A la hora de elegir una de las principales características de Barcelona, obviando a Gaudí, el Barça y las tapas, la mayoría tienden a señalar el mar. Desde los Juegos Olímpicos de 1992 la ciudad de Barcelona se ha puesto de cara al mar. Pero para mí es tanto o más importante lo que ha quedado a su espalda, la Serra de Collserola, y dentro de ella lo que en su día fue un pueblecito enclavado en el fondo de un valle: Vallvidrera.
La Serra de Collserola es una cadena montañosa que separa el llano de Barcelona de la comarca del Vallès. La más alta de sus cimas es la del Tibidabo, a 512 metros de altitud. Esta sierra es eminentemente boscosa, con todas las especies animales y vegetales típicas del bosque mediterráneo, y por las características geológicas de su sustrato Collserola está llena de fuentes naturales de agua, la mayoría de ellas de curso intermitente, que depende de las lluvias. Se calcula que puede haber unas 250 fuentes. Poblada desde tiempos de los íberos o incluso antes, la Serra de Collserola contiene un gran patrimonio arquitectónico aparte del natural. En 1987 se estableció un plan de protección especial para mantener la estabilidad de los sistemas naturales y preservar la diversidad biológica y el patrimonio cultural y paisajístico de la Serra de Collserola, y en el 2010 toda la sierra fue declarada Parque Natural. También es denominada como " el pulmón de Barcelona ".
Vallvidrera se encuentra en la parte alta de Collserola, entre Sarrià y el Tibidabo, al pie de la torre de comunicaciones de Norman Foster (llamada Torre de Collserola), y parte del núcleo desciende al fondo de un valle en la cara norte de la sierra, alrededor de la iglesia de Santa Maria de Vallvidrera, de la que ya hay documentación desde año el 987. Vallvidrera fue un municipio independiente hasta el 1890, año en que se unió a Sant Vicenç de Sarrià, que a su vez se integró en Barcelona en 1921.
La ruta que propongo hoy es circular, empezando y acabando en Vallvidrera, y recorre parte de la Serra de Collserola visitando algunas de las fuentes más emblemáticas y algunos elementos destacables del patrimonio arquitectónico e histórico de Catalunya, y como colofón un pantano que muchos barceloneses desconocen. En total son entre 7,5 y 8km sin grandes desniveles y muy recomendada para ir con niños, que se lo pueden pasar muy bien. A lo largo del camino hay diversas zonas donde se puede hacer picnic.
Para mí la mejor época del año para hacerla es la primavera, después de que haya llovido y se hayan llenado los acuíferos con el agua de la lluvia. Si puede ser mejor ir entre semana o en sábado, ya que el domingo los caminos estarán bastante llenos, no solo de caminantes sino de ciclistas. Yo la he hecho en dos ocasiones, siempre a finales de mayo. En mi primera visita no registré track de GPS, por lo que el que he compartido al final del artículo corresponde a mi segunda visita, en que hice una variación sobre el kilómetro 3,6 tomando un atajo a la Font de la Budellera (el Camí de Baix) en lugar de seguir por la pista (el Camí de Dalt). Yo recomiendo seguir por la pista aunque sea medio kilómetro más y algo más de subida, pero ya lo comentaré cuando llegue el momento. La selección de fotos que documentan la ruta corresponde a la primera visita pero la he complementado con algunas fotos de la segunda. Y una vez hecha toda esta la introducción, vamos a entrar ya en materia.
Empezamos en el apeadero de Vallvidrera de los Ferrocarrils de la Generalitat. Es la parada Baixador de Vallvidrera de las líneas S1 (Rubí/Terrassa) y S2 (Sabadell) si vamos en este medio de transporte. Si vamos en vehículo propio podemos aparcar en las inmediaciones, pero mejor ir pronto antes de que se llene la zona de excursionistas. Desde la entrada de la estación subimos las escaleras y cruzamos las vías hacia el lado de montaña, para salir a una pequeña explanada desde la que salen varios caminos. Sobre una plataforma hay un plano tridimensional de la zona. Desde allí salen dos caminos, uno que sube recto hacia la Vil·la Joana y otro que sale por la izquierda hacia la Font Nova. Nosotros tomamos éste, el que sale por la izquierda hacia la Font Nova. El camino llanea entre una exuberante vegetación. Dan ganas de sentarse en un banco para disfrutar de la paz y del canto de los pájaros.
Cuando apenas llevamos poco más de 200 metros recorridos, a nuestra izquierda sale un pequeño sendero que nos lleva hasta la deteriorada Fuente Rosita.
Volvemos al camino principal y proseguimos. Un poco más adelante el sendero hace un giro de 180º a la derecha y nos encara a un pequeño espacio abierto presidido por dos enormes plátanos.
En ese espacio nos topamos con la Font Nova. A mi modo de ver se encuentra en un estado lamentable. Aún así el rincón es chulo.
Tomamos las escaleras que suben por detrás, que nos llevan a la Font Vella bajo la sombra de unos robles centenarios. El estado también me parece lamentable. Hay tanta sombra que tengo que forzar el ISO y tener buen pulso.
Seguimos subiendo las escaleras hasta que nos postramos delante de la Taula dels Bisbes, que es donde se reunieron los obispos catalanes con Jacint Verdaguer cuando vinieron a visitarle mientras ése se encontraba convaleciente de la tuberculosis que acabó con su vida. Algunos de los troncos de las encinas y robles ya se montan sobre los muros.
Justo aquí, frente a esta mesa de piedra, nace el bucólico Passeig dels Plàtans que lleva en línea recta hasta la Vil·la Joana.
Bueno, esta era la vista en el año 2013, porque la que me encontré en el 2015 es muy diferente. Espero que ahora esté mucho mejor.
Subimos hacia la izquierda, calle arriba, y pasamos frente al edificio del Centre d'Informació del Parc de Collserola. Delante hay una fuente en la que a veces gotea el agua. Siempre quise fotografiar el choque de una gota sobre una superficie de agua en reposo. Y como suelo hacer, sin trípode ni más parafernalias, sólo disparando en el momento justo... pero una y otra vez hasta que sale una más o menos bien.
La primavera lo llena todo de flores e insectos, y esto es la perdición de los amantes de la fotografía de macro. A falta de un objetivo macro específico, mi objetivo todoterreno me permite decentes "close-ups" cuando lo configuro con la máxima focal y la máxima apertura de diafragma.
No te pienses que las fotos de los insectos volando salen así a la primera. Son fruto de unos cuantos disparos al límite, como la de la gota de más arriba.
Más o menos a los 400 metros del anterior desvío llegamos al Torrent d'en Cardona en una curva cerrada a la derecha. En el punto más bajo sale un camino a la derecha. Nosotros seguimos recto, por el GR 92, en suave ascenso. Tras un giro a la izquierda se nos aparece delante la Torre de Collserola, la masía de Ca n'Estisora delante, y un enorme pino que surge del fondo como queriendo alcanzar la torre de Norman Foster.
A unos 500 metros del anterior desvío nos sale un sendero a la izquierda. Dejamos el camino momentáneamente y subimos por ese estrecho sendero. La subida se va hacienda más y más acusada hasta que a los 400 metros llegamos a la Font d'en Canet.
Dicen que el agua de esta fuente tiene propiedades curativas para males de hígado y de estómago.
Nos tomamos un merecido descanso en el banco de la fuente mientras contemplamos el entorno y disfrutamos del silencio, sólo roto por el canto de los pájaros, el viento a través de las hojas de los árboles, o el golpeteo de algún picapinos en un tronco.
Y hablando de troncos y de árboles, en la Font d'en Canet hay dos que merecen especial mención. Uno es el alcornoque monumental que hay detrás (o encima) de la fuente. Mide nada menos que 14 metros de altura, su tronco tiene un perímetro de 2,22 metros y la copa un diámetro de 9,4 metros.
Frente a la fuente hay un inmenso pino piñonero que marea cuando miras hacia arriba. Tiene 30 metros de altura, como un edificio de 10 plantas, un tronco de 3 metros de perímetro y una copa de 12,5 metros de diámetro. Casi nada.
Volvemos a descender por el sendero por el que hemos llegado a la Font del Canet. Por el camino hay algunos rincones frescos y sombríos que permiten que los helechos se desarrollen con vigor.
Cuando llegamos a la pista principal seguimos hacia la izquierda. A los 100 metros, a la altura de Ca n'Estisora, sale un sendero por la derecha que lleva a la Budellera, llamado también Camí de Baix. En este punto tenemos dos opciones: tomar este sendero que nos llevará a la parte baja de la Budellera atravesando el bosque, o seguir por la pista que nos llevará a la parte alta, pero caminando 400 metros de más y con más subida. Yo recomiendo seguir por la pista, también llamado Camí de Dalt y señalizado con marcas rojas, porque hay más cosas que ver. El bosque que atraviesa el sendero es bastante espeso y no tiene mucho interés, aunque es el camino que seguí cuando registré el track GPS. En definitiva, seguimos por la pista.
La pista sigue ascendiendo. Pasamos al lado de Can Mandó y 200 metros más adelante pasamos por delante del camino que lleva a Can Xoliu, en una curva cerrada a la derecha de casi 180º. La primavera nos sigue sorprendiendo con sus formas y colores.
Aún se conservan unas cuantas masías en Collserola, aunque evidentemente ya no se dedican a actividades agropecuarias. Así, en Can Mandó se están recuperando las variedades hortícolas que se cultivaban en estas tierras. En estos momentos ya superan la sesentena.
En un suave giro a la izquierda del camino pasamos junto a una especie de columna de piedra y ladrillos que en uno de sus lados tiene un escudo de Barcelona hecho con azulejos. No he encontrado ningún documento que hable de él. Una vez rebasado y mirando hacia atrás queda una interesante composición con el camino abajo y el templo del Tibidabo al fondo.
La Font de la Budellera y su entorno fue urbanizado en 1918 por Jean Claude Nicholas Forestier. Se cuenta que sobre los años 20 del siglo pasado venía mucha gente a llenar garrafas de agua de esta fuente. Se le atribuían propiedades medicinales sobre todo para dolencias gástricas. Se especula que el nombre deriva de esta cualidad de sus aguas (en catalán " budell" es tripa), aunque hay otra teoría que sitúa al pie de la fuente una antigua casa donde se fabricaban cuerdas de guitarra sobre el año 1860 (las cuerdas de guitarra eran de tripa). Las obras de la torre de comunicaciones a principios de los 90 provocaron que el agua dejara de tener las garantías de salubridad, y se colgó un cartel de agua no potable, por lo que dejó de acudir la gente y el entorno cayó pronto en el más absoluto abandono.
Desde abajo resulta curioso el contraste entre el diseño de Forestier de los años 20 y el de Foster de los 90.
Nos queda aún la mitad de la ruta, así que sigamos con ello. Descendemos por las escaleras de la Font de la Budellera hasta la estructura circular del extremo inferior, donde el agua abandona la canalización. Mirando desde abajo me vienen a la memoria algunas de las fuentes de la Alhambra de Granada, salvando las diferencias, claro.
Bajamos por el sendero que sale por la derecha, que se corresponde al lugar por donde habríamos llegado a la fuente de haber tomado el atajo mencionado más arriba. A los 200 metros pasamos de largo un sendero que sube por la derecha y va a parar a la pista principal, el atajo. Seguimos recto hasta llegar frente a Ca n'Estisora, y allí nos sorprende un viejo Simca 1000 de rallye altamente deteriorado frente a la casa. Aún me pregunto qué demonios hace ese coche allí. Cuando estuve el lugar era muy oscuro y el cielo estaba muy nublado, así que para intentar sacar una foto decente tuve que usar el modo HDR de la cámara. Al fondo asoma la torre de Vil·la Joana.
Desde aquí hay un pequeño tramo escalonado que baja hasta el camino de entrada a Ca n'Estisora, y seguimos pista abajo. En un rincón oscuro del camino nos deslumbra una minúscula flor llamada botón de oro.
Cruzamos la carretera con cuidado y bajamos por las escaleras de madera de enfrente. Las escaleras nos conducen hasta el Fondal de la Budellera, y seguimos por el sendero que corre paralelo al torrente, entre éste y la carretera. El camino es totalmente llano, por lo que al no resultar cansado nos podemos deleitar con diferentes escenas primaverales.
A lo largo del camino hay pequeños puentes de madera que permiten cruzar al otro lado del torrente. Cruzo por uno de ellos en dirección a una verja de hierro por la que me asomo y veo unas amapolas reluciendo al sol.
Es una gozada el caminar entre una vegetación tan exuberante. Lástima el ruido de la carretera. No se puede tener todo.
Si tenemos suerte puede que encontremos abierta la iglesia. Creo que sólo abren los domingos para la misa de las 12. En mi primera visita tuve esa suerte, así que aproveché la ocasión. La entrada es por un camino que hace curva, acabando en un pequeño claro. Frente a este claro hay una casa que junto con la misma iglesia y todo el entorno conforma un rincón muy fotogénico.
La iglesia es sí no tiene ningún atractivo, al menos para mí: grande y sobria, con una gran torre de base cuadrada y un cementerio pequeño en la fachada. En el álbum que comparto al final del artículo puedes ver alguna foto. Salimos del recinto por el camino de entrada.
La calle se acaba con las casas, pero el camino sigue. Llegamos a una zona más ancha donde a la izquierda vemos un túnel cerrado por una verja. Se trata de la Mina Grott. Este túnel mide 1,5km de longitud y se excavó en 1855 para llevar el agua del pantano hasta el antiguo municipio de Sarrià. Entró en desuso y a principios del siglo XX se propuso hacer pasar por él un tren de pasajeros. Aquel fue el primer tren eléctrico de pasajeros de España, y consistía en un vagón con capacidad para 36 pasajeros y que circulaba por una vía de 60cm de ancho. El túnel estaba iluminado con luces de colores. El tren circuló sólo unos meses entre 1908 y 1909, pero llegó a transportar a 40.000 pasajeros. Hice la foto como pude a través de la reja y subiendo el ISO a 6400.
Subimos hasta la parte superior por el camino escalonado. Una vez arriba podemos contemplar un paisaje que cuesta de imaginar en una ciudad como Barcelona.
Ya no se aprovecha el agua de este pantano, y su objetivo actual es preservar la fauna acuática autóctona. Está terminantemente prohibido liberar aquí ejemplares de especies invasoras, pero la verdad es que la superficie del pantano está repleta de tortugas de California.
Seguimos caminando por el sendero que rodea el pantano, a continuación de las escaleras de subida. Desde el final obtenemos otra perspectiva.
Civismo no hay mucho, y menos en domingo. Basta que un cartel prohiba el paso para que pase y acampe una multitud, habiendo al lado otras zonas convenientemente habilitadas.
La otra orilla del pantano corresponde al barrio de Mas Sauró, también de Vallvidrera. Aquí se han instalado algunos chiringuitos para disfrute de los domingueros. Rompen un poco el encanto.
La libélula es el insecto que más me fascina, y basta con ver una para intentar fotografiarla en vuelo. Como ya he dicho más arriba, una foto así no se consigue con un único disparo.
Antes de acabar de rodear todo el pantano aprovechamos para hacer una foto desde este lado de la presa intentando destacar las curvaturas.
