
Creo que a estas alturas no es necesario explicar mucho sobre la trayectoria de Santiago Posteguillo (Valencia, 1967). Sus famosas trilogías sobre Escipión el Africano y Trajano lo han situado en un lugar muy destacado en la novela histórica. Con "Yo, Julia" (su décimo título), ha obtenido el Premio Planeta 2018. Tengo cierta debilidad por la antigua Roma, así que no dudé con esta lectura.
Cuenta el autor que pretendía rendir homenaje al escritor británico Robert Graves contando la historia de Julia Domna, una mujer pionera en alcanzar títulos que solo se otorgaban a los hombres, la primera cuyo rostro se acuñó en monedas romanas, y que sin embargo la historia ha dejado siempre en un segundo plano. Fue la esposa Septimio Severo, firme candidato a ser emperador y quien seguramente no habría llegado demasiado lejos de no ser por el empuje y la ambición de Julia, de quien estaba realmente enamorado y era correspondido. Julia se nos presenta como una mujer de origen sirio hermosa, valiente, intrépida, muy inteligente y segura de sí misma que antepone la importancia de la dinastía al poder del Imperio Romano, luchando y haciendo todo lo posible para que su familia ocupe el lugar que considera le corresponde.
La novela se centra en el periodo que transcurre de 192 a 197 d. C. Durante esos años gobiernan cinco emperadores diferentes, y cinco son las partes en las que se divide el libro, una por cada emperador, empezando por Cómodo y su locura. Bajo su gobierno tiene lugar un grave incendio que sumerge a Roma en el caos. El senado piensa en cómo acabar con él y otros se postulan para ocupar su lugar. Ante esta situación, Julia Domna no se quedará de brazos cruzados, poniendo en práctica el plan ambicioso que ya desde muy joven tenía en mente.
Será Galeno, el conocido médico de emperadores, el que sea testigo de la historia de Julia y nos la cuente. Nada deja el autor al azar, y la elección de este narrador obedece a la necesidad del escritor de destacar que mientras se luchaba por el poder aspectos tan importantes como la sanidad quedaban en el olvido, ¿os suena? En este contexto, Galeno se presenta como un ambicioso médico adelantado a su tiempo que busca congraciarse con los poderosos para poder acceder a la documentación y libros de Alejandría y Pérgamo necesarios para prosperar en sus investigaciones médicas.
Afirma Posteguillo que en Roma está la explicación de lo que somos, y la verdad es que no deja de sorprender lo familiares que resultan algunas tramas de corrupción, traición y ambición. Vamos pasando las páginas casi sin darnos cuenta de su extensión y nos adentraremos en las maquinaciones del Senado, de la guardia pretoriana, de los emperadores y aspirantes a ello.
Yo, Julia es un Juego de tronos a la romana. Es una novela muy visual, especialmente en las batallas (añadiendo los planos explicativos al final del libro), de ritmo ágil, con algún capítulo algo forzado para mi gusto (ese en el que enumera a todas las emperatrices romanas. Aunque explica el autor al final su intención al hacerlo, a mí me ha parecido algo forzado). Y es que Julia no es el único personaje femenino destacable en esta novela, ni en la historia de Roma (ni en general, claro). No es la única mujer que intervenía o participaba en asuntos de estado.
En definitiva, encontramos una protagonista llena de fuerza, cuya vida no había sido llevada a la literatura o cine más allá de alguna biografía. Un militar impecable. Una pareja en perfecta comunión y entendimiento, de ambición ilimitada (y además, enamorados). Una historia que merece ser leída.
