Revista Cultura y Ocio

Viejos males, antiguos remedios.

Por Cayetano
Viejos males, antiguos remedios.

No te quejes de que esa medicina sabe mal.  Tienes suerte de vivir en el siglo XXI. En la antigüedad se preparaban pócimas realmente repugnantes.


Que padecías reumatismo, alguien te recetaba “caldo de sapo”. Preparación: cocer a fuego lento cuatro sapos de buen ver, añadir mantequilla y tintura de árnica. Y beber el caldito. Que padecías de apatía o falta de energía.  Remedio: un buen chillido de cerdo en la oreja. Que el niño tiene incontinencia urinaria: comer rata podrida. Que se sigue haciendo pis, pues un vasito de orina de niño con agua de anís tomada en ayunas. ¿Problemas con la tos?:  pues a comer cuerpos de caracol sin caparazón y macerados en azúcar. ¿Padeces ahogamiento? La solución es muy sencilla: enemas de humo de tabaco introducido por el recto con un fuelle pequeño.  ¿Problemas con la vista?: zumo de heces de gallina o pollo.

Caldo de lechuza para aliviar las paperas. 

¿Cómo combatir la anemia? Muy simple: se mete un trozo de hierro en un vaso de vino y se deja reposar allí unos días. Luego se bebe. Otro remedio era sustituir el hierro por el hígado de un caballo. Ver también el siguiente enlace.


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