De Asturias os puedo decir que es una tierra maravillosa, un lugar en el que merece la pena perderse unos días y que deja en la retina paisajes que no se olvidan. Este año tocaba zona de montaña, a escasos kilómetros de la reserva integral de Muniellos (declarada reserva de la biosfera por la UNESCO) donde, con un poco de suerte, se puede ver al oso pardo.
Pero Asturias también tiene una costa maravillosa, bañada por el Mar Cantábrico con playas como la de Penarronda o vistas de lujo desde el faro de San Agustín.
Como tres semanas dan para mucho, pude convencer a mi chico para acercarnos a tierras leonesas y disfrutar del fresquito que hacía en el interior de las cuevas de Valporquero, visitar la catedral de León y perdernos por las calles cercanas a ésta.
Antes de volver a casa había que visitar a los padres de mi chico en Navarra y, ya puesta, acercarme a un lugar que me apasiona: las Bardenas Reales.
A parte de hacer senderismo y fotografiar todo lo que se puso a tiro, hubo tiempo para leer aunque, para ser sincera, de los tres libros que llevé en mi maleta solo termine dos: Expiación y Sogiñak, la tercera parte de Millenium está por la mitad. Así que, en los próximos días os dejaré las reseñas de ambos libros y aprovecharé para ponerme al día con vuestros blogs porque, según he visto, habéis estado muy prolíficos en estas semanas de ausencia.
Nos seguimos leyendo.