Revista Regiones del Mundo

30. El Camino Del Hombre

Por Lagunamov @Lagunamoc
Las posibilidades de una entre un millón salen bien nueve de cada diez veces.Terry Pratchett
Llevaba dos horas esperando en esa carretera. En el momento de mi llegada, el sol todavía se mostraba con timídez por el horizonte, pero llevaba tanto tiempo haciendo dedo que ya se había alzado con fuerza entre las altas montañas que rodeaban Esquel. Nadie paraba para llevarme.

30. El Camino Del Hombre

Casi llegando...


Mi objetivo era Bariloche, una ciudad a 6 horas de distancia. Quería ir allí para hacer algo de turismo, pues la gente me había hablado estupendamente de ella. Además, mi próximo Helpx me esperaba en San Rafael (Mendoza), y no estaba dispuesto a hacerme casi 20 horas de autostop sin parar.
Pero nadie paraba. Me miraba y seguían. Mi iPOD había reproducido todas sus canciones un par de veces y yo ya estaba abandonando la idea de llegar a la hora de comer a Bariloche.
Cuando la tercera hora estaba empezando, la musa que controla la suerte quiso inyectarme una dosis de energía y me acarició. Levanté el dedo a una camioneta que pasaba y, el hombre de dentro, me miró y paró, en mitad de la carretera. Sin importarle el tráfico.
-Dónde vas flaco?- Me dijo el conductor.
-Hacia Bariloche, tú?.
-Voy para la costa, lo siento, no está cerca. Mucha suerte compañero.
La camioneta arrancó, los conductores enfadados reanudaron su trayectoria y todo regresó a la normalidad. Volví a depositar la mochila en el suelo y levanté el dedo esperando que la musa me volviese a dedicar algo de atención. A los 10 minutos, quiso acariciarme otra vez. Por fin! Un coche familiar lleno de chicas adolescentes paró.
-Eh, gallego, a dónde vas? - Me preguntó una de las chicas.
-Hacia Bariloche, vosotras? - Dije con esperanzas de que me llevaran a mi destino.
-Cerca de El Bolsón, está de paso, sube.
Me hicieron sitio como pudieron (Éramos 5 en un coche súper enano) y me monté.
-Cómo sabíais que soy de España, chicas? - Pregunté extrañado.
-Te vimos en la tele gallego. El personaje que va a Alaska! jajaja - Respondió una de las dos rubias que estaban sentadas a mi lado.
Estuve con ellas cerca de dos horas, fue un viaje muy divertido. Les hablé un poco de mi vida, de lo que hacia, etc. Estaban muy interesadas en Europa, creían que el viejo continente era un paraíso. Tuve que bajarles un poco al suelo y contarles que si, que vivimos muy bien, pero que hemos perdido muchas cosas que ellos tienen y que, para mí, son más importantes para una vida feliz. También flipaban cuando les explicaba cómo vive alguien de una gran ciudad, era como un Marty McFly (el prota de Regreso al Futuro) para ellas.
A mitad de camino, entre frases y risas, noté que íbamos dejando la desértica Patagonia para adentrarnos en algo más vivo y natural. El paisaje cambió radicalmente, como si una línea imaginaria separase perfectamente dos regiones diferentes. Pasó de tener poca vegetación a ser totalmente verde. Los Andes estaban en el horizonte y mi vista solamente alcanzaba a ver plantas y árboles. Era precioso. Una de las cosas buenas que tiene Argentina es que tienes de todo. Desierto,bosque, playa, montañas, selva. Es un país que concentra todos los paísajes posibles.
30. El Camino Del Hombre

Llegamos a mi destino, una carretera que se desviaba hacia El Bolsón, un pueblecito que los hippies montaron en los 60 y que, todavía, conservaba esa cultura. Se bajaron todas para despedirse de mí y para hacerse fotos conmigo. Me dieron sus facebook (pero se me olvidaron y no las pudé agregar) y siguieron su camino.  Empecé a andar hacia adelante mientras hacía dedo. No pasaban muchos coches, estaba semidesierto, pero daba igual, las vistas eran impresionantes y me hubiese quedado haciendo dedo allí toda una vida si hubiese hecho falta.
Aunque, por supuesto, no fue así. A los 20 metros de recorrido a pie (o sea, nada), vi un coche grande que se acercaba, no era un camión ni una camioneta, sino uno de esos súper coches familiares. Levanté el dedo con poca esperanza, pues la experiencia me decía que solamente los coches humildes se atrevían a llevarme. Entonces, el destino decidió sorprenderme y el coche paró.
-Sube chico, te acerco a El Bolsón- Me dijo un hombre de unos 60- 70 años.
-Encantado señor - Le respondí.
-Ah, un español-
Cuando notó que era español se alegró un montón. Por lo visto, él era de Asturias, pero sus padres decidieron emigrar a Argentina para evitar la posguerra española cuando él tenía apenas 2 años.
-Magnifica España, estuve el año pasado visitando a mis primos y me arrepiento muchísimo de no haber ido antes. No entiendo cómo he podido estar toda una vida sin tener contactos con ellos- Dijo mientras conducía.
Me estuvo contando que, el año anterior, había ido a España a cobrar una herencia, concretamente a Gijón. Allí conoció a sus primos y pasó un tiempo fantástico con ellos, buenísimas personas por lo que me decía. Entonces, también aprovechó para conocer toda la península e incluso había visitado Barcelona.
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-Qué linda es tu ciudad - Gritaba.
Era un tipo muy divertido para su edad y también en general, de los mejores que me han subido. La hora que estuve con él se me pasó volando. Era muy bromista y se le veía feliz por poder hablar conmigo. Vimos a una mochilera por el trayecto (la única persona que vi haciendo dedo en toda Argentina) y mi "chófer", al verla, bajó la ventana y le gritó:
-Te llevaría encantado preciosa, pero ya tengo a un catalán!
Subió la ventanilla, me miró y empezamos a reír.
-Ahora, en El Bolsón, te voy a dejar en el mejor sitio para hacer dedo. En la salida de la ciudad hay un control policial con bádenes, si te pones a hacer dedo allí, los conductores te tendrán que ver durante mucho tiempo por fuerza y seguro que te suben-.
Durante el resto del trayecto hasta el pueblecito que tenía nombre de apellido Hobbit me estuvo contando sus planes para un futuro viaje. Quería ir a Francia con su mujer, alquilar un coche y llegar hasta el norte de Europa, desde allí tomar un barco hasta Escocia y, luego, volver a bajar hacia Barcelona para completar el "círculo". Le di mi correo por si paraba por la ciudad condal.
Pásamos rápidamente por El Bolsón mientras me explicaba cosas de los sitios clave, de cómo había nacido la ciudad y sobre la hierba (si, hierba) que se podía conseguir para fumar (cosa que me daba igual). Fuimos al control policial, se despidió de mí con un gran apretón de manos y me deseó toda la suerte del mundo en mi aventura.
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Me planté donde me dijo y... era verdad! Todos los coches tenían que pasar unos 10 metros a 10 km por hora antes de dejarme de lado. A los 5 minutos, pude apreciar que ese lugar era un paraíso para un autoestopista, no estuve esperando casi nada para continuar con mi viaje. Paró una mujer de unos 40 años (cosa que me extrañó, las mujeres que iban solas nunca me levantaban).
-A dónde vas? - Me preguntó.
-Hacia Bariloche, tú? - Respondí.
-A un barrio de sus afueras, a 10 minutos del centro, vamos, sube- Y me subí.
Al principio era tímida, solamente hablaba para contarme los significados de los nombres de las montañas por las que pasábamos pero, luego, a los 30 minutos se abrió. Me empezó a contar que era payasa y que amaba Bariloche, le parecía una de las mejores ciudades de las que había estado (y eso que había recorrido mucho mundo).
Estuvimos bebiendo mate durante el camino mientras intercambiábamos experiencias vitales. Era una persona muy profunda y muy divertida. Le gustaba el cine europeo, la música clásica, la filosofía. Fue un trayecto en coche muy enriquecedor, las conversaciones eran interesantes y me absorbían.

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Bariloche

Estas inmersiones solamente se tomaban una pausa cuando pasábamos por los miles de lagos que rodean a Bariloche. Parecía que estuviese en mitad de Suiza. Había unos lagos gigantescos y montañas más verdes que el mismisimo jade. Si alguna vez los elfos deciden traspasar el mundo de la fantasía para llegar a nuestra realidad, estoy seguro de que elegirán Bariloche y sus alrededores como morada. Era un paraíso natural, impresionante.
-Oye, ya que eres filósofo, qué crees que es la felicidad?- Me preguntó.
La mujer payaso, sin saberlo, abrió la caja de Pandora. Hacía ya unos meses que nadie me daba palique sobre esos temas, así que le solté mi teoria de la felicidad, la cual mezcla la ética eudemonista con el autoconocimiento (tranquilos, ahora mismo no la voy a escribir aquí, pero ya llegará el momento de que os tengáis que tragar un rollazo filosófico de mucho cuidado).
A la mujer le gustaba lo que le contaba y me pidió que le escribiese varios libros claves para entenderme.
Cuando estábamos a punto de llegar, me dijo que volviese a hacer dedo para llegar al centro de la ciudad, que ella no me podía llevar, pero que no quería que pasara por los barrios del extraradio, estaban llenos de mala gente que podría intentar robarme al verme que era extranjero. Decidí hacerle caso.
En mitad de una larga recta que servía de entrada a Bariloche, había una curva que se desviaba muy pronunciadamente hacia el oeste. Al llegar ahí, el coche paró y la payasa se quitó las gafas de sol para darme un beso y despedirse. Tenía unos ojos muy hermosos, preciosos, azules como el cielo y con una profundidad que podía penetrar en tu alma.
-Gracias por traerme. Espero que te vaya muy bien en la vida y mucha suerte. Seguramente seas la payasa con los ojos más bonitos del mundo. - Le dije mientras me despedía de ella. Se rió y siguió para adelante.
Volví a hacer autostop y a los 5 minutos paró otra chica. Esta más joven. Le pregunté si iba a Bariloche y me dijo que sí, que iba a recoger a sus niños del colegio. Nada más montarme, se subió las gafas de sol (si, en aquel país casi todo el mundo las utilizaba para conducir) y dijo:
-Tremendo flaco he alzado.
Cosa que me dejó estupefacto,  había perdido peso durante el viaje, pero no creo que estuviese tan en los huesos para que me dijese algo así. El trayecto fue corto, unos 15 minutos, me estuvo hablando sobre Barcelona y sobre Milán, ciudades que ella había visitado. Llegamos al centro de Bariloche. Me despedí, le di las gracias y me bajé.
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Lo primero que me sorprendió de la ciudad fueron sus vistas. Estaba en la costa de un gran lago y tenía muchas montañas a su alrededor. Probablemente era una de las mejores ciudad que había visto hasta ese momento. Preciosa. Un refugio humano escondido en mitad del jardín del Edén. Las aguas del lago eran cristalinas y las montañas eran verdes, solamente cambiaban de color en sus cimas, las cuales eran de otro color por la nieve que las bañaba. Qué preciosidad.
Bueno, lo había conseguido, había llegado a dedo hasta Bariloche. Estaba muy cansado, el hacer autostop había sido agotador, así que busqué directamente un hostal que me habían recomendado los coreanos de Puerto Madryn (Penthouse 1004). Pregunté en la oficina de turismo y me indicaron cómo llegar.
Al llegar a este, me dí cuenta de lo rico que era tener conversaciones con otros viajeros, cómo estas pueden influir positivamente en tu viaje. El hostal estaba en la última planta del edificio más alto de Bariloche, tenía una vistas espectaculares de toda la ciudad y del lago y, además, era barato (10 euros la noche).
Entré y pedí una habitación. Un simpático argentino me mostró la habitación en la que iba a dormir y me dijo que , cuando estuviese descansado del viaje, le llevase mi pasaporte para rellenar un formulario. Dejé la mochila en la cama de arriba de unas literas y me subí.
La morriña entró en mi mente rápidamente y me quedé semidormido. Entre sueños, empecé a escuchar una voz familiar que decía mi nombre. Abrí los ojos y allí estaba ella, la francesa (ver la entrada  26. Una Chica Y Un Ladrón Rodeados De Ballenas ), con su mirada azul y misteriosa fijada sobre . Se le dibujó una sonrisa al ver que me había despertado y preguntó:
-Acabo de llegar, está la litera de abajo libre? Como sigamos así, tendré que ir contigo hasta Alaska jeje...
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