Está siendo un verano intenso y algo duro. No ha resultado excesivamente caluroso, la mayoría de las noches se ha podido descansar, incluso algunos días el ir a la piscina no ha sido posible porque el agua estaba demasiado fría. Julio se pasó muy rápido, unos días en la playa ayudaron bastante. El Peque se está portando muy bien, se nota que es mayor, todo se ha vuelto más sencillo, pero claro es un niño y necesita y/o quiere actividad.
Agosto por el contrario se me está haciendo muy cuesta arriba. Será por las ganas de vacaciones, será por la proximidad de éstas, será porque Papá sin complejos no llega ningún día antes de las ocho de la tarde... Yo creo que esta es la primera vez que algo así sucede, el no contar con jornada de verano. Los años anteriores era muy agradable que dieran las 4 de la tarde y papá estuviera aquí. Podíamos disfrutar de las tardes juntos, ir a la piscina, jugar en casa, visitar familia o amigos. Pasábamos tiempo juntos, él estaba descansado, yo estaba descansada y el niño disfrutaba de la familia.
Pero este año no está siendo así. El trabajo nos ha arrebatado nuestro momento familiar, de tal modo que paso el día sola haciendo mis cosas, las cosas de la casa, jugando/entreteniendo al Peque. Y a veces, he de confesar, se me está haciendo muy cuesta arriba. Me falta tiempo y a veces hasta me falta paciencia. El calor para mi es un impedimento pues yo no soy capaz de salir al parque a las 12 de la mañana a echarme cuatro carreras, o a las 7 de la tarde a jugar al fútbol, alguna limitación tenía que tener. Así que la piscina, cuando el Peque y yo estamos juntos, queda como casi la única opción.
Pero fijáos como el trabajo, la falta de conciliación, y la desvergüenza de empresas y jefes hacen que la vida familiar y de pareja se resientan. Papá sin complejos se va de casa a eso de las 7,30 de la mañana. Una llamada para ver qué tal hemos comenzado el día, conversación corta pues el pobre tiene que ir de la ceca a la meca. Y ya hasta las 8 de la tarde, como poco no volvemos a saber de él. Esa está siendo su hora de llegada a casa. Aprovechamos para salir un rato con el peque, o se van ellos solos. Pero vuelven pronto a casa, él está agotado. Duchas, cenas y el Peque a dormir. Poco puede disfrutar de su padre. Acto seguido el pobre papá cae fulminado en la cama. A veces durante la cena, si el nene lo permite, hemos podido contarnos algo, hablar o compartir nuestras cosas. Muchas veces sus quejas del trabajo, su necesario desahogo, el trabajo sigue siendo el protagonista. Después, ya ni ganas de hablar tenemos. Ambos estamos exhaustos, están siendo días muy intensos. Caemos derrotados en la cama y así acabamos el día. Poco se puede compartir así.
La desvergüenza llega a tal extremo que ayer, a 48 horas de declararse oficialmente de vacaciones, le preguntaron si las podía anular. Os confieso que esperábamos esta petición. De hecho, esperamos que su jefe, qué sí está de vacaciones desde hace unos días, le llame para pedirle oficialmente que se quede. ¿Cual será la respuesta? NO, no se van a anular o posponer las vacaciones. El año pasado hicieron algo similar. Por ser bueno, por ser responsable el pobre pudo irse una triste semana en julio y otra semana en Agosto. Para este año estaba decidido que como mínimo dos semanas seguidas necesitaba coger para descansar y desconectar. Vamos que no estamos pidiendo algo inviable, una salvajada, algo a lo que no tenga derecho.
Dicen que no hay trabajo, me río yo de eso. En este empresa hay trabajo para, como poco, cuatro personas más. Pero prefieren explotar a sus trabajadores, obligarlos a trabajar 12 horas diarias, por el mismo sueldo y así tener un margen mayor de ganancias. Con empresarios y empresas así este país está abocado al fracaso. Y si no a la infelicidad, al fracaso familiar. Porque esto no hay quien lo aguante.
Hoy ya es jueves, mucho por hacer, mucho pendiente. Esta mañana intentaré hacer todo lo que pueda, que no creo sea mucho, y esta tarde intentaré llevar al nene a la piscina con sus tíos para que así podamos despedirnos de ellos. El resto de cosas pendientes, habrá que dejarlas para la noche.
Os confieso que no me creo que vayamos a irnos el sábado. Tengo tantas ganas de un chapuzón en la playa, de estar los tres juntos y de olvidarme de todo....
