Revista Sociedad

Youtubers, Andorra y Robin Hood

Publicado el 20 enero 2021 por Abel Ros

Una mayoría de españoles - me dijo un día Manolo, un tipo que conocí en El Capri - defiende un Estado del Bienestar fuerte pero, y esta es la pescadilla que se muerde la cola, con presión fiscal débil. Tanto es así que, en los mentidores callejeros, Hacienda se convierte en el objeto de las críticas. Y se convierte así, me decía Manolo, porque se lleva muy mal que el Total Devengado de la nómina no entre íntegro en los bolsillos. Se lleva muy mal que dos instituciones - la Agencia Tributaria y la TGSS - atesoren, en sus vitrinas, una parte del sudor de nuestras frentes. Este pensamiento de corte neoliberal atenta contra la ideología socialdemócrata. Y atenta, queridísimos lectores, porque si queremos seguir el modelo escandinavo, por ejemplo, no nos queda otra que pagar impuestos para obtener, a cambio, servicios públicos.

Si miramos al jardín, observamos que conforme ascendemos por la escalera social, aumenta la posibilidad de prescindir de "lo público". Tanto es así que muchos ricos - por no decir casi todos - consumen sanidad privada y sus hijos asisten a colegios de pago. Sin embargo, cuando bajamos por los peldaños. Cuando descendemos a la base de la escalera, encontramos con una masa social - en su mayoría mileuristas - que necesitan "lo público" para vivir. Tanto que si no hubiese un sistema de la Seguridad Social que garantizara el ejercicio de sus derechos sociales, lo tendrían crudo para costear la minuta de médicos y profesores. Pasaría, nada más ni nada menos, como ocurre a la otra orilla del charco. Una orilla - Estados Unidos - donde parte de la nómina no se evapora por los desagües de Hacienda y la S.S. Pero una orilla donde los servicios sociales rozan la beneficencia. De tal manera que lo que no va en lágrimas, va en suspiros. Son los ricos, y no los pobres, quienes pueden prescindir de "lo público". Y son ellos, paradojas de la vida, quienes tienen que pagar más - en términos progresivos - a las arcas del Estado.

Esta percepción de Estado "Robin Hood". De un Estado donde ciertas instituciones "roban" a los ricos para dárselo a los "pobres" deteriora el concepto de la socialdemocracia. Arroja piedras contra nuestro propio tejado y, de alguna manera, justifica cierta ética neoliberal. Una ética basada en la búsqueda de otros territorios - de paraísos fiscales, por ejemplo - para pagar menos al fisco. El otro día, sin ir más lejos, youtubers e influencers españoles decidieron tributar en Andorra. Y lo decidieron, como ha ocurrido con otras grandes fortunas, para disminuir la cuantía de la factura fiscal. Una disminución que satisface sus bolsillos y perjudica, valga la palabra, a las tripas colectivas. Esta práctica abre el debate social sobre la presión fiscal. Sobre si España debería bajar, o no, los impuestos para evitar, así, el éxodo de ricos. La bajada fiscal serviría de estímulo para el retorno de grandes fortunas. Ahora bien, dicha bajada traería consigo un deterioro de la calidad de los servicios públicos y, a la postre, un empobrecimiento sanitario y educativo de la clase media. Estaríamos ante las puertas del credo americano, del "sálvese quien pueda". Y, por si fuera poco, ante el germen de nuevos populismos.


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