de lluvia, como todas las que estamos teniendo desde hace un mes, el cielo se abrió un instante y me dejó disfrutar de imágenes como estas, cuando las olas cubrieron de espuma blanca las rocas negras de Verdiciu y las nubes grises se volvieron rojas y moradas.
