Revista Psicología

3 lecciones que aprendí viajando en metro

Por Sara @artista360

Cada vez que viajo en metro, me encuentro con personas que van pasando de vagón en vagón pidiendo de las formas más variopintas. Hace años eran tan esporádicas estas apariciones que lograban una respuesta muy alta de aportaciones entre los viajeros del tren. Actualmente lo raro es hacer algún trayecto sin cruzarte con ninguno. Esta saturación nos ha inmunizado a la mayoría, de hecho yo me sentía súper culpable cuando no llevaba dinero encima o no daba ni una moneda a quien lo pedía. Ahora estoy tan harta, que a menos que me aporten valor, ni me planteo perder un ápice de energía en buscar una moneda en el bolso. Sí, suena frío, pero una cosa es ayudar y otra ser gilipollas.

Por ejemplo, ayer iba en el metro de camino a casa de mis padres cuando se subió al tren un hombre que podría ser de cualquier nacionalidad. Iba descalzo, con unos pantalones cortos sucios y una camiseta rota. Además, desprendía un olor tan desagradable que nos dejó sin respiración a todos los que estábamos cerca suyo. Pensé que iba a dar el típico discurso: "No tengo trabajo, estoy enfermo, tengo una familia que mantener..." Pero de su boca no salió ni una sola palabra. Se sentó en uno de los asientos, sacó una bolsa de plástico, tranquilamente sacó de ésta unos papeles impresos bastante manoseados y sentado comenzó a darnos los papeles a los que estábamos a su lado. Cuando ya no pudo repartir más sentado, se levantó y siguió repartiendo tranquilamente los papeles por todo el vagón. Miré mi papel, era una fotocopia de fotocopia de fotocopia, torcida y mal maquetada (los años de publicista me pesan cada vez que veo cualquier cartel).

En el papel, había una foto impresa de dos niños con el texto: "Tengo una hija y necesito mantener a mi familia". El hombre tras repartir los papeles, se volvió a sentar tranquilamente durante un par de estaciones, así que como estaba más bien aburrida, comencé a mirar los papeles de las personas que tenía a mi alrededor. Me chocó darme cuenta que mi papel era diferente al del resto, ya que estaba impreso en horizontal y los demás en vertical. Así que la curiosidad se disparó y comencé a fijarme detenidamente en cada uno de ellos. El papel de la mujer a mi izquierda tenía la misma foto, pero con el texto: "Javier tiene leucemia...". El de enfrente tenía uno con el dibujo de una paloma de la paz y con un poema. Se me empezó a hinchar la vena del cuello.

Este hombre tenía una estupenda campaña de marketing preparada para vendernos pena y victimismo, pero sin un foco determinado. Si a todos nos hubiera dado el mismo mensaje, podría habérmelo creído y aunque no le hubiera dado dinero, por lo menos no me hubiera cabreado. Su estrategia no funcionó, ya que nadie en el vagón se dignó a darle nada.

Lección nº1 del día:
"Si tu mensaje no es claro y coherente contigo, nadie te va a comprar"

Al bajarme del tren, vi a un violinista que se pone todos los días en el mismo lugar de la estación. Tiene casi su chiringuito montado allí, vendiendo CDs y con un equipo de música en el que pone una orquesta que suena maravillosa. La primera vez que le vi tocar me la coló, pero a base de verlo a diario, fui descubriendo varias cosas de él:
1. El violín que creía que él tocaba, es el que suena de la orquesta que tiene puesta a todo volumen.
2. Él se limita a dar unos pocos acordes de vez en cuando.
3. Él sabe tocar brillantemente pero no le da la gana.
Al principio tenía más éxito, pero no soy la única que se ha dado cuenta de su vaguería y ya casi nadie le deja dinero en la funda del violín.

Lección nº2 del día:
"Tienes que dar lo mejor de ti siempre. Puedes engañar una vez, pero no dos"

De vuelta a casa, se subieron al vagón dos chicos de unos 25 años aproximadamente, con un equipo de música y unas maracas. Empezaron a entrarme sudores fríos sólo de pensar la que me esperaba... Comenzó a sonar la canción de Michel Teló " Ai se eu te pego" en versión karaoke y se pusieron como locos a cantar y a bailar. A ver... afinar, afinaban, pero no puedo decir que tuvieran mucho talento para cantar. Tampoco eran bailarines profesionales. Pero tenían pasión, ilusión y un par de huevos, porque se dejaron la vergüenza olvidada en algún lugar. Nos hicieron sonreír a todo el vagón. Cuando terminó la canción, comenzó la de Enrique Iglesias de " Bailando" y nos conquistaron a todos con su desparpajo y su arte. No sólo se llevaron un gran aplauso y decenas de sonrisas, sino que muchos les dimos algo. Yo no me pude resistir y les di 2€, uno para cada uno, porque me habían alegrado la tarde.

Lección nº3 del día:
"No necesitas ser el mejor para triunfar, sólo tienes que saber hacer lo suficientemente bien lo que haces, para salir al escenario y comerte el mundo con tu pasión, tu esfuerzo y tu ilusión"

3 lecciones que aprendí viajando en metro
Ahora tengo una pregunta para ti: ¿qué clase de persona eres tu? ¿Eres una víctima que espera que le mantengan? ¿Eres un vago que pretende triunfar a base de engaños? ¿O eres un emprendedor apasionado?

No importa quién hayas sido en el pasado, ni siquiera quién seas ahora. Importa en quién te quieres convertir y a dónde quieres llegar en el futuro. Si quieres mendigar amor, dinero, oportunidades, etc, no hagas nada o haz lo mínimo. Pero si quieres tener éxito... como dijo Virgilio: "La fortuna favorece a los valientes".

3 lecciones que aprendí viajando en metro

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