«Mi señor, no te precipites. Al darme a ti en herencia, tu padre te ha hecho un gran servicio. No importa que tus hermanos hayan heredado tierras y molino y tú solo una parcela, una moneda y a mí, porque yo soy el mayor tesoro de tu familia.
Mi ingenio no tiene límites, y ya tengo en marcha un plan ideado para que seas noble. A partir de este día se te conocerá como el Marqués de Carabas, y voy a hacer de ese nombre uno que no va a tener parangón en esta comarca. Te garantizo, Juancillo, que en menos de un mes serás señor de muchas tierras e, incluso, vas a casarte con la princesa de este reino. Con el paso del tiempo el rey se hará viejo, y tú le sucederás en el trono. Todo lo que te pido a cambio es un par de botas y un zurrón comprados con tu moneda, y que tengas confianza en mí.
Solo debes hacerme caso y seguirme el juego. Escucha mi plan y no penes más por lo exigua de tu herencia. Mañana llevaré una liebre al rey de parte del Marqués de Carabas, pasado dos perdices. Me ganaré la confianza de los soldados, y averiguaré cuando nuestro bien amado monarca salga de paseo con su hija. Te quitarás los harapos y te meterás al río, y cuando su carruaje pase daré voces que el Marqués de Carabas se ahoga. Como ya habrá oído de ti, el rey te dará elegantes ropas y querrá visitar tu palacio, mientras la princesa te hará ojitos.
¿Qué no tienes castillo? Juancillo, hijo mío, deja eso también en mis zarpas. Me adelantaré hasta las tierras del ogro, y les diré a los campesinos a mi paso que te vitoreen como el Marqués de Carabas si quieren librarse del yugo de la bestia. Esto impresionará al rey. ¿El ogro es fiero e invencible, dices? No te aflijas, eso ya lo tengo pensado.
El ogro es invulnerable, sí, pero vanidoso. Con él voy a hacer lo que mejor se me da: engatusar. Como puede cambiar de forma, le alabaré para que se convierta en un gran león, y temblaré como una hoja cuando lo haga. Pero luego diré que eso es muy fácil, que difícil en verdad es hacerse más pequeño. Picado, me dirá que puede transformarse en cualquier cosa.
Y entonces, Juancillo, vendrá el paso final de mi plan: haré que el ogro se vuelva un ratoncillo, y me lo zamparé. Así, cuando el rey, la princesa, el séquito y tú lleguen al castillo, este será tuyo y solo tuyo, con todas sus riquezas y siervos. De ahí a que la princesa se case contigo, hay nada más un paso, y ya tengo un plan para ello. ¿Ves cómo tengo ya tu vida arreglada, chiquillo? ¿Ves que soy la mejor herencia que tu padre pudo darte?»
«Calla, gato tunante. Harto estoy de tus patrañas y embustes. Muy bonita has arreglado mi vida a base de mentiras, para librarte de tu suerte y de paso robar mi moneda. Pero mi padre dejó una herencia más valiosa que tú: me enseñó que en la vida todo se puede lograr con talento y trabajo duro. Así que, gato, no protestes más y a la cazuela. Tengo hambre, la moneda es para comprar semilla, y queda mucho por arar».
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