
20 noviembre 2018. Hay que cazarlo, siempre.
Pienso en mi vivencia paralela a los finales, a cada uno de ellos. En cómo desde ese día, en que no se me dejó asistir al lecho, los siguientes se sucedieron y yo misma aprendí los protocolos, las palabras, la ropa que ponerse o a quién se debía llamar. Me formé en reconocer “cuándo ya había pasado”. Analizando las miradas, sin lágrimas, fijas en mis ojos como intentando siempre que lo adivinara para no tener que pronunciarlo. Identificar cuándo una llamada a deshora significaba una nueva tragedia anunciada. Cómo una visita en mitad de una clase de la facultad era una pérdida grave, intensa y dolorosa. Cómo tras un adiós sin despedida, comprendía que debía ser precavida y contarle todo al siguiente que encontrara en el camino a desaparecer. No ahorrarse nunca un "te quiero" ni un "te echaré de menos". Aprendí que lo que no se daba y no se pedía, era para la muerte, como dijo Lorca. Porque ella no deja ni sombra para la carne estremecida. Lo que no se dice, lo que no se pide, lo que no se da, Ella se lo lleva consigo. El silencio lo arranca de nuestro lado.
“Helena guardó en la memoria el sonido del puño de su padre chocando contra la mesa de madera”. Grabamos el momento, como si hiciéramos una foto. Como hizo el padre de Helena en la novela, cuando supo del accidente mortal de su mujer. Nos sabemos de memoria el cielo que nos cobijaba en cada una de las anunciaciones. Nos quedamos atentos al color, a la noche, a la hora, a la temperatura; como si el cielo hablara por el que se ha ido. Como si lo despidiera ofreciéndole también la postal última. Escribimos las palabras recibidas para no olvidarlas. El “ya está”, “ya se ha ido”, “se acabó”, “ha pasado algo”, “siéntate”… Atendemos y memorizamos los ojos del miedo, del cómo empezar de nuevo.Tras la primera a la que no fui, como la protagonista de Luna Miguel, siempre he querido ver por última vez a mis muertos. Estar a solas con ellos, cuerpos inertes vestidos de gala, como nunca han lucido antes. ¿Por qué llevan traje los muertos? Tal vez para disimular que su cara ya no es la misma, que su color es distinto, que es mejor mirar el cielo y pensar que se han ido bajo unas nubes memorables y que mudos descenderán al abismo.
