Revista Cine

Venecia '26 - Parte 2: La humanidad

Publicado el 09 septiembre 2026 por Enprimera

Como suele ocurrir cuando surge la noticia del fallecimiento de un cineasta en el contexto de un encuentro cinematográfico, la reciente muerte de Tony Gatlif (1948, Argelia-2026, Francia) se coló dentro de las conversaciones del Festival de Venecia, aunque precisamente no fue una muestra demasiado visitada por el director, que nunca estuvo seleccionado, más presente en el Festival de Cannes donde ganó el premio al Mejor Director por Exils (2004), después de haber realizado anteriormente otras películas como El extranjero loco (1997), con Romain Duris, uno de sus actores habituales, o Vengo (2000), con Antonio Canales, reivindicando siempre la cultura gitana de la que provenían sus raíces andaluzas. La carrera de Tony Gatlif comenzó precisamente en España con la película Corre, gitano (1982), un híbrido entre documental y ficción con Mario Maya y Rafael Álvarez "El Brujo", y entre sus primeras curiosidades destacamos Gaspard et Robinson (1990), que extrañamente se encuentra en el catálogo de Netflix, una comedia amable sobre dos amigos que rescatan a personas sin hogar, protagonizada por Vincent Lindon. En nuestra nueva crónica hablamos de historias dedicadas a relaciones humanas, en contextos de conflictos bélicos, pero también de comunidades en armonía y en espacios liminales donde los límites entre la realidad y el ensueño se difuminan

Venecia '26 - Parte 2: La humanidad

Boatbuilders

Luke Lorentzen 

Estados Unidos 2026 | 103' | Venice Open |

Camden Int'l Film Festival '26: Inauguración

El director Luke Lorentzen (1993, Estados Unidos) ha ido construyendo una sólida carrera con documentales que se acercan de una manera muy personal a entornos humanos muy particulares, generalmente utilizando una cámara en mano que él mismo maneja para incorporarse de una manera profunda en el corazón de las historias que retrata. Así lo hizo acompañando a la familia Ochoa mientras conducían una ambulancia privada en México, en  la película Urgencias en México DF (2019), que sería la inspiración de la serie Familia de medianoche (Apple tv, 2024), y posteriormente en el documental sobre los cuidados paliativos A still small voice (2023), ganador del premio a la Mejor Dirección en el Festival de Sundance. Él mismo cita esta experiencia cercana a personas que se encontraban en el umbral de la muerte como la razón por la que quiso buscar otra historia que fuera más luminosa, retomando su idea de filmar en Brooklin, una pequeña localidad de poco más de 800 habitantes situada en el Estado de Maine (Estados Unidos), que es conocida porque casi todos ellos se dedican a la construcción de barcos o al trabajo como pescadores. De esta forma, Boatbuilders (Luke Lorentzen, 2026), que ha tenido su estreno mundial en Venecia e inaugurará el Festival de Camden, se presenta como una mirada amable al trabajo artesanal del astillero que se dedica a construir embarcaciones de lujo para clientes adinerados. Al tratarse de una labor manual que se desarrolla durante más de un año, de una forma cuidadosa y precisa, los precios de estas embarcaciones alcanzan cifras muy altas, que sirven para cubrir los costosos materiales y las intensas jornadas de los trabajadores. A lo largo del documental se retratan los dieciséis meses que se necesitan para construir un velero encargado por el empresario Graham Greene, que cuenta con encimeras de madera de arce, y cuya construcción se realiza con precisión milimétrica, desde el izado de las primeras estructuras del casco hasta el pulido de cada superficie para lograr un brillo perfecto justo a tiempo para que la embarcación compita en una de las regatas de veleros de madera más grandes del mundo. Rodado durante el mismo tiempo que se tardó en construir el velero Kiandra, el documental va transformando las tonalidades de la imagen conforme se abren paso las estaciones del año, desde el verano hasta la siguiente primavera, y el propio ritmo de la película está marcado por el trabajo minucioso que llevan a cabo los 60 trabajadores del astillero asignados al proyecto de manera casi exclusiva durante más de un año. A pesar de desarrollarse en una hermosa localidad rodeada de un paisaje marítimo singular, Luke Lorentzen elige el formato 4:3 para homenajear a los documentalistas clásicos, especialmente a Les Blank, un reconocido retratista de la clase trabajadora, y a Frederick Wiseman, por su capacidad para captar la realidad de una forma natural. En Boatbuilders se refleja este entorno del astillero predominantemente masculino, aunque manteniendo siempre una mirada amable que transmite la sensibilidad que requiere el trabajo artesanal, por lo que no se trata de un tipo de masculinidad tóxica o radical, sino profundamente humana. Quizás hay demasiada identificación con los protagonistas, de manera que los momentos de tensión se suavizan, como el despido de un trabajador porque había bebido demasiado, que apenas es mencionado, permaneciendo siempre en un segundo plano que no refleja discusiones ni confrontaciones.

Lo que no quiere decir que en la película no existan momentos de presión, especialmente cuando Trent Glisson, el ingeniero jefe del proyecto, se enfrenta a un sobrecoste en el que tiene que buscar el equilibrio necesario para cumplir con la fecha de entrega de la embarcación. Él y Brian Larkin, el responsable del astillero, un veterano que suele dar discursos de motivación al principio de cada proyecto, se podrían considerar como los protagonistas principales, los que están más tiempo frente a la cámara del director. Aunque éste también dedica tiempo a otras actividades llevadas a cabo por los habitantes de Brooklin, como los pescadores Dan Carter, Ryan Zanke y Jeremy Tyler, personas encantadoras que son capaces de soportar temperaturas de -2 °C a las 5 de la mañana durante todo el invierno, mientras bucean en busca de vieiras en la costa. La mirada es tan respetuosa que a veces evita reflejar completamente los momentos más complicados, como cuando Trent y Brian reciben una videollamada de Graham Greene, que ha encargado la construcción del velero, y Trent, todavía no acostumbrado a reportar directamente a los clientes, es bastante parco a la hora de describir el estado de la construcción, provocando que la conversación sea algo embarazosa. Boatbuilders pretende desarrollarse con el ritmo pausado del trabajo artesanal, y en cierta manera, en medio de este mundo digital en el que todo parece elaborado desde la imagen artificial, la película reivindica el placer del trabajo físico, deteniéndose en los detalles de un taladro perforando un trozo de madera o esperando que se derrita el hielo sin la urgencia de mirar hacia otra actividad. Las propias estaciones se revelan a través de los ritmos de la naturaleza: la recogida de las manzanas o la temporada de la pesca de la langosta son las que marcan la vida de los habitantes de esta pequeña localidad. Lejos de ofrecer un retrato de la clase trabajadora a través de los conflictos, la cámara de Luke Lorentzen parece recrearse en las imágenes de una comunidad que convive con amabilidad y cercanía. Los propios interludios musicales que aporta el dúo Ziki Hexum, acrónimo del matrimonio formado por los compositores Niki Hexum y Zack Hexum, están marcados por el minimalismo de un cuarteto formado por dos violonchelos, una trompa y clarinete y saxofón que interpreta este último. El trabajo que se desarrolla en los astilleros puede tener presupuestos altos, pero la vida de los trabajadores contrasta con el lujo de las embarcaciones que construyen. Cuando Brian Larkin navega en la embarcación Kiandra ya terminada, junto al empresario Graham Greene, acaba reconociendo para sí mismo que: "Sigues siendo parte del personal". Pero al menos en esta ocasión los protagonistas delante de la cámara forman parte de la clase trabajadora, no de las familias adineradas que también disfrutan de su pequeño trozo de paraíso en esta comunidad costera. 

Venecia '26 - Parte 2: La humanidad

I figli della scimmia

Tommaso Landucci 

Italia 2026 | 110' | Orizzonti |

En la fábula titulada Los hijos del mono, que pertenece a la tradición esópica recogida en Fábulas de Esopo (2015, Ed. Penguin Clásicos), se cuenta que los monos suelen tener dos crías, pero mientras a una la cuidan y crían con cuidado, a la otra la aborrecen y la descuidan. En la fábula se da la circunstancia de que "por una cierta suerte divina, la más mimada, abrazada dulce y estrechamente a la madre, se ahogó y la desdeñada salió adelante". Éste es el punto de partida del título que adopta el drama familiar I figli della scimmia (Tommaso Landucci, 2026), en el que el director y su co-guionista Damiano Femfert abordan un tema difícil y en cierto modo tabú, en torno a la relación de un padre con su hijo discapacitado y el acercamiento a su sobrino, que en cierta manera representa al hijo sin discapacidad que le hubiera gustado tener. El director comenta que en sus conversaciones con padres que se enfrentan al cuidado de sus hijos con algún tipo de discapacidad que requiere una atención continua, permanece siempre la idea del "hijo imaginado", lo que no quiere decir que disminuya su amor por el que tienen, pero suele estar presente esa imagen de aquel hijo que hubieran deseado y que tienen que dejar ir antes de conocerlo. El guión ha sido uno de los más premiados en Italia en los últimos años, recibiendo el premio Franco Solinas 2021 al Mejor Guión cuando la película estaba en desarrollo, y se presenta ahora a través de un drama que explora las incertidumbres de Dario (Riccardo Scamarcio), padre de un adolescente llamado Enrico (Andrea Aggio) que sufre una grave enfermedad degenerativa, y que necesita los cuidados continuos que se reparten entre él y su esposa Ginevra (Lidiya Liberman), aunque la relación entre ambos es cada vez más distante. Dario es dueño junto a su hermano Roberto (Fausto Russo Alesi) de una empresa de seguros, pero éste le confiesa que cada vez se siente más desconectado de su hijo Giacomo (Tancredi Naldini), que acaba de cumplir catorce años. Y cuando el joven comienza a interesarse por las carreras de motocross que en su juventud había practicado Dario, tío y sobrino mantienen una relación mucho más cercana que la que tiene éste con su propio padre, y Giacomo también se convierte en ese hijo imaginado que Dario hubiera querido tener, al que enseñar a manejar la moto por los circuitos de trial y establecer una conexión que nunca podrá encontrar con su hijo real. La propuesta es interesante porque no plantea la historia de un padre que desea estar en la posición de otro, sino que establece una especie de versión de sí mismo tal como podría haber ejercido como figura paterna a través de la relación con su sobrino. El contraste con la autoridad que pretende ejercer Roberto con su hijo, lo que provoca un distanciamiento mayor como forma de rebeldía, también ofrece un contexto interesante, reflejando dos tipos de paternidad que se contradicen: la que ejerce como una figura que pretende marcar límites y la que entiende que son estos límites los que alejan a Giacomo de su padre. El debut en la ficción de Tommaso Landucci tras su documental Caveman (2021), sobre el escultor Filippo Dobrilla, que también escribió junto a Damiano Femfert, tiene un especial cuidado en construir un protagonista con imperfecciones pero al que trata de no juzgar, reconociendo su dedicación a su hijo, aunque de alguna manera el tiempo que pasa con su sobrino Giacomo le devuelva un tipo de paternidad deseada, una versión diferente del padre que podría haber sido. Pero este recorrido que se desarrolla sin grandes conflictos familiares, aunque también provoca un distanciamiento entre los dos hermanos, se construye como un ejercicio de autorreflexión del protagonista en torno a su familia. La película se abre y cierra con ese momento de conexión que se establece entre Dario y su hijo Enrico cuando le está bañando, pero desde dos posiciones emocionales muy diferentes por parte del padre. Por alguna razón, el nombre del nonagenario director norteamericano James Ivory (1928, California) está ligado al proyecto como productor ejecutivo y el propio actor Riccardo Scamarcio se sintió tan conmovido por el guión que también quiso participar como productor. Aunque no dirige desde el documental James Ivory, el largo viaje (Giles Gardner, James Ivory, 2022), el veterano cineasta ha ejercido recientemente como productor ejecutivo en otras películas como Her song (John M. Keller, 2026), y tiene otros proyectos futuros. Hay en el precedente documental del director Tommaso Landucci una mirada naturalista que también está reflejada en esta película, presentada en formato de pantalla 1:33, predominando los primeros planos para conformar el estudio psicológico que se desarrolla alrededor de un hombre que acaba dedicándose tanto a su sobrino que termina olvidando las responsabilidades que tiene con su propio hijo. A lo largo de la película también se abordan reflexiones en torno a la posición del hombre dentro de la pareja respecto a los hijos, que se muestra a través del desequilibrio en el matrimonio de Roberto, en el que él siente que debe ejercer la autoridad como padre, mientras que en el matrimonio de Dario, por las propias circunstancias que rodean a las necesidades de Enrico, las responsabilidades están mucho más equilibradas. I figli della scimmia encuentra siempre una mirada optimista y en algunos casos desenfadada a través de las reuniones entre toda la familia, pero el director está más interesado en proponer el dilema como algo inevitable cuando se presentan circunstancias difíciles como la discapacidad de un hijo. Aunque el título pueda estar inspirado en una fábula, no se plantean moralejas, sino realidades complejas que hay que sobrellevar dentro de la cotidianidad de una vida que siempre es impredecible. 

Venecia '26 - Parte 2: La humanidad

No paradise if you are killed by a woman

Halkawt Mustafa 

Noruega, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Suecia 2026 | 110' | Venice Open |

Tener una intención de denuncia y establecer un trasfondo poderoso no es suficiente para construir una narrativa cinematográfica que tenga coherencia y verosimilitud, por mucho que la historia esté inspirada en personas reales. El director noruego Halkwat Mustafa (1985, Kurdistán iraquí), que ha estrenado películas como El clásico (2015), abordando la realidad de los kurdos en Irak, se adentra ahora en el cine bélico, con influencias de títulos como Enemigo a las puertas (Jean-Jacques Annaud, 2001), para establecer nuevamente un duelo entre dos francotiradores, aunque en este caso con la particularidad de que el contexto es el enfrentamiento de los Peshmerga, las fuerzas de seguridad kurdas que frenaron el avance del ISIS en el norte de Irak en 2014. Al contrario de lo habitual en este tipo de grupos militares, la presencia de mujeres combatientes es normal, e incluso aumentó aquel año, provocado por el avance de los grupos terroristas, pero también por la falta de personal masculino y por cierto deseo de venganza frente a las muertes provocadas por el ISIS. Cuando trabajaba como fotógrafo de guerra, el propio director conoció a algunas de estas mujeres soldado, y se cuenta que la historia está basada en una francotiradora Peshmerga con la que él mismo se entrevistó en 2014. El título de la película No paradise if you are killed by a woman (Halkwat Mustafa, 2026) hace referencia al temor que tenían los miembros del ISIS de que fuera una mujer quien les matara en combate, porque consideraban que eso les impediría acceder al paraíso. Como el propio director de la película, la protagonista Vian (Avan Jamal) es una mujer kurda que ha vivido desde pequeña en Noruega, junto a sus padres (Leila Noori Hamasur, Bakhtiar Abda Amin) y su hermana Helin (Mryam Barznji), hasta que durante una visita al Kurdistán iraquí sufren una emboscada por parte del ISIS, siendo las hermanas las únicas supervivientes de una masacre. Pero Helin fue secuestrada por los terroristas, y su búsqueda no solo lleva a Vian a incorporarse a las fuerzas de seguridad peshmerga, sino a regresar a Irak para tratar de encontrarla. Convertida en una experta francotiradora en 2016, especializada en abatir precisamente a francotiradores del ISIS que matan a personas civiles que tratan de huir, Vian sufre graves heridas que le devuelven a su hogar en Noruega. Pero las autoridades del país, representadas en el oficial de seguridad Anders (Thorbjørn Harr), le ofrecen la única alternativa de cambiar de identidad y ocultarse en el Norte de Noruega, lo que acabaría con la posibilidad de ser localizada por su hermana en el caso de que hubiera sobrevivido. Anders le advierte con cierta frialdad que su sola presencia, susceptible de sufrir algún tipo de atentado por parte del ISIS que ha puesto precio a su cabeza, supone un peligro para miles de ciudadanos noruegos. Pero la negativa a ocultarse bajo una identidad falsa y la información de que Helin ha sido obligada a casarse con un francotirador de origen sueco que actúa principalmente en la ciudad de Mosul, lleva a Vian a regresar a Irak para tratar de cazar al francotirador y rescatar a su hermana. A pesar del contexto que describe la difícil situación que viven muchas mujeres yazidíes desde 2014, experimentando en silencio traumas profundos, pesadillas y una sensación de vergüenza que les impide reintegrarse en la sociedad, estando muchas de ellas desaparecidas todavía, No paradise if you are killed by a woman se presenta principalmente como una película bélica de venganza que a veces opta por dejar pasar algunas incongruencias para mantener la tensión narrativa. Especialmente los aspectos relacionados con Helin resultan demasiado convenientes solo para hacer avanzar la historia, como la comunicación con su hermana o la propia relación con el francotirador sueco, al que nunca vemos el rostro, que tiene todos los clichés del género. La decisión del director de mantener casi invisibles a los enemigos contra los que lucha Vian es interesante, pero el desarrollo de sus hazañas entre los escombros de la ciudad de Mosul acaba necesitando cierta suspensión de la incredulidad por parte del espectador. La construcción de una película de género que sigue los cánones clásicos, pero también tópicos, en el desarrollo del viaje de la heroína acaba sepultando el trasfondo político sobre el que se sostiene la historia. No faltan las frases exageradas de tonalidad épica y el uso enfático de la banda sonora compuesta por el veterano músico Trond Bjerknes (1958, Noruega) utilizando instrumentaciones locales como el duduk, el laúd árabe y el daf, aporta sonoridades muy hermosas, pero resulta demasiado forzada para dirigir las emociones de los espectadores. Hay que reconocer que las escenas de acción están bien ejecutadas y coreografiadas, y que el empeño del director por rodar en la propia ciudad de Mosul, en vez de otro escenario que la recreara, es una buena decisión. Porque la representación de esas ruinas que son reales, de esos espacios en los que se ha librado durante años un enfrentamiento que ha dejado miles de muertos, resulta absolutamente sobrecogedora, especialmente en las (muy utilizadas) tomas aéreas que reflejan la destrucción de toda una ciudad. Pero las intenciones de No paradise if you are killed by a woman acaban también enfrentadas a su propia ambición épica, con una pretensión de cine de género comercial que desdibuja el auténtico trasfondo para elaborar una convencional historia de venganza. 

Venecia '26 - Parte 2: La humanidad

Salón de belleza

Nathalia Acevedo 

México, Francia 2026 | 110' | Giornate degli Autori |


La novela Salón de belleza (1994, Ed. Alfaguara) ha sido una de las más traducidas y reeditadas de la literatura latinoamericana de los años noventa, y su autor Mario Bellatin (México) la revisitó y actualizó en 2017, en la versión que actualmente está publicada. Considerada un clásico contemporáneo, refleja una gran ciudad que se ha visto afectada por una epidemia mientras la sociedad deja a las personas moribundas fuera de los hospitales, repudiadas ante el posible contagio. Un peluquero utiliza su local, antiguo lugar de encuentro de las mujeres del barrio, para atender a estos refugiados sanitarios sin la intención de curarles, sino de ofrecerles un lugar donde puedan morir en paz: "Pero tengo que recalcar que el salón de belleza no es un hospital ni una clínica, sino sencillamente un Moridero", dice el protagonista. La historia original era una representación distópica de la pandemia del SIDA, del rechazo a los afectados y de la amenaza de una enfermedad sin cura que estaba en plena expansión. En la adaptación cinematográfica realizada por la actriz y ahora directora Nathalia Acevedo (1984, México), que precisamente debutó como intérprete en la película Post Tenebras Lux (Carlos Reygadas, 2012), del que sin duda ha recogido una cierta tonalidad atmosférica, la pandemia que asola a la ciudad no tiene referencias al SIDA, sino que se plantea con una mirada más general que aborda la polarización de las sociedades contemporáneas, la división provocada dentro de una sociedad en crisis y de una humanidad deteriorada por las desigualdades que han generado los enfrentamientos ideológicos y los permanentes conflictos. El agua se propone como un elemento fundamental en una película en la que siempre está presente, desde una larga secuencia que parece el fondo de un océano y que se revela como el interior de una de las muchas peceras que mantiene el peluquero (Sam Louwyck) dentro de ese local que ahora está oscurecido por la falta de luz y envuelto en el olor a muerte. Cada cierto tiempo, un grupo de hombres vestidos con EPIS acuden con carretillas al interior de la peluquería para trasladar a los muertos a las fosas comunes donde son enterrados sin homenajes ni dedicatorias. Salón de belleza (Nathalia Acevedo, 2026) está impregnada de un ritmo lento, de una permanente presencia del agua desde las propias peceras donde algunos peces se devoran entre ellos, o desde las goteras que permanentemente caen del deteriorado techo. La película muestra un mundo apocalíptico pero desde el interior de un local del que apenas sale en todo el metraje, excepto para acompañar al protagonista en algunas de sus incursiones en saunas gays envueltas en humedad, para tener encuentros sexuales con otros hombres. Algunos flashbacks reflejan la vitalidad de fiesta y alegría que desprendía aquella peluquería que ahora parece tan moribunda como los enfermos que ocupan los colchones mugrientos. Hay una intencionalidad de crear una atmósfera oscura y opresiva, un juego constante de las imágenes de cierta ensoñación atravesadas por las palabras del protagonista, que suponemos están sacadas directamente de pasajes del libro.Pero esa búsqueda constante del embellecimiento de la imagen a pesar de su carácter decadente también provoca una morosidad persistente, que convierte a Salón de belleza en una propuesta tan perturbadora como tediosa, por mucho que trate de envolverse en cierto carácter trascendental. A pesar de tener una intención de amplificar el reflejo que la historia hace de la sociedad, la condición homosexual del protagonista también aporta una cierta representación del aislamiento de la comunidad queer, especialmente en tiempos como éstos en los que cada vez está sufriendo más ataques. La presencia constante de la voz en off, narrada por Rodrigo Aamarante, crea una atmósfera de desolación, que también está apuntada por la presencia cansada del personaje principal al que interpreta el actor belga Sam Louwyck, del que solo se revelan muestras de cierto sosiego cuando se evoca su relación con Juan (Erwan Kepoa Falé), que la directora también se resiste a explicar. Hay una intencionalidad críptica en la película que puede ser asumible en determinadas ocasiones, pero que en esta propuesta acaba colapsando en medio de una atmósfera que se desequilibra en ocasiones hacia una cierta intelectualidad superficial, tan enfocada en la explotación de la miseria de los personajes y su entorno que se olvida de proporcionales una condición auténticamente humana. La ciudad se muestra como un espacio fragmentado que ha dejado aislado a este local, mientras algunos grupos radicales atacan la fachada del local. El salón de belleza se convierte en un umbral, eso que ahora se denomina un espacio liminal, donde la presencia y la memoria se desvanecen y reaparecen, y donde los límites entre la realidad y el ensueño se difuminan. La fotografía de Balthazar Lab contribuye a crear ese lugar onírico en el que un agujero en la pared puede ser atravesado hasta desembocar en el fondo de un océano donde los vestigios del pasado se acumulan, hundidos en sus profundidades. Pero la evocación de esa atmósfera que proviene del libro se diversifica en otras miradas más amplias, y acaba encontrándose en medio de una crónica de la degradación humana y social que no alimenta la historia sino que la hunde en una trascendencia que se revela insustancial. _____________________________________Películas mencionadas (disponibles en la fecha de publicación):Vengo se puede ver en FlixOlé y Prime.Gaspard et Robinson se puede ver en Filmin.Urgencias en México DF se puede ver en Movistar Plus. A still small voice se puede ver en Plex. Enemigo a las puertas se puede ver en Prime. 

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