Revista Opinión

2016: La que se avecina

Publicado el 31 diciembre 2015 por Liberal

Si algo bueno podemos decir del final de este año presente, 2015, es que predomina una sensación general de miedo y presentimiento de algo malo que le espera a la clase dirigente, a las élites corruptas y antidemocráticas, al servicio de los bancos, que nos (des)gobiernan. Es difícil ver una sola cara feliz entre la pandilla de delincuentes gobernantes, especialmente en Europa. Los comentaristas empleados por los medios aburguesados han estado mirando este año 2015 como un año de profundización de crisis políticas. La sensación general en los despachos empresariales importantes y los gobiernos occidentales es que el próximo año será uno de grandes sorpresas negativas con consecuencias inesperadas.

En el famoso diario de las élites financieras, el “Financial Times”, Gideon Rachman expresa esto mismo en su análisis del 2015. Resumiendo sus palabras, dice que todos los “grandes jugadores” de la política mundial se sienten nerviosos. China es mucho menos estable ahora. En Europa, el sentimiento es tremendamente negativo y en EEUU, el público está cada vez más amargado y cínico. Yo, que ahora estoy en USA cada vez noto más ese cinismo y falta de alegría que se veía aquí antiguamente. Cuando no alegría, al menos los americanos tenían confianza en el futuro y en su economía, en su sistema como país y su seguridad financiera. Ahora ya no hay nada de eso, señores. De hecho, si no fuera por hechos puntuales como el clima, o el idioma y alguna que otra costumbre evidente, ya no hay tanta diferencia entre USA (bueno, Nueva York al menos) y España en cuanto al día a día. Y es que, un pobre es un desgraciado en España, USA o la Cochibamba. No obstante, con la globalización tenemos productos casi idénticos, supermercados parecidos, horarios alocados, deudas y nerviosismo en todas partes. La industria en USA ha desaparecido prácticamente, como en España y cada vez hay más jóvenes varones de raza blanca adictos a las drogas y a la violencia en este país.

Es significativo, como dice Rachman, que el factor común más grande en la situación mundial es el creciente sentimiento “anti-élites”, mezclado con esa furia colectiva sobre la evidente desigualdad palpable y la corrupción visible en todos los países — España, Francia, Brasil, China, USA…da igual, en todos los países los ciudadanos han visto la corrupción impune. Los medios de comunicación privados, al servicio de los señores con intereses financieros, ya saben que se avecina una época de revueltas sociales tremendas e históricas. También hay mucho nerviosismo sobre la próxima crisis económica que ya he pronosticado aquí usando los datos relevantes que todos tenemos a nuestra disposición. No me las doy de gurú, pero ya en el 2006 sin haber leído un solo texto económico dije que se avecinaba una crisis porque el crédito fácil no era sostenible a largo plazo. Hoy digo lo mismo pero otra razón: habrá otra crisis económica porque cuando tu economía es un casino, cuando empobreces a toda la masa laboral en la que cada vez menos personas tienen un porvenir, destruyes la economía, no la haces sostenible.

Si hay una palabra que pueda utilizar para caracterizar la época en la que vivimos usaría “crisis”. Vivimos en una época en la cual “crisis” económica ya es una realidad permanente de la realidad contemporánea. Para defender sus intereses personales, la clase dirigente, la casta que nos gobierna, intenta cubrir la realidad de su neoliberalismo fallido bajo una manta de mentiras, hipocresía y manipulación. Hacen la guerra y lo llaman “libertad y democracia”; a sus políticas domésticas antisociales la caracterizan como “defensa de la libertad” económica, entre otras barbaridades. Sin embargo, yo sí tengo motivos para ser positivo en todo esto. Mientras el sistema que han diseñado — un sistema de saqueo a los trabajadores, explotación, desigualdad, guerra y represión doméstica es cada vez una realidad evidente para grandes masas de trabajadores, cada vez más hay menos gente que cree en el sistema, la esencia del engaño no tiene los efectos deseados y la gente está cuestionando la realidad cada vez más.

En Estados Unidos, cuna del capitalismo mundial, los jóvenes con los que hablo cada vez más son pesimistas sobre su país y las mentiras del “American way of life”. Han pasado seis años desde la supuesta “recuperación” económica y el paro real alcanza casi el 10%, los sueldos siguen estancados y atacados por la élite económica, la sanidad y las pensiones de decenas, de millones de estadounidenses está desapareciendo. Europa está creciendo a un ritmo de menos del 2% al año, mientras que amplias zonas de Europa, incluyendo Grecia por supuesto, el blanco de brutales medidas de austeridad exigida por la banca europea, siguen en profunda recesión. China está fallando (tal y como dije aquí hace años que iba a ocurrir). Brasil y otros países del famoso “BRIC” están sufriendo graves problemas y Rusia está en recesión ahora mismo.

Al mismo tiempo, la política de dinero fácil iniciada desde ya demasiados años por los bancos centrales mundiales ha producido una nueva oleada de inversiones especuladoras, centradas en bonos basura y otras deudas, que ahora empieza a desatarse los inicios de una crisis muy paralela a la crisis de las hipotecas “subprime” antes del 2008.

La consecuencia más evidente a la par que intencionada de la política gubernamental de gobiernos occidentales en los últimos siete años ha sido aumentar de forma histórica la DESIGUALDAD. Solamente en el año 2015, la riqueza de los hombres más ricos del mundo es tan alta que ahora el 1% del planeta, de esos hombres poderosos, controlan más de la mitad de la riqueza mundial. En EEUU, la desigualdad social es tan grande (así como la desigualdad política que eso genera) que ya ni siquiera las preferencias de una mayoría de ciudadanos estadounidenses tiene efecto alguno sobre las políticas económicas que adopte un gobierno u otro.

La crisis económica también intensifica los conflictos geopolíticos. El año 2015 ha sido un año particularmente violento y sangriento. Casi todos los rincones del planeta se han convertido en un campo de batalla actual o potencial, cuando no un blanco de agresiones terroristas. Próximo Oriente está sufriendo otra guerra civil regional iniciada por los poderes imperiales, con Siria ahora la víctima principal de una guerra intensa disfrazada como parte de la famosa “guerra contra el terrorismo” de Occidente. La Europa oriental está siendo militarizada de nuevo por la OTAN en su campaña de agresión contra Rusia. En Asia oriental, EEUU está provocando a China y en África, las fuerzas armadas europeas y norteamericanas están planificando operaciones en Libia, Nigeria y otros países.

El imperialismo occidental al servicio de intereses de los hombres con capital para aburrir nunca habían estado tan agresivos y despiadados desde el siglo XIX como han estado ahora. Países enteros están siendo destrozados. Se están cometiendo verdaderas atrocidades, como el bombardeo contra el hospital de Médicos sin fronteras en Afganistán sin consecuencia alguna para los responsables. Se ha llegado a un nivel tan repugnante y grotesco, que ya ni siquiera se finge pedir permiso al Congreso para ir a la guerra, ya no hay ni un solo debate al respecto…por no hablar de Derecho internacional.

Por si esto no fuera lo suficiente problemático, las acciones de EEUU y Reino Unido están provocando a otras potencias como China y Rusia, o en el caso europeo, a la clase dirigente alemana. Una vez más, la clase dirigente alemana está intentando controlar a Europa para controlar el mundo. Para grandes masas de nuestras poblaciones, el carácter esencial del estado es ahora un cuerpo de hombres armados dedicados a la defensa del capital. Ahora lo ven más claro que nunca. La “guerra contra el terrorismo”, intensificada después de los ataques en París y San Bernardino ahora se usan como un pretexto más para eliminar cualquier pretensión de democracia en Occidente, para ponernos en un estado de emergencia permanente. Estamos en un estado de excepción ahora mismo. En un entorno de guerra interminable y crisis económica, no paran de surgir partidos o movimientos fascistas en toda Europa — El Frente Nacional francés, Pegida en Alemania o el candidato Donald Trump en EEUU).

Aquí en USA, la casta con capital que gobierna el país no tiene problema alguno empleando la tortura o el asesinato si lo ven necesario, para sus intereses globales. Han construido un aparato de represión brutal en el ámbito doméstico. Todos los días se lee en los periódicos notícias del asesinato de trabajadores desarmados o jóvenes de color baleados y asesinados en sangre fría por policías que operan con total impunidad, como ejecutores sin necesidad de ir a juicio.

Como ocurre en toda época de crisis intensa, los verdaderos intereses de clase están a la vista de todos. Esto también afecta a partidos supuestament de “izquierdas”, pero que no dejan de ser partidos de los pequeño-burgueses. El ejemplo más famoso fue la elección de Syriza en Grecia y su posterior traición. De hecho, como ya hemos visto con el duro golpe a los progresistas después de la traición de Syriza, partidos como Podemos en España son realmente hostiles a la clase trabajadora. Políticamente, teóricamente, están anclados en conceptos anti-progresistas como su aceptación del pesimismo postmodernista, obsesionados con políticas de género o con los inmigrantes y el buenismo estúpido de tanto hippi “rokanrolero”.

El 2015 ha dejado en evidencia no solo las mentiras de estos pseudoprogresistas, sino que también la gente analítica se ha dado cuenta que aquello que llamamos “izquierdas” ahora mismo forma parte de ese mismo entramado aburguesado que sigue girando a la derecha.

Todas estas experiencias demuestran que no existe otra alternativa realmente viable que no sea el desarrollo revolucionario de los trabajadores en oposición a este sistema. Solo cabe una solución: la intensificación de la lucha de los trabajadores y que sean una fuerza independiente a lo establecido por el sistema. Hay mucho enfado profundo y oposición al sistema, pero esta furia colectiva debe organizarse más. Ahora mismo se manifiesta en formas diversas: huelgas, manifestaciones puntuales (cada vez menos porque la casta dirigente ya ha aprobado leyes represivas, como la Ley Mordaza en España) para callar la boca, usando la violencia y también sus agencias auxiliares como los que toman posturas acomodaticias en la izquierda. Quieren aislar y aterrar cualquier brote de descontento social masivo.

La cuestión que nos queda pendiente es esta: ¿Cómo se resolverá esta crisis? ¿Iremos más hacia un mundo de dictaduras, guerras y más desigualdad o hacia una revolución democratista e igualitaria? Procuremos, trabajando juntos y unidos, lo segundo.


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