El mundo del cine tiene una doble cara respecto a temas controvertidos que es una mezcla entre hipocresía y equilibrio, sobre todo cuando se trata de cuestiones políticas. Es evidente que una Mostra de Venecia en la que no han destacado grandes títulos se transformó en un eco político sobre el genocidio de Gaza con la presentación de Naza (Yuval Abraham, Rachel Szor, 2026), el documental israelí programado a última hora y presentado en los últimos días, modificando totalmente el sentido de un festival que acogía el relato de urgencia sobre un exterminio premeditado. Pero esto no quiere decir que la película lo tenga fácil para introducirse, sobre todo, en el mercado norteamericano donde se podrá ver por primera vez en el Festival de Nueva York. La anterior película de sus directores, No other land (Yuval Abraham, Basel Adra, Hamdan Ballal, Rachel Szor, 2024) ni siquiera logró un distribuidor norteamericano después de ganar el Oscar, y acabó siendo estrenada de forma independiente. Y muchos vaticinan que Naza correrá la misma suerte, entre el reconocimiento y la negación. Esta doble cara también se ha visto en las crónicas de Venecia, que han destacado este documental como una película necesaria pero apenas han mencionados dos películas dirigidas por palestinos que también han formado parte de la programación: Citizen Osama (Ahmed Hassouna, 2026), que retrata a un fotógrafo que intenta compaginar sus roles de padre y periodista mientras documenta la realidad de la guerra en Gaza; y Conversation With the Sea (Muayad Alayan, 2026), sobre un palestino de 60 años que se ve envuelto en una intrincada red de burocracia israelí. Y tampoco se ha hablado mucho del nacimiento de la Academia de Cine de Gaza, que tiene como objetivo establecer un espacio sostenible para la educación, la formación y la producción cinematográfica, promovida por directoras como Kaouther Ben Hania (La voz de Hind), Annemarie Jacir (Palestina 36) y Mai Masri (3000 nights).
En cuanto a los premios en secciones paralelas, cuatro de las películas que hemos comentado han acaparado buena parte de ellos: Un détour par Diane (Ann Sirot, Raphaël Balboni, 2026) ha logrado el de Mejor Película en la sección Orizzonti; La maison du vent (Auguste Bernard Kouemo Yanghu, 2026), el premio Luigi De Laurentiis a la Mejor Ópera Prima y el Premio Especial del Jurado de Orizzonti; I figli della Scimmia (Tommaso Landucci, 2026), los premios a Mejor Guión y Mejor Actor (Riccardo Scamarcio); y Balcanica (Nicola Sorcinelli, 2026), el Premio del Público. En nuestra última crónica hablamos de relaciones intergeneracionales a través de otros títulos que se han visto en el Festival de Venecia.

Un peu avant minuit
Nicolas Pariser
Francia 2026 | 107' | Competición Oficial | ★★★☆☆
Toronto '26: TIFF Lightbox
El título original de esta película parece una alusión a la clásica Al anochecer (Juste avant la nuit) (Claude Chabrol, 1971), una muestra de cine negro que aborda temas como el feminicidio y el patriarcado, aunque el director Nicolas Pariser (1974, Francia), afirma que quizás se trata de una referencia más inconsciente que real, porque no estaba pensando en Chabrol cuando decidió el título Un peu avant minuit (One minute to midnight) (Nicolas Parisier, 2026). Pero en cierta manera esta cuarta incursión en el largometraje de este antiguo crítico habla también de cómo han cambiado las narrativas de las películas francesas desde la aparición del Movimiento #MeToo, cómo ha transformado a una generación de artistas y cineastas que se han visto obligados a cambiar sus perspectivas. "En aquel entonces, el feminismo no era tu punto fuerte, las mujeres eran carne fresca, era como la lluvia, tenías que protegerte", dice una de las amantes de su pasado a las que vuelve a visitar el protagonista Léo Saragossi (Melvil Poupaud), un periodista y crítico que ahora ejerce como profesor en la ciudad de Nancy. Tras la notificación de la muerte de un padre italiano al que nunca conoció para la lectura del testamento, viaja a París para reunirse con el notario pero su cita se pospone una semana, así que aprovecha el tiempo para volver a visitar a antiguas amantes, a su hija y a compañeros de trabajo de una revista que fundaron juntos, en medio de una ciudad que refleja las convulsiones políticas de la actualidad, con el presidente a punto de firmar una orden para declarar la ley marcial debido a las protestas sociales. Si bien en películas anteriores como El gran juego (2015) y Los consejos de Alice (2019) el director abordaba directamente cuestiones políticas, aquí aparece como un trasfondo que mantiene conscientemente difuso, explicándose solo como una forma de representar la desconexión que mantiene Léo, y por tanto una parte de su generación, con los acontecimientos sociales que se están produciendo. Esto se refleja con mayor rotundidad en sus conversaciones con su hija Emma (Clara Pacini), una activista que participa en las revueltas que se están produciendo en la ciudad, y Armelle (Anaïs Demoustier), una antigua becaria con la que tuvo una aventura en el pasado, ahora convertida en parlamentaria socialista, "la izquierda decepcionante", como la define ella misma. Un peu avant minuit está construida a través de largas conversaciones que se producen durante paseos por las calles de París, de manera que conecta con la relación que establecen cineastas como Jean Eustache y Sacha Guitry entre los diálogos y sus personajes, incorporando la posición de la cámara en función de esta relación. En la película los personajes están en constante movimiento, generalmente dando largos paseos por la ciudad que se muestran en planos secuencia, pero el propio protagonista parece anclado en su pasividad, igual que está varado en París debido a un retraso inesperado de su reunión prevista. El director ha sido alumno de Éric Rohmer y quizás por eso también hay alguna esencia de su cine, entre otras cosas por la elección del actor Melvin Poupaud, que ya protagonizó El gran juego interpretando a un escritor en crisis, y que fue el descubrimiento de Cuento de verano (Éric Rohmer, 1996).Pero, a pesar de la aparente trascendentalidad de las conversaciones que giran en torno al pasado y al presente, la película cae muchas veces en una cierta banalidad y superficialidad, a través de reflexiones que adoptan el punto de vista masculino, representando a una generación que trata de entender dónde y cómo colocarse frente a las revelaciones de actitudes que eran consideradas normales. En su encuentro con François (Micha Lescot), un antiguo amigo que fundó una revista y que ahora dirige una serie de televisión que reproduce precisamente el trabajo en aquella publicación, ambos mencionan a Luc, acusado de violación por varias de las mujeres con las que se acostó en aquellos años, que parece una alusión directa a Thierry Lounas, el fundador de un importante grupo editorial francés que enfrenta actualmente cargos penales por violencia sexista y sexual, tras la denuncia de una docena de mujeres. Cuando François invita a Léo a una de las sesiones de grabación de la serie, ve a un actor representando a un personaje que parece él mismo, reflejando su incapacidad para escribir una novela que acabó desembocando en su dedicación a la enseñanza, lo que recuerda inmediatamente a La noche americana (François Truffaut, 1973). Afortunadamente, Un peu avant minuit no es una película sobre la redención, y de hecho son las propias mujeres las que le niegan a Léo la posibilidad de resignificar sus acciones del pasado: "Tus preguntas sobre tu propio comportamiento hacia las mujeres te pertenecen a ti. Tienes todo el derecho a planteártelas, pero no son nuestro problema. Nosotras tenemos nuestras propias historias y nuestras propias luchas. Al convertir tu ajuste de cuentas personal en el centro de la conversación, nos estás utilizando una vez más para volver a centrar la atención en ti mismo", le dice Tina (Golshifteh Farahani), otra de las relaciones amorosas del pasado con las que se reencuentra. Para los periodistas que formaban parte de la revista, las becarias eran sus musas, pero Léo descubre que para ellas, sus compañeros de trabajo eran denominados despectivamente como La Horda, y él era uno de ellos. El propio director interpreta a Gustave (Nicolas Parisier), un antiguo crítico de cine que se ha convertido en un judío ortodoxo algo desquiciado, lo que es una manera ingeniosa de adoptar una posición crítica con su propio protagonista, pero sin que el espectador pueda sentirse identificado con sus pensamientos. La película plantea una especie de final feliz que llega tarde, a partir del viaje que Léo hace a Italia para encontrarse con su hermanastra desconocida Giulia (Chiara Mastroianni). Pero no termina de ser una conclusión demasiado convincente, como si las reflexiones que ha ido desgranando a lo largo de la película adquirieran una intrascendencia de intelectualidad reprimida. Lo más sorprendente, a pesar de los reproches que escucha, es que las mujeres de su pasado decidan dedicar tanto tiempo a un tipo como Léo.
Until the day ends
Jelena Maksimović
Serbia, Bulgaria, Eslovenia, Montenegro, Alemania, Croacia 2026 | 90' | Orizzonti | ★★☆☆☆
Hay también en esta película una mirada a las nuevas generaciones desde la perspectiva de las anteriores, reflejando un cierto distanciamiento que sin embargo quiere romper las fronteras entre el activismo y la pasividad. La propia directora Jelena Maksimović (1984, Serbia) comenta que descubrió a una joven estudiante en un taller de cine que ella impartía en 2021, que le hizo entender cómo se vería a sí misma si tuviera su edad en la actualidad. Esta estudiante acabaría siendo la protagonista de su primera historia de ficción tras haber dirigido documentales como Taurunum boy (Dusan Grubin, Jelena Maksimovic, 2018) y híbridos de docuficción y archivos históricos como Homelands (2020), pero sobre todo haber trabajado como montadora en numerosas películas. La protagonista es Lena (Lena Trifunović), una joven activista de izquierdas que participa en las protestas estudiantiles antigubernamentales que tuvieron lugar en Belgrado entre 2024 y 2025, denunciando la corrupción de las instituciones. Aunque ella misma en su familia tiene conflictos con su hermano Milan (Miodrag Dragičević) y su amigo Stefan (Andrija Krivokapić), de tendencia claramente ultraderechista, quienes se burlan de ese idealismo que tampoco se concreta en peticiones claras excepto hacer caer al gobierno. A pesar de sus diferencias ideológicas, Lena comparte un porro con Stefan antes de que se separen, dirigiéndose ella hacia la manifestación contra el gobierno, y él a la contramanifestación ultraderechista. Pero cuando Stefan lanza un adoquín que acaba dejando inconsciente a un policía, tiene que salir huyendo de Belgrado con la ayuda de Lena para evitar ser detenido, sin saber si el golpe ha acabado provocando la muerte del oficial. Hay una cierta intensidad en la primera parte de una película que se introdujo en manifestaciones reales de jóvenes estudiantes que se han mantenido hasta la actualidad, hasta el punto que la semana pasada finalmente el presidente serbio Aleksandar Vučić se ha visto forzado a disolver el parlamento y convocar elecciones anticipadas para el mes de octubre, después de dos años de protestas que comenzaron en 2024 cuando un muro en la estación de Novi Sad se derrumbó, provocando la muerte de dieciséis personas y dejando entrever las deficiencias estructurales debidas a la corrupción. Es interesante la decisión de la directora de establecer una relación de complicidad entre dos jóvenes que se encuentran en discursos contrapuestos desde el punto de vista ideológico, pero que en realidad comparten una incertidumbre sobre sus propias vidas, una manera de tratar de encontrar su sitio que no resulta excluyente por el hecho de encontrarse en posiciones contrapuestas. Con un estilo a veces descarnado y en otras ocasiones preciosista, Until the day ends (Jelena Maksimović, 2026) describe la tensión de las manifestaciones, no a través de planos elaborados de las protestas, sino mediante primeros planos de una mano cuando Stefan agarra el adoquín que acabará obligándole a huir. Pero tampoco consigue evitar algunos estereotipos, como mostrar a los manifestantes tomando drogas antes de acudir a las protestas, una representación demasiado tópica y superficial que no profundiza demasiado en el activismo y en sus ideales.Jelena Maksimović parece más interesada en construir una relación personal entre dos jóvenes a pesar de sus diferencias, lo que establece alejándose del tumulto de la ciudad para encontrarse en una casa de campo donde terminan escondidos. La fotografía de Paul Spengemann se recrea en los lens flares, los destellos de lentes que parecen evocar el cine de Terrence Malick, y se siente cómoda en cierto preciosismo en el tercer acto, cuando los jóvenes están en el campo, frente a la dureza de las imágenes en el primer acto en la ciudad, colocando obstáculos visuales delante de ellos y utilizando el fuera de campo para establecer una especie de encierro alrededor de los personajes, hasta que progresivamente se abre a composiciones contemplativas y más estáticas en la naturaleza. Pero Until the day ends nunca consigue del todo que la historia nos permita identificarnos con los protagonistas, en parte debido a esta decisión formal que a veces entorpece el verdadero sentido de la película, en torno a la juventud y el paso hacia la madurez a través de los actos de resistencia. La película se cierra con un largo plano secuencia que abandona en cierto modo el realismo de la historia para introducir una especie de alegoría sobre la esperanza, sobre un futuro que es posible construir entre todos, a pesar de las diferencias ideológicas. Es un mensaje interesante y optimista, pero envuelto en una cierta superficialidad formal que no consigue que acabe resultando lo suficientemente significativo como para resultar trascendente. 
El fin de los tiempos
Bibiana Rojas Gómez, Juan David Cárdenas Maldonado
Colombia 2026 | 80' | Settimana Internazionale della Critica | ★★★★☆
Venecia '26: Mención Especial - Premio a la Mejor Contribución Técnica

