Hoy os traigo un trabajo del que estoy muy orgullosa. Hace tiempo, cuando aun no teníamos a las peques compré este sillón en Ikea por rellenar un hueco en mi habitación.

Ventajas, era mona, barata, no llegaba a los 40 euros; inconveniente, no es desenfundable, pero bueno, en principio no iba a tener un uso real, sino meramente decorativo.
Después pasó a la habitación de Irene. Es donde yo me siento para contarle los cuentos y donde me sentaba para acompañarla mientras se dormía cuando era más pequeñita.
Aquí la cosa era más grave, os podéis imaginar que no quedaba nada del limpio y tierno beig original. Traté de limpiarlo con todo tipo de productos, pero no quedaba bien. Recurrí a mantitas que tapaban algo, pero a Irene no le gustaban, ella se encargaba de quitarlas... hasta que decidí coger el toro por los cuernos y hacerle un vestidito al sillón. Primero pensé en tapizar grapadora en mano, pero después pensé que lo mejor era hacerla desenfundable. Varios días, horas, sofocos, calores e irritaciones después...

¿Os gusta? Irene está encantada con su sillón nuevo.
Buen Jueves.
