Revista Asia

¿Y para qué?

Por Japangaijin @japangaijin

Me levanto a las 7 de la mañana. Alzo la tapa del buzón metálico de mi puerta, ese que siempre parece que se vaya a caer. Dentro una carta, la letra me es familiar. La dejo en la mesa, tengo prisa por lo que la abriré luego.

Llego al vagón de metro. Sentado frente a la puerta, veo como la sociedad no dió una segunda oportunidad a un señor. Delante de él, pasan un salaryman atareado que me mira con mala hostia y la conductora (muy joven) del tren. En ese momento no sabría decir donde me encasillaría de los tres.

Ya es de noche. La abro. Dentro de ella, otra carta. Abro esta segunda. Me encuentro con una hoja con kanjis cuya lectura me lleva tiempo. Cuando he logrado entenderla, me doy cuenta que tengo que presentarme al ayuntamiento para unas cosas, cuya fecha límite fue ayer al mediodía. El matasellos original me muestra que se tardó una semana en recorrer los 80 kilómetros que nos separan. A alguien se le olvidó algo...

Intento contactar con ella para que me lo explique. No hay manera. Olvidé que es ella quien se pone en contacto cuando le van mal las cosas. No a mi.

Y entre soledad, ojos destrozados por la pantalla del ordenador, picaduras de vete su a saber que y el sudor por todo mi cuerpo, aparece debitto. Ya es amigo con el grupo de siempre.

Ya en mi disco duro, las carpetas de fotos han pasado de llamarse "viaje a kamakura", "templos en asakusa" y "gatos de la calle" a "fiesta tal con cual", "fiesta cual con tal". ¿Será esta la auténtica felicidad?

Entonces, el amor y grandes cantidades de dinero no tienen nada que ver.

Abro el facebook. Veo preguntas de varios españoles que se vienen a Japón a estudiar el idioma y a empezar una nueva vida. Me vienen a la cabeza mi yo mismo hace tres años. Me entran unas enormes ganas de contarles donde se encontrarán las piedras en el camino para que no se den de cabeza.


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