Revista Cultura y Ocio

Verde Veronés

Por Margot Megara

Buenos y gloriciosos días mis queridos fashionistas,

Así como hay trajes que fluyen, otros que enseñan y otros que pelean, esta pieza, al ser en realidad de diseño sencillo, me permitió centrarme en los detalles y en lo que haría diferente para darle vida.

 

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   Me hace mucha gracia el nombre del color, verde veronés, pues no tiene que ver con Verona ni con nadie llamado así, de hecho se refiere especificamente al color, puesto que el pigmento original en el que se basa dejó de fabricarse. El Verde De París era un compuesto insecticida de los primeros que hubo, originalmente, se distribuyó en 1814 como tinte para pinturas, pero resultó venenoso, tanto, que se empezó a usar como insecticida y años después, en vista de lo perjudicial que era para todo, se prohibió definitivamente, pero, quedó como color para la posteridad.

Ella eligió este color en seda natural según lo vió, no quiso ver mas, además de saber exactamente que buscaba para la boda de su hermana, una maravillosa falda acompañada de una blusa blanca, una vez que su madre vió lo que se hacía, se unió también, aunque ese, queda para la próxima entrada.

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   La falda llevaría una cintura muy alta, casi a media costilla con una gran banda y de media capa, este tipo de faldas tienen mucho vuelo y caída, porque desde la cintura cae en diagonal en forma de campana; cómoda, no vas constreñida, alarga la figura, acentúa y afina la cintura y para que nos vamos a engañar, aunque se come mucha tela, es de las faldas que mas me gustan para fiesta.

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   Al ser tan verde y tan larga, exigía algo que la cortara, y ahí estaba, escondido entre pedrerías, un encaje fino, rígido y en color plata, con un dibujo de flores discreto pero precioso.

La cremallera quedaba en la espalda, para tener el frente despejado y tenía claro cómo iba a colocar el encaje. Al tener la abertura para la cremallera, por ahí no podía pasar una tela sin costura, pero al mismo tiempo, no quería cortar el encaje, porque perdería la gracia, así que la solución fue inclinar en el frente los extremos, de manera que tocaran arriba y se fueran abriendo para dar paso a la falda, y toda esa tela sobrante tirarla para atrás, un pequeño corte donde unía con la cremallera y tableado a ambos lados, de manera que quedaba una especie de cola – que a mi me recordaba a las del siglo XIX – con unos centímetros mas larga que la falda. Todo unido con una gran banda adornada con piedras en vez de botones, presillas y una pequeña puntada decorativa en color plata.

Para las presillas, que me encantan, son este tipo de botones que se sujetan con un pequeño hilo, son típicos de los trajes de novia, pues bien, no es verdad que con un par de vueltas de hilo queden bien, yo lo que hago es hacer una trenza con tres hilos e introduzco cada uno por separado haciendo un nudo con los tres, de manera que no se va deshaciendo y aguanta la fuerza de los botones y queda mas cerrado y detallado.

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Realmente disfruté esta pieza y queda como un orgullo personal mas, junto con los que han precedido y los que vendrán.

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 Muy contenta con el resultado y el feedback fue inmejorable, una persona encantada mas y yo…como unas castañuelas!

Muy buenos días!

Margot

 


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