Revista Cocina

Vivir los recuerdos (Epílogo)

Por Dolega @blogdedolega

Toda experiencia que se precie, tiene que tener un epílogo (que ha salido largo de narices pero no me da la gana acortarlo) y ésta no iba a ser menos, sobre todo por la moreleja que encierra.

Tengo una frase que los me conocen, la saben porque la digo muy a menudo: “Escupir al cielo”

Creo que casi todos sabemos de qué se trata más ó menos. Esas situaciones en las que la vida te pone en tu sitio para que no olvides primero que eres imperfecto, segundo que la humildad es buena y necesaria y por último que las apariencias engañan muchas más veces de las que uno desearía.

Todos los empleados tenían que quedarse en San Francisco (California), porque tendrían reuniones y sesiones de trabajo para empezar el nuevo año fiscal.

Muchas de las mujeres aprovecharían para estar unos días allí, pero a mí el trabajo y mis hijos me impedían tomarme ni un día más de vacaciones así que tenía que iniciar mi periplo de vuelta a casa. Ese era el motivo por el que éramos los únicos que salíamos por la mañana de Maui. El resto lo haría por la tarde noche.

Los vuelos que salen de Hawaii hacia USA, normalmente entran por San Francisco ya que es la ruta más recta y por lo tanto más corta. Yo tenía el vuelo San Francisco/Nueva York por la  noche  de ese mismo día. El consorte se quedaba a sus cosas.

Desayunamos temprano más ó menos deprisa. El vuelo era Maui/Honolulu/San Francisco. Con una parada técnica de una hora y poco en Honolulu.

Despedidas, besitos hipócritas, que guays somos todas, nos vemos en Madrid el año que viene, Europa los mejores oe,oe,oe. Adiós.

Antecedentes:

-Este viaje fue mucho antes del 11 de septiembre, así que las condiciones de los vuelos, aeropuertos y los viajes en general eran totalmente diferentes a  hoy en día, en que viajar se ha convertido en un suplicio más que en un placer y dentro de USA más todavía.

-El consorte es una especie de leñador canadiense con carácter de osito panda gigante. Es mullido, confortable, divertido, ocurrente, comprensivo, tierno, tranquilo, salvo…

A-Que se metan con algún miembro de su familia directa (léase Madre, hermanas, mujer e hijos. El resto ya se lo toma de otra manera)

B-Que tenga hambre.

Ante cualquiera de esas dos circunstancias es como un Pokemon cualquiera: Muta, le salen cuernos, y se va transformando en un ser verdaderamente desagradable.

El Duty Free de Honolulu, abarrotado de parejitas de recién casados japoneses, dándose literalmente de tirones para comprar artículos Dolce & Gabbana, Gucci, Dior, Rolex …

Hawaii es el lugar preferido (Lo era por lo menos en aquellos años) para ir de viaje de novios por los japoneses. Primero por la calidad de la infraestructura hotelera y luego por cercanía.

Por el contrario, para los americanos Hawaii constituye el viaje soñado para todos. Primero está ir a Florida (Disneyworld) cuando los niños son pequeños. Cuando se ha conseguido esa meta, viene la de Hawaii cuando los niños son adolescentes, ó los 25 años de casados ó los 50. Hacer la boda allí, también es el deseo plaf  para muchos.

Paseamos y hacemos tiempo. Yo me compro un cartón de Malboro. Me pongo a la fila. Dos japoneses delante de mí. Tres mil y pico dólares el primero, dos mil cien el segundo. Yo, catorce dólares con cincuenta centavos.

Zona de restaurantes:

Oahu, Hawaii - Honolulu Airport: Lahaina Chicken Company

Pizz hutt abarrotado. Tienen una oferta 2X1 de pizza con coca colas y ensalada.

Burguer King, hasta la bandera. Oferta especial 2 Wopper XXL y Coca colas XXL .Las coca colas del tamaño de los cubos grandes de palomitas de aquí en los cines. Eso lleno de coca cola. Con las tapaderas podías jugar al Freesbie.

Donking donuts también con otra oferta de éstas de llévese quinientos donunts con diez litros de bebida.

Vivir los recuerdos (Epílogo)

-Oye yo tengo hambre, porque no comemos algo aquí. Además tengo sed y mira que oferta.

-No: De eso nada que el avión sale dentro de media hora ó así y mira como está esto. Quita, quita. Además ¡Qué Horror, comer ahora que son las doce y media…

Seguimos andando y todos los fast food hasta la bandera, colas y colas de gente.

Llaman a embarcar a nuestro vuelo, llegamos. Una cola de gente todas con camisas de flores, bermudas de rayas, zapatos blancos, gorras a cuadros… Cada uno con cajas de pizza, hamburguesas, coca colas gigantes, dulces y un largo etcétera de colesterol y grasas animales.

-¡Qué horror, yo de verdad no puedo entender como permiten esto! Anda que ya les vale. Luego dicen que si están gordos que si tal. Demasiado flacos están. ¿A ti te parece normal esto?

- Estos están de vacaciones, ya sabes cómo son. No son como nosotros que somos muy formales. Ellos tienen ganas de una pizza y se la compran y se la comen en el avión y tan ricamente. Y bien que hacen porque yo tengo un hambre de muerte. Es más debería ir a aprovechar la oferta de Burguer King.

-Si claro y meternos en el avión con las patatas y la coca cola, que menuda coca cola que parece el cubo de la fregona, ya verás para despegar todos estos. ¡Es que son cutres y ordinarios para aburrir! Mira cómo van.

Describir lo que fue llegar hasta nuestros asientos, lograr meter los equipajes de mano y sentarnos llevaría cinco posts.

Aquello era lo más parecido a los autobuses de línea mejicanos que van del interior del país a la capital. La única diferencia es que en vez de gallinas y cestas, nosotros llevábamos fast food , coca cola, íbamos con alas y los pasajeros eran mucho más grandes y gordos.

Avión por la pista, altavoces, la duración del vuelo, cinco horas y no sé cuantos minutos, bla,bla,bla, la azafata con el chaleco salvavidas que si las mascarillas, bla,bla bla, “Como marca la nueva regulación de American Airlines de su puñetera madre que como es vuelo interno no habrá cátering a bordo. Que tengan un buen vuelo. (Ese día empezó la muerte de American Airlines y fue porque yo le eché la maldición gitana)

-Espero haber escuchado mal. Pero le empiezo a encontrar sentido a esta feria. Porque éstos cutres todo lo que quieras pero tontos, ni un pelo.

-Que no hombre, será que en vez de dar comida, darán merienda ó algo. Además me acuerdo que nos dieron de desayunar cuando vinimos. Lo que pasa es que estos tragaldabas dirán que con eso ni hablar.

Despegó el avión a pesar de la cantidad de comida basura a bordo.

-Señorita, por favor.

Azafata de unos 55 años con una cara de capulla que no puede con ella.

-¿Si?

-Perdone he oído que no servirán comida.

-Correcto. El avión no lleva catering.

En ese momento ya el avión era una mezcla explosiva de olores a hamburguesa, pizza, canela, patatas fritas, vinagre de las ensaladas…

Todo el mundo masticaba cosas y sorbía cantidades ingentes de refrescos y allí solo se oía “smach,smach y spruuub, spuuuub”

Los jugos gástricos del Consorte estaban a pleno rendimiento.

-Bueno pues dígame que tienen para que podamos pedir.

Cara de madre

-A ver chico, que el avión no lleva cátering, repito.

-¡Pero algo llevarán de comer, digo yo! Porque si me pongo malo ahora mismo, ¿Qué? Un bajón de azúcar por ejemplo.

Aquella mujer que lo mira con cara de “a mí no me vaciles, hijo que te enteras de lo que vale un peine, ehh”.

Yo veía que el Consorte estaba empezando a mutar. La prespectiva de estar cinco horas sin comer, después de apenas haber desayunado hacía ya lo menos otras cinco, le estaba haciendo perder la dulzura de su carácter.

Yo empecé a barajar la posibilidad de levantarme a ver quién me vendía una hamburguesa ó un trozo de pizza. Porque cinco horas con él con hambre y metida en un avión lleno de olores a comida, era más de lo que yo podría soportar.

-Lo único que llevamos a bordo son los snacks de las bebidas.

-Vale pues tráigame lo que tenga.

-Qué quiere.

-Lo que tenga le digo, traiga lo que sea.

-Pero me tiene que decir qué quiere beber. Los snack vienen con las bebidas, si no bebe no le puedo dar los snacks.

El Consorte en modo venganza

-Vale una coca cola.

-Lo siento señor, con refrescos no vienen snack. Solo con bebidas alcohólicas.

Consorte en modo homicidio

Yo he empezado a sonreírle a un niño que tengo dos filas detrás y que está moñeando con unos donuts.

-¡Señorita eso es absurdo! Yo le pido los snack, usted me los trae yo se los pago y listo!

-Lo siento señor, no puedo hacer eso. Cuando decida que quiere beber, me avisa.

-¡Espere, no se vaya! Un güisqui con Ginger ale.

-Gracias señor

-¡Y todo por tus pijadas! Yo me quería comer mi hamburguesa tranquilo y ahora estaría tan ricamente bebiendo mi Root beer en paz. Pero no, la señorita, que si son cutres, que si son bastos, que si pa´arriba, que si pa´abajo.

¡Sí, pero son listos! Mira cómo ellos si se han encargado de enterarse de la normativa esa de los huevos…

Yo sigo sonriendo al niño. Con un poco de suerte dentro de un rato tengo algo que meterle en la boca al consorte.

Viene la azafata con una botellita de güisqui, una latita de Ginger ale un vaso con hielo y una bolsita de snacks como de 10gr.

Vivir los recuerdos (Epílogo)

Yo calculé que en esa bolsa como mucho, como mucho venían 25 maní/ panchitos.

Al Consorte se le cae el alma a los pies cuando ve la bolsita. Y veo que la mala leche va en aumento.

-Señorita por favor, tráigame dos güisquis más y a la señora le trae…

Me mira. Acabamos de cumplir 18 años de casados. Los suficientes como para saber cuando no es buen momento para tocar la moral al personal.

-Baileys, quiero un Baileys

-Traiga dos.

-Pues eso, mejor dos.

La azafata empieza a alucinar con nosotros.

Mientras tanto el avión se había convertido ya el paraíso de Homer Simpson. Se sorbía sin recato los sonidos de las bolsas, las cajas, los niños jugando con los muñequitos del happy Meal y el Consorte chupando el interior de la bolsita de snacks (auténtico) porque los manis/panchitos/lo que fuera le habían durado unos cinco ó seis segundos.

Vuelve la azafata con dos vasos, las botellitas de baileys , las botellitas de güisquis y cuatro bolsitas de snacks que el Consorte se apresura en coger él.

La azafata lo mira, me mira, niega tristemente con la cabeza y se va.

Al rato el avión ya es silencio. Todo Dios haciendo la digestión y fijando grasas y nosotros bebiendo como cosacos y comiendo panchitos de uno en uno para que nos duraran más.

Vivir los recuerdos (Epílogo)

Pero claro, ya se sabe que en el avión el alcohol hace muy poco efecto, pero cuando aterrizamos, aquella puerta se abre y enfilamos el finger, que suele estar en suave pendiente hacia arriba y te hace efecto la botella de baileys que te has metido entre pecho y espalda a base de botellitas, pues empieza a moverse todo, te encuentras fatal y te percatas de que vas como una auténtica cuba.

Así que intentas mantener la línea recta al andar, le sacas la lengua al jodio niño que no te dio el donut que le pediste en el avión y no atinas a ver en qué número de cinta vienen las maletas.

-Voy a Avis a buscar un poco del coche para tenerlo ya para cuando me mediovaya al hotel.

-Puesss como vayasss así, no te lo alquilannn segurooo.

-Ve andando, ve a por las maletasss

-Vale

Voy a la cinta y entre la borrachera que todo me da vueltas y que la cinta de las maletas también da vueltas… Uffff no, que va no puedo, me siento.

Al rato viene el consorte.

-¿Qué haces ahí sentada?

-Esperando

-¿Esperando qué?

-A que todo el mundo se lleve sus maletas para saber cuáles son las nuestras, porque no puedo ver la cinta. Da vueltas y me mareo.

-Anda venga, que las cojo yo. Que te voy a invitar a cenar.

-Siiii por favor, tengo hambre. Algo ricoooo

-Oye yo no quiero pizza.

-Por favor dame una pizza familiar de Pepperoni con doble de queso.

-Oye que a mí no me gusta el Pepperoni

-Ponle doble de Pepperoni, anda. Y una ración grande de patatas fritas.

Vivir los recuerdos (Epílogo)

-¡Pero como vas a comer pizza con patatas fritas!

-Una Root beer extra grande y una coca cola normal

-No me gusta para nada que seas así de vengativo. Eso lo ven luego los niños y copian ese tipo de actitudes y luego no sabemos de dónde nos salen los hijos psicópatas.

El chico del chiringuito de la pizza que tiene pinta de latino y nos está entendiendo, nos empieza a mirar. Nos da las bebidas la pizza gigante y las patatas fritas.

Y nos sentamos en unas de las mesas a comer pizza mientras mojábamos las patatas fritas en el queso de la pizza y bebíamos copiosamente. Teníamos tanta hambre que no decíamos ni palabra.

De repente pasa una pareja jovencita y le dice él divertido a ella con un evidente acento venezolano.

-Mira esa pareja de gringos comiendo pizza con papitas fritas.

-¡Qué horror! Definitivamente estos gringos sí que comen porquerías, después dicen que ellos no saben porque están tan gordotes.

Cuando acabamos de tragar el bocado, nos reímos hasta que se nos saltaron las lágrimas.

Cuando me bajé del avión y cogí un taxi para ir a casa, me dijo el taxista que los asesinos, hijos de la gran puta de la ETA habían asesinado a un concejal del País Vasco llamado Miguel Ángel Blanco. Me contó cómo había sido y se me saltaron las lágrimas, esta vez de indignación y tristeza. De esto hace 15 años.


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